jueves, 10 de marzo de 2016

LA GRAN CONSPIRACIÓN SOCIAL



Nuestra sociedad es un lugar muy extraño. ¿No habéis tenido alguna vez la sensación de que no pertenecéis a este mundo? O simplemente, ¿de no estáis haciendo lo que realmente os gustaría? Todos desde pequeños, o sino la gran mayoría, somos incentivados a tomar una senda en particular en nuestra vida, nos instauran obstáculos constantes para desmoralizarnos, y así tomar caminos distintos.

Hoy me gustaría compartir esta pequeña tesis sobre la perfecta estructura de cristal en la que nos han enjaulado sin que nos demos cuenta.

Llegamos a este mundo y naturalizan que nuestra función no es más que la de jugar y vivir, hasta aquí nos dan un margen, para después a temprana edad ponernos en un pupitre en grupos de 20 para pretender que, cual rebaño, nos quedemos sentados y quietos. Y es aquí, tan temprano, cuando empieza nuestro adoctrinamiento.

Pensadlo un momento: grupos de 20 niños agrupados en estos pequeños colectivos. Es bien sabido que el ser humano en colectivo, suele dar cómo resultado lo que podemos llamar instintos grupales, entre los cuales comprenden: Desprenderse del concepto individuo para ponerse a trabajar en grupo, competitividad, y discriminación para los niños que no son tan productivos ( sacar buenas notas, integrarse en el grupo, etc.) en contraste con los que si que lo son.

¿No te recuerda eso, amigo lector, al funcionamiento de una empresa? En efecto, es nuestra infancia la etapa en la que comienza nuestro adoctrinamiento.

Vamos a aparcar un momento el ámbito escolar y vamos a irnos al ámbito familiar.

La familia, esa figura que se ha encargado durante siglos de transmitir valores y conceptos éticos y morales a las generaciones siguientes (de aquí conceptos tan generales como: ”A mi de pequeño me enseñaron que…” o ”A mi mis padres me enseñaron que…”) . De todo lo que nos han inculcado en la vida, la familia (o al menos la mayoría de estas) es quizás el único concepto sano y natural que hay en nuestro día a día. ¿O quizás debería decir ”había”?

Seguro que muchos os habéis percatado de la deformación del concepto familia que existe por parte de los medios. Vayamos por un momento al ámbito de la publicidad: En la década de los 80s y los 90s era muy común ver en los anuncios almuerzos, comidas y cenas familiares; en general las familias eran las protagonistas del anuncio de cualquier empresa. Hoy en día, en cambio, solemos ver una figura maternal ocupada, y la ausencia de una figura paternal (dando por supuesto que esta en el trabajo o apunto de irse).

Es como si las grandes empresas y las entidades que mueven dinero supieran que una parte de la educación más importante cómo individuos se halla en el entorno familiar, por consiguiente parece que estén poniendo todos sus esfuerzos para publicitar un modelo de familia divorciada en todos los aspectos de la palabra.

Regresando al ámbito de la educación; al final de nuestra adolescencia ( y en parte durante ella) la inculcación de la competitividad ya carece de disimulo, hasta el punto de que la gente cambia su mirada hacía ti dependiendo de los estudios que tengas; pasando de ser individuos, a simples curriculums andantes.

Aquí quiero hacer un pequeño paréntesis: es correcto atribuir importancia a los conocimientos a partir del esfuerzo aplicado para adquirirlos, y por ello dar reconocimiento a todas las personas que han dedicado su vida a estudiar algún ámbito con devoción e ilusión. El problema reside en que sin enterarnos los grandes poderes que controlan nuestra sociedad han monopolizado los conocimientos que podemos adquirir a nivel académico ( es decir se da por supuesto que solo si te has sacado una carrera puedes hablar de ciencias) y lo que es peor aún: se ha monetizado el saber; de tal forma que una persona sólo podrá obtener ” conocimiento” ( es decir, una carrera) si tiene el poder adquisitivo suficiente para ello, siendo la devoción académica y la ilusión relevadas totalmente del ámbito académico.

Este aparentemente corto trámito perfectamente estudiado para inculcarnos un funcionamiento a nivel grupal y empresarial nos ha ocupado nuestros primeros 18 años de vida, y por consiguiente, ahora viene la parte práctica: el mundo laboral.

Es aquí, amigo lector, cuando ponen el último candado a nuestras cadenas. Es aquí, insistiendo, cuando ya somos nosotros mismos totalmente sometidos a las inculcaciones de toda nuestra vida, los que nos empezamos a regocijar en nuestras cadenas sin darnos cuenta: Empezamos a pensar que regalar 8 horas de nuestra vida (o más) a una empresa no sólo es necesario, sino también dignificante. Empezamos a naturalizar que nuestro sentido en la vida es cotizar sin ni siquiera pensarlo de forma racional. Aquí es cuando empiezan a pasar los años pareciendo meses, esperando sólo con ilusión el último día de cada mes. Y si viniera una persona a nuestros 50 años y nos dijera que hemos perdido el tiempo; nuestro cerebro, inconsciente, se encargaría de poner como excusa un: ”No soy yo el que ha perdido tiempo de mi vida, eres tú el parásito de la sociedad que no aporta su mano de obra para alimentar al sistema”. Son muchas las personas que después de decir esta triste autojustificación se quedan satisfechas y no otorgan ni un minuto de reflexión a unas palabras que quizás si las pensáramos todos o les diésemos una segunda oportunidad, nos ayudarían a desesclavizarnos y darle un sentido propio a nuestra vida; porque no malinterpretemos: En un colectivo construido de forma sana, es positivo que cada uno ponga su grano de arena para el crecimiento de este, si tiene objetivos nobles tales cómo la protección de sus habitantes y el cuidado de los individuos que participan en el colectivo; pero si la sociedad algún día fue algo así, dejó de serlo hace mucho tiempo, ya que es muy diferente cooperar a vender nuestras vidas a precio de 5 monedas la hora.

Me gustaría, amigo lector, que este texto sirviera para que te preguntes si realmente estas de acuerdo en utilizar tus horas de vida de la forma en que lo estás haciendo ahora mismo. En caso que estés satisfecho, no hay debate, pero en el caso contrario no le des poca importancia a una hora, ya que estas conforman la columna vertebral de tu vida, desde la primera, hasta la última; y estamos seguros de que cada una de las tuyas vale más que 5 monedas.

Gess Martínez
(Fuente: http://granmisterio.org/; visto en http://periodismo-alternativo.com/)

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