viernes, 26 de febrero de 2016

"GLADIO": LA MAYOR RED TERRORISTA DE LA HISTORIA (4ª PARTE)



CAPÍTULO 8: GLADIO AL SUR DE LA FRONTERA (1)

Gladio, es bien conocido, no sólo fue la expresión máxima del terror capitalista en la Italia de Andreotti, Cossiga y Gelli, sino que extendió ampliamente sus ramificaciones terroristas a otros países europeos. Portugal fue uno de ellos. Aquí Gladio se hizo operativo mediante la ejecución de varios asesinatos de líderes opositores, ya se tratase de simples disidentes, como el general Humberto Delgado, del Frente de Liberación Nacional, asesinado por agentes de la dictadura “salazarista” en Badajoz (España), en el año 1965 (con la necesaria complicidad del régimen franquista), o de revolucionarios izquierdistas de las colonias portuguesas como Eduardo Mondlane, líder del FRELIMO (Frente de Liberación de Mozambique) o Amilcar Cabral (del Movimiento de Independencia de Guinea y Cabo Verde). Todos ellos fueron puestos “fuera de la circulación” bajo la mirada atenta, sino con la coordinación, de la CIA. En Grecia el golpe más “sobresaliente” de Gladio fue la asonada de los “Coroneles”, de 1967, contra el gobierno del “socialista”-socialdemócrata George Papandreu, otra conspiración golpista más con el sello de la CIA. No sólo de “comunistas” vivía Gladio, como se puede ver, sino también de izquierdismos “difusos” que no eran, supuestamente, muy complacientes con el “tito” Sam y resultaban, cómo no, “incómodos” para el imperialismo norteamericano.

Las víctimas del despacho laboralista de
Atocha, provocación de la red Gladio para
provocar la reacción violenta del PCE.
En España muchos conocemos cuánto fue de intensa la actividad terrorista de Gladio en el postfranquismo, bajo el paraguas, tutelaje y cobertura del reciente Estado español “democrático”, a través de sus servicios de espionaje y sus fuerzas policiales, utilizando tanto a elementos del ultraderechismo español como del italiano, aquí, en particular, haciéndose con los servicios de uno de sus esbirros más sanguinarios, Stefano Delle Chiaie. La rama italo-española de Gladio, según Williams, ejecutó en España más de un millar de ataques violentos con el resultado de cincuenta asesinatos (entre ellos, el asesinato de los abogados laboralistas de Atocha, el secuestro y asesinato del dirigente de ETA-pm, José Manuel Moreno Bergaretxe, Pertur, el crimen de la estudiante Yolanda González y decenas de víctimas más). En realidad, los muertos a manos del terrorismo de Estado de la “pacífica” transición española, pactada con la CIA y ejecutada con Gladio, fueron bastantes más de los que cita Williams, no menos de 200, como bien señala Alfredo Grimaldos en su magnífico libro La sombra de Franco en la Transición (autor también de otro excelente documento: La CIA en España)

Turquía (una vieja conocida del terrorismo de Estado) fue, también, otro referente de las atrocidades de Gladio. Williams señala que las fuerzas de Gladio, a instancias de la CIA, abrieron fuego contra una manifestación de un millón de simpatizantes sindicales turcos en la plaza Taksim. La masacre, cometida en 1977, se tradujo en la muerte de treinta y ocho manifestantes y cientos de heridos. Reciente está, no lo olvidemos, otros dos atentados de Gladio en Turquía (aunque esta vez con el sello del nuevo “satán” buscado por el capitalismo: el “islamismo”), actos terroristas calcados a aquél del año 77. En concreto, el de octubre del año pasado fue el más grave, donde la dictadura turca ejecutó una falsa bandera que se tradujo en noventa víctimas mortales como consecuencia de la explosión de una serie de bombas al paso de una manifestación opositora en las calles de Ankara. Ambos atentados (el de este año y el de octubre de 2015) fueron ideados y realizados, con toda seguridad, por la CIA y los servicios secretos del dictador Erdogan aunque atribuibles, según el oficialismo turco, nada menos que a sus aliados patrocinados del “Estado islámico” (los mismos a los que envía armas o trafica con su combustible a través de la frontera con Siria). Todo un ejercicio de criminal desfachatez de un probado régimen homicida.

En Alemania Occidental el atentado más notorio de Gladio fue la matanza perpetrada en la Oktoberfest (Fiesta de la Cerveza) de Munich, en 1980, en la que 13 personas murieron y más de doscientas resultaron heridas. Un atentado, nuevamente, con todos los ingredientes de haber sido monitoreado por el servicio secreto alemán federal, el neonazi BND, parte integrante del entramado Gladio. Mientras, en Bélgica, los terroristas de OTAN-Gladio la tomaron, indiscriminadamente, contra varios supermercados de la ciudad de Brabant, sin vínculo o motivación política alguna que no fuese la ya conocida “estrategia de tensión”, ametrallando a civiles inocentes con el resultado de varios muertos (entre ellos una familia entera). Ninguna reparación a las víctimas o investigación se realizaron sobre estos hechos que no fuese inculpar a chivos expiatorios, o bien se dejaron de perseguir, deliberadamente, a los culpables, cerrando los crímenes en falso.

LLEGA GLADIO-OPERACIÓN CÓNDOR A SUDAMÉRICA

La organización “stay-behind” de la OTAN ya no era una coartada para contener una inexistente invasión del Pacto de Varsovia, puesto que la estructura militar del bloque soviético se basaba en adoptar una estrategia netamente defensiva, mientras que el campo de acción militar-terrorista de la OTAN, al contrario, se había ideado para ser desplegado incluso fuera de Europa y con un sólo objetivo: aplastar la resistencia anti-imperialista de izquierdas en todo el mundo mediante golpes de Estado y asesinatos masivos. El continente latinoamericano, por tanto, no fue ajeno a los planes de los imperialistas ante el crecimiento y expansión que estaban experimentando las fuerzas revolucionarias de izquierdas en aquella región del planeta. La infausta Operación Cóndor de la CIA fue gestada con este propósito, con los mismos presupuestos teóricos y prácticos que el Gladio europeo pero más encarnizadamente aún que el terrorismo desplegado por la OTAN y la CIA en el Viejo Continente, puesto que las democracias norteamericano-europeas se valieron de brutales dictadores fascistas para la consecución de los fines estratégicos anticomunistas del amo de la Casa Blanca.

Joao Goulart, presidente democrático de Brasil derrocado por
los "defensores" de la democraCIA
La puesta en práctica del Plan Cóndor comenzó en Brasil, con un golpe de Estado que garantizase los (supuestamente amenazados) intereses de EEUU en ese país sudamericano. En la década de los sesenta (1964) la CIA derrocó al presidente constitucional brasileño Joao Goulart (elegido democráticamente) y colocó a un dictador (Humberto de Alencar Castelo Branco) en su lugar, quién nada más acceder al poder puso en manos del imperialismo estadounidense el control del 50 por cien de los recursos industriales de Brasil, tanto que En 1971, catorce de las veintisiete empresas más grandes del país estaban en manos extranjeras; el resto, ocho eran propiedad del estado y sólo cinco eran propiedad de consorcios brasileños.

La Argentina pre-golpista de Videla, señala Williams a diferencia de Bolivia, Colombia, Perú y Uruguay no planteaba ningún problema a la hora de aplicar el Plan Cóndor puesto que la mayor parte del país seguía siendo profundamente conservador y católico devoto. Juan Domingo Perón había regresado del exilio para derrotar al presidente Héctor Cámbora en las elecciones generales, lo que constituyó motivo de satisfacción tanto para la Iglesia, como para la CIA. Y, cómo no, también para el gran jefe terrorista de la Logia Masónica (P2), Licio Gelli quien canalizó más de 70 millones dólares de procedencia “negra” para el Frente Cívico de Liberación Nacional, el partido neofascista de Perón. El día antes de su regreso a Buenos Aires, Perón se había arrodillado ante Gelli en una ceremonia secreta para convertirse en miembro de la P2. El rito se realizó en la villa que tenía Perón en España, concretamente en el barrio residencial de la élite política y económica madrileña (Puerta de Hierro). La logia P2 se estableció, de este modo, definitivamente, en Argentina de la mano de los mencionados, en la anterior entrada, asesinos de la dictadura videlista (Emilio Massera, José López Rega, Alberto Vignes, etc)

Lo peor, sin embargo, para los planes de exterminio del Plan Gladio-Cóndor, no fue la oposición subversiva procedente de organizaciones armadas como los Montoneros o el Ejército Revolucionario del Pueblo sino la aparición, en cierta forma sorpresiva, de un grupo de obispos y sacerdotes católicos que, en 1968, en un documento redactado en Medellín (Colombia), apostaron por “defender los derechos de los oprimidos y mantener una opción preferente por los pobres “en la lucha por la justicia social. Los obispos condenaron la alineación de la Santa Sede con las poderosas élites económicas y denunciaron la opresión de los pueblos de América Latina, no sólo por los dictadores militares, sino también por parte de Estados Unidos y otros países del Primer Mundo. Este informe no pasó desapercibido para el imperio y los oligarcas de las multinacionales norteamericanas. En particular, personajes como Nelson Rockefeller advirtieron, a la comunidad empresarial estadounidense de la naturaleza anti-imperialista del documento de Medellín. Rockefeller redactó un informe, que se convirtió en la base de la política latinoamericana de Nixon, habló de la necesidad de que surgieran regímenes militares que pusieran fin a esta nueva teología y advirtió al gobierno de Nixon que había mantener “ojo avizor” con la Iglesia Católica al sur de la frontera ya que, de repente, se había convertido en “vulnerable a la penetración subversiva”.

El Papa Pablo VI, tuvo que contrarrestar esta influencia “católico-izquierdista” con organizaciones católicas de extrema derecha entre ellas el Opus Dei y Acción Católica, trabajando ambas conjuntamente con el gobierno Nixon y la CIA. El Opus Dei se puso en marcha y en Chile pidió el apoyo de la curia chilena para derrocar a Allende. Según Williams El grupo católico comenzó a trabajar en estrecha colaboración con organizaciones financiadas por la CIA como Patria y Libertad, que posteriormente se convirtió en la temida policía secreta chilena (la DINA). Williams afirma que En 1971, la CIA comenzó a desembolsar millones de dólares hacia el Instituto Chileno de Estudios Generales (IGS), un think tank del Opus Dei, para la planificación del golpe militar. Miembros de IGS incluidos abogados, economistas de libre mercado y, también, ejecutivos de publicaciones influyentes, como Hernán Cubillos, fundador de Qué Pasa, una revista del Opus Dei y el editor de El Mercurio, el periódico más grande de Santiago (y que fue el boletín-portavoz de la dictadura pinochetista).

Igualmente, países como Bolivia fueron objeto de golpes de Estado patrocinados por la CIA. El dictador boliviano Hugo Bánzer se rodeó, en los meses previos al golpe militar de 1971, de lo mejor y más granado del fascismo y nazismo internacional, como el criminal de guerra nazi Klaus Barbie, quien, a su vez, reclutó un ejército mercenario de terroristas neofascistas, incluyendo el italiano Stefano delle Chiaie. Y, al igual que sucedió con la financiación procedente del narcotráfico de la red Gladio europea, de nuevo apareció este principal soporte financiero del terrorismo imperialista en el Cono Sur ….ya que, como afirma Williams, una industria multimillonaria salió a flote: el negocio de la cocaína y la heroína de la que la CIA fue un participante activo en la nueva red de drogas mediante la creación de un “oleoducto” que unía a los cárteles colombianos de la droga hasta Compton (localidad en las afueras de Los Ángeles) y los barrios marginales negros de la propia ciudad californiana.

Dicha red de distribución de droga fue destapada por Gary Webb, reportero del San Jose Mercury News, en 1996. Los resultados de Webb dieron lugar a una investigación realizada por el Senado de Estados Unidos, que sirvió para confirmar sus sospechas. Cabe señalar (ya que Williams no lo menciona) que Gary Webb fue asesinado (muy probablemente por la CIA) en el año 2004. Según la versión oficial (noica), Webb se suicidó (no se rían) de “dos” tiros en la cabeza. Existe una película sobre todo ello, de reciente creación, titulada “Matar al Mensajero” que, según los que calumniaron a Webb, idealiza en exceso a este valeroso denunciante. Nada de lo que extrañarse, puesto que esta clase de gentuza eran los mismos a quien la CIA había pagado para desacreditar a Webb. Se ampliará esta cuestión en la quinta parte de esta entrada.

(Fuente: http://uraniaenberlin.com/)

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