domingo, 10 de enero de 2016

LEY TERRESTRE, LEY MARÍTIMA (3ª PARTE)



Un tema que aún no he abordado es el asunto "U.S.A. versus U.S."

Es una cuestión absolutamente insoslayable para entender el problema que estamos tratando. Se trata de que el Gobierno Federal de U.S.A. tiene su sede en Washington, en el Distrito de Columbia (Washington D.C.), que NO ES UN ESTADO de U.S.A., y no está representado mediante la correspondiente estrella en la bandera norteamericana. El Distrito de Columbia es una Corporación, una Compañía, una Empresa, conocida como “U.S.”, a secas, sin la inicial de América. Fue formada en 1871, y es “un enclave territorial” de 100 millas cuadradas, que tiene sus propias leyes, bandera, y soberanía. En consecuencia, "el gobierno de los Estados Unidos es una corporación extranjera con respecto al Estado" (NY re: Merriam 36 N.E. 505 1441 S. 0.1973, 14 L. Ed. 287).

Como el Distrito de Columbia es la sede administrativa del Gobierno Federal, sus funciones se subordinan a la Ley Marítima Internacional del Almirantazgo, porque sus actividades iniciales son actividades propias de la jurisdicción marítima: Seguridad nacional, representación política y comercial en el exterior, moneda, etc. Cuando el presidente sale de esta sede,(Washington D.C.) lo hace escoltado por el cuerpo de Marines, (por la jurisdicción marítima bajo la cual opera), y en todas las cortes federales se encuentra la bandera marítima norteamericana “con flecos amarillos” que denotan la jurisdicción de la Ley Marítima del Almirantazgo.


Pero veamos cómo se llegó a una situación como la descrita.

Al parecer, el engañoso y fraudulento desembarco de la Ley Marítima Internacional del Almirantazgo en U.S.A, se produjo a partir de 1933, durante la presidencia de Franklin Delano Roosevelt, masón de grado 32, y figura que autorizó el diseño masónico del billete de un dólar emitido por la Reserva Federal como consecuencia del estado de bancarrota e insolvencia de la crisis inducida en 1929 por los banqueros de los Rothschild. Y ya conocemos quienes estuvieron detrás de esta mega-estafa. Algunos nombres prominentes entre estos ladrones internacionales son Rothschild, J.P Morgan, Prescott Bush, y,- por supuesto-, nuestros buenos amigos los Rockefeller y su imperio de la Standard Oil.

En realidad no existe posibilidad legal de ser ciudadano de la corporación U.S. -que no es un estado-nación, sino una compañía comercial-, sino solo de alguno de los 50 Estados. ¿Cómo entonces esta compañía extranjera puede recaudar impuestos de todos los ciudadanos de Norteamérica, cuando -en realidad-, el Gobierno Federal sólo tiene potestad para hacerlo en el Distrito de Columbia, y no más allá?. La trampa jurídica para perpetrarlo fue la extensión de los servicios del IRS (la Seguridad Social), en 1935 durante la administración de Franklin Delano Roosevelt, que, bajo el estado de emergencia bancaria, hizo varios arreglos favorables a los banqueros de la Reserva Federal, entre ello, la requisa del oro en manos de la población norteamericana.

Bueno, cierto es que quien quisiera votar en las elecciones del Gobierno Federal, o acogerse al beneficio del Social Security en aquellos terribles años de depresión económica, debía adherirse a la ciudadanía “US Citizen”, hecho lo cual (pese al disparate jurídico que, como hemos visto, esto supone), caía inmediatamente bajo jurisdicción del Distrito de Columbia, así viviera en California. De esa manera fraudulenta se reclutaba subrepticiamente su afiliación, y pasaba a pagar al IRS.

Todo esto que,-atrevidamente-, yo resumo en pocas líneas, es materia de un complejo código (USC), que no es claro en absoluto. Todo lo contrario, y ,- para peor-, (todos te lo dicen), está el famoso “Black’s Law Dictionary”, que es bastante siniestro (aunque; lo de Black, es por el apellido de quien fue el inventor de un diccionario para código jurídico, conciente de las dificultades que impone comprender algo cuyas palabras no significan aquello que,- ordinariamente-, entendemos).

Es muy importante lo que acabamos de ver, porque en ello se cifra nuestra conversión en pagadores de una deuda fraudulenta. Por ello es que reniego del desembarco de la Ley Marítima del Almirantazgo en Territorio Nacional. Porque no viene a traernos prosperidad, viene a llevársela.

Y ESTO ES LO QUE TODOS INTUIMOS; PERO ACERCA DE LO CUAL, NADIE TE EXPLICA SU PUNTILLOSA IMPLEMENTACION.

Debe quedar claro, que,- para el caso-, funcionamos como “la seguridad social” de nuestros fondos buitres acreedores. Debido a ellos es que nos sentimos extenuados pagando impuestos de todo tipo y el dinero cada día alcanza menos a cubrir gastos básicos. Impuestos directos e indirectos, más la vía inflacionaria, es impresionante la masa de capital que volcamos en las arcas de nuestros acreedores.

Inmoral, pero legal.

Por otra parte, comprobamos que día a día “el Estado” se inmiscuye en nuestra actividad para imponer la exigencia de nuevos permisos, o licencias, sin los que ahora ya no será posible continuar . El otorgamiento de estos permisos o licencias ya está implementado, regulando todas las esferas de nuestra vida.

Uno de ellos, (muy veterano) , ha pasado casi desapercibido, y es el permiso o “licencia matrimonial”, que en otra oportunidad desarrollaré.

Esto por un lado, pero,- simultáneamente-, venimos perdiendo derechos en todos los campos, aún en aquellos que implican contratación privada de servicios. Notamos cómo nos faltan el respeto como clientes, aún pagando, y pagando muy bien.

Forma parte de un proceso de asimilación de ausencia, o precarización de nuestros derechos, para adaptarnos a vivir en una sociedad cuasi feudal regida por la Ley Marítima Internacional del Almirantazgo, sin derechos, sólo con permisos, licencias, concesiones, autorizaciones, etc.

En una palabra, esclavizados.

Durante la dura época del tráfico marítimo de esclavos, estos eran ingresados al territorio continental norteamericano como una mercancía, un producto, que se comercializaba bajo jurisdicción marítima. Y era legal.

Eran considerados “movable Chattel” o, – dicho de otra manera – un artículo o bien, de propiedad personal transferible asimilado al ganado, ganado humano ... Es más, en idioma inglés, se escriben muy parecido: Chattel (por esclavo), y Cattle (ganado). Está demás decir que tampoco poseían derechos. Sólo permisos (¿les recuerda algo?).La ley establecía que los esclavos eran un”producto de concepción humana”, y como tal “un recurso”, un “recurso humano”. Es de ahí que surge el concepto de “Recursos Humanos”.

Por lo tanto de la Ley Marítima Internacional del Almirantazgo, -ente otras cosas-, heredamos el concepto de “Recursos Humanos” y tiene sentido que hoy en día exista un departamento dentro de las corporaciones que aun mantenga ese nombre, y hasta se arrogue el derecho de pretender re educarnos, lidiando con nosotros como “movable Chattel” o semovientes, ya que para sus intereses no significamos otra cosa. Somos un recurso humano, que aporta su energía en el proceso, y se prevé que genere un cierto monto de beneficios económicos durante su vida útil, luego de lo cual pasa a la categoría de “retired”, o re – tired (re cansado, o agotado).

Hay que decir también, que, – como señalé -, por el hecho de vivir en tierra firme, no estamos fuera del alcance de tal jurisdicción. Estamos enredados en ella mucho más de lo que nos imaginamos. Basta decir que al nacer- y sin consultar a nuestros padres-, el Estado nos crea una personalidad jurídica, una ficción legal, para que podamos interactuar con el mundo corporativo y el mismo Estado. Tal personería jurídica o ficción legal, lleva por nombre el nuestro, pero se diferencia de éste, en que se escribe todo en mayúsculas (Fijate en tu  carnet de identidad, o en tu permiso de conducir).

Esto se debe a que un humano no puede efectuar transacciones ni contratos con corporaciones.

Estas operaciones mercantiles deben ser entre corporaciones. Así que nos crearon una Corporación, ficción legal, personería jurídica, doble tú, hombre de paja, o Strawman, etc. (se refieren a lo mismo), y cuando presentamos el documento asentimos a reconocer que firmamos en representación de esa corporación unipersonal que se llama igual que nosotros, pero con todos los caracteres en MAYUSCULA. Nos hacemos responsables por nuestra Corporación, por así decirlo. Ya que una corporación es una “persona” o entidad ficticia (no puede hablar, ver, tocar, oler, etc.), no puede por sí misma funcionar en el mundo real. Necesita un conducto, una empresa transmisora, un vínculo de algún tipo, para “conectar” a la persona ficticia, y el mundo ficticio en el cual ella existe, con el mundo real. Ese enlace es nuestra aceptación del "strawman" como identificación válida, algo que confirmamos cada vez que interactuamos con el mundo de lo público (política y negocios, si es que hay diferencia entre ambos) confirmando que SOMOS esa realidad.

El resultado de esta suplantación de nuestra realidad de seres vivientes por la identidad ficticia que nos crea el estado y que asumimos desde nuestra ignorancia de los mecanismos profundos que comporta es explicada por Johnny Guzmán en los siguientes términos:

Los seres humanos de hoy en día son considerados simplemente como recursos, “recursos humanos”. Las personas son recursos del gobierno, sus certificados de nacimiento son una garantía en la Bolsa de Nueva York, por lo que todo certificado de nacimiento está impreso en papel moneda (o de seguridad), al igual que ocurre con los billetes de banco, bonos, cheques y pagarés. En la parte inferior del documento siempre se hará constar una serie de números, números rojos que son una clave de seguridad que garantiza el valor de cambio de la mercancía identificada, la “persona jurídica”, en la Bolsa de Valores Mundial. De aquí nace otro concepto macabro, que es el de “daño colateral” para designar la pérdida de vidas civiles en los conflictos neo-coloniales de las últimas décadas. En realidad son daños que se generan en la deuda del país.

Roberto Sosa del Puerto, con interpolaciones añadidas por el "blogger"
(Fuentes: http://argentinatoday.org/; Facebook; http://stopsecrets.ning.com/)

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