lunes, 14 de septiembre de 2015

¿HA SIDO DIRIGIDA LA HISTORIA POR SOCIEDADES SECRETAS? (9)



En la novela "Angeles y demonios", después de haber envenenado a un Papa, la sociedad secreta de los Illuminati se dispone a culminar su siniestro proyecto para destruir a la Iglesia Católica, aprovechando el cónclave para elegir al nuevo Pontífice. Ellos son los grandes conspiradores que, con la ayuda de algún miembro de la secta árabe de los Asesinos, han ido fraguando crímenes que darán como resultado la desestabilización de la jerarquía eclesial, y que, al mismo tiempo, persiguen, como un último golpe de gracia, volar literalmente el Vaticano mediante la explosión de una bomba de antimateria. Ésta es en esencia la trama de la novela de Dan Brown.

Hay en esa obra elementos, basados en la realidad, que rozan la ficción, como la citada bomba. Otros elementos son más verosímiles, como que la muerte Juan Pablo I a los treinta y tres días de su reinado haya respondido a una conjura secreta. Y, finalmente, algunos elementos que, convenientemente manipulados, el autor rescata de las tradiciones y textos sobre las sociedades secretas y otras fuentes esotéricas.

La mención de los Illuminati aparece ya desde las primeras páginas de la novela. Efectúan su entrada en escena mediante un ambigrama, texto que puede leerse de izquierda a derecha y, tras girarlo 180 grados, sigue teniendo sentido, una técnica de escritura simbólica y críptica que no consta que fuera utilizada en momento alguno por los auténticos illuminati. Otro aspecto remarcable es que la ficción sitúa la creación de los Illuminati en la época de Galileo, dando por sentado que los científicos de entonces tenían que reunirse en secreto para intercambiar sus investigaciones, lejos de la presión que ejercía sobre ellos la Iglesia. Pero no existen pruebas de que Galileo o Copérnico fueran illuminati. Tampoco de que esta famosa sociedad secreta existiese en aquel tiempo, al menos oficialmente, aunque sí había otras sectas a las que pudieron haberse acogido los investigadores disidentes.

¿En qué momento nacen realmente los Illuminati? ¿Cuál era su objetivo secreto? En la novela comprobamos que la combinación de ciencia y esoterismo ofrece un mundo apasionante. Hay en el libro de Brown un aspecto que no pasa desapercibido. Se trata de la divergencia entre la Ciencia y la Iglesia. Los illuminati, miembros de la gran sociedad secreta que nació con la misión de terminar con la Iglesia, aparecen en la obra de Brown como científicos:

En el siglo XVI un grupo de hombres luchó en Roma contra la Iglesia. Algunos de los científicos italianos más notables empezaron a reunirse en secreto para compartir sus preocupaciones sobre la enseñanzas equivocadas de la Iglesia. Fundaron el primer gabinete científico del mundo y se autoproclamaron «los iluminados».

Según la historia, una oscura noche de 1785 un mensajero solitario cayó fulminado por un rayo en el camino que unía Frankfurt con París. Al día siguiente una patrulla de guardias bávaros levantó el cadáver y encontró entre sus ropas un extraño documento. Se trataba de un folleto titulado «Cambio original en días de iluminación», y lo firmaba Espartaco, pseudónimo del renegado jesuíta Adam Weishaupt. Este misterioso personaje, nacido en Ingolstadt en 1748, había sido profesor de Derecho Canónico en la universidad de su ciudad natal, donde exponía, pese a la oposición del clero, sus ideas mesiánicas y la necesidad de una revolución mundial contra el avance del mal.

Weishaupt había sido educado por la Compañía de Jesús y era un importante miembro de la Masonería bávara de la época. Pero tenía una visión muy personal de la situación del mundo y consideraba que la Iglesia jugaba un papel perverso en la moral y la espiritualidad de la humanidad. Con algunos colegas y alumnos de Ingolstadt había formado un grupo autotitulado «perfectibilistas», que propiciaban un cambio radical de orden religioso y cultural, que se produciría en un nuevo mundo regido por una república democrática universal, lo que los haría precursores del anarquismo y el socialismo.

En 1776 Weishaupt y sus seguidores, entre ellos el barón Adolf von Knigge, fundaron la secta secreta de los Illuminati, que en latín significa «iluminados». En su organización el ocultista bávaro combinó los dos modelos que mejor conocía: el de los jesuítas y el de la Masonería. Según las fuentes históricas esta logia tuvo corta vida, ya que fue disuelta once años más tarde tras el infortunado episodio del mensajero fulminado y el hallazgo del documento secreto de Weishaupt. Pero diversos autores sostienen que se ha mantenido hasta hoy en forma ultrasecreta, aparte de remontar sus orígenes mucho más allá de la fecha de su fundación histórica. El gobierno de Baviera prohibió la sociedad de los Illuminati en 1787, condenando a muerte a quienes intentaran reclutar nuevos miembros para la Orden y dando publicidad al documento secreto de Weishaupt, así como a los planes conspirativos de la secta.

La orden de los Illuminati había conseguido extenderse rápidamente por toda Europa y reclutar a personalidades como los literatos alemanes Johann W. Goethe y Friedrich Nicolai, el escritor y filósofo Johann Gottfried von Herder, o el insigne compositor Wolfang Amadeus Mozart. En su salto a Estados Unidos, concitó la adhesión de George Washington y Thomas Jefferson, al punto de que hay quien afirma que algunos signos del reverso del dólar, como la pirámide truncada coronada por un ojo, provienen de la simbología hermética de los Illuminati.

Quienes sostienen que la secta de Weishaupt continuó llevando en secreto su revolucionaria conspiración, aseguran que los illuminati, bajo el paraguas de los masones u otras logias, se habrían infiltrado en el Parlamento Británico y en la Secretaría del Tesoro de Estados Unidos, entre otras maniobras para imponer un nuevo orden mundial. Un orden que, obviamente, haría imprescindible la eliminación del Vaticano y sus poderes terrenales. Para justificar sus conjuras, engaños y eventuales crímenes, adoptaron a menudo la excusa de que habían sido iluminados por Dios para salvar a la humanidad del mal e instaurar un utópico mundo nuevo.

Aparte de la secta de Weishaupt, hubo por lo menos otras dos con el mismo nombre que alcanzaron una cierta importancia, y en las que Weishaupt pudo haber encontrado su fuente de inspiración.

Los iluminados fue una secta secreta que nada tiene que ver con la de los Illuminati. Apareció en torno al siglo XVI en las montañas de Afganistán. Su primer líder fue Bayezid Ansari. No era científico y se limitó a fundar una escuela de iniciación mística en Peshawar. Los adeptos debían pasar por ocho iniciaciones para perfeccionarse a sí mismos y alcanzar fuerzas mágicas.

Los iluminados de Avignon tampoco son los Illuminati. Se trata de una sociedad secreta fundada en el siglo XVIII, dedicada a la astrología y la alquimia. No tuvo ninguna relación con la ciencia de aquel tiempo.

Aunque en la actualidad los presuntos continuadores de los Illuminati parecen estar bastante vinculados al mundo del esoterismo, la magia y, por extensión, el satanismo, lo cierto es que cuando hablamos de los auténticos Illuminati, todos estos temas, al igual que los vinculados con la ciencia, quedan bastante lejos. Es probable que el grupo originario de los Illuminati tuviera vinculaciones con sociedades secretas con un cierto corte esotérico, tales como la Masonería, los rosacruces y otros.

Pero su propósito era muy diferente. No buscaban un camino místico, ni tampoco la defensa de unos métodos científicos ni, mucho menos aún, la obtención de unos poderes mágicos o esotéricos. El objetivo de los Illuminati es derrocar los poderes políticos y religiosos establecidos: anular los gobiernos, eliminar de la mente del pueblo el concepto de «patria» y, por extensión, suprimir la religión.

Para crear su sociedad secreta Weishaupt no tuvo que esperar una revelación divina ni tampoco el hallazgo de unos manuscritos ancestrales, ni mucho menos recibir la herencia hermética de unos antecesores. A diferencia de otras órdenes, los Illuminati son fruto de la mente de su fundador y del tiempo en que le tocó vivir. Resulta evidente que Adam Weishaupt, el fundador de los Illuminati, no imaginaba poder dominar el mundo. Pero sí buscaba un cierto dominio social y especialmente terminar con la autoridad del Papa y las doctrinas eclesiásticas.

Todo parece indicar que se acercó a la Masonería buscando interlocutores para tener apoyos para ponerlas en práctica. Su ambición era crear y dirigir su propia sociedad secreta. Cansado de la presión a la que era sometido por los jesuítas y decepcionado por las prácticas de la Masonería, decidió buscar algo que se ajustase a sus parámetros mentales. A partir de ese momento el conocimiento era el suyo y la verdad estaría en su poder.

Con este rasgo doctrinal pretendía dejar de lado la religión cristiana, para dar paso al auténtico portador de la luz, que no era otro que Lucifer. Adam Weishaupt se vuelve más racionalista, anticatólico y fanáticamente radical, tanto en lo concerniente a la política como en la religión.

A partir del momento en que los Illuminati se autocalifican como una institución laica que tiene como fin el progreso de la humanidad, comienzan a acercarse a sus filas numerosos racionalistas alemanes que la inclinan cada vez más hacia los postulados de filósofos franceses como Voltaire o de políticos como Robespierre. Ambos personajes, al margen de su papel histórico, tuvieron vinculaciones con distintas sociedades secretas, tales como la Masonería, los rosacruces, y se supone que, de alguna forma, también con los Illuminati.

Fue así como la Orden de los Illuminati se presentaría como una sociedad con más intención política que mística. Pese a que Adam Weishaupt pensaba tenerlo todo atado y bien atado, algo se le escapó. Poco a poco fueron ingresando en la Orden personajes que teóricamente estaban desencantados de la Masonería e incluso de su pertenencia a los rosacruces, pero que quizá no eran sino infiltrados de dichas sociedades.

Dejando a un lado las conspiraciones, lo que sí es cierto es que la orden de Weishaupt llegó a obtener un notable poder. Un poder que se extendió hasta la Revolución Francesa, fenómeno histórico decisivo en Europa, que hasta cierto punto pudo estar orquestado por los Illuminati. Un poder que avanzó en el tiempo y que quizá tuvo relación con las dos guerras mundiales. Y que, tal vez, será el responsable de una tercera.

Ocho años después de su fundación, aunque oficialmente fueron once, llegará el momento de que Weishaupt cancele oficialmente los Illuminati. El gobierno bávaro, observando la fuerza y la actividad pública llevada a cabo por los Illuminati, que no sólo se habían expandido sino que incluso ya tenían miembros más allá del Atlántico, estima que son demasiado peligrosos. Weishaupt es privado de sus cátedras y, acto seguido, expulsado del país. Oficialmente la Orden se extingue, aunque en realidad se disgrega. Su creador pasa a vivir en un dulce exilio, ya que acaba refugiado en una de las muchas posesiones que poseía uno de sus protectores, el duque Erast von Gotha, donde permanece hasta su muerte el 18 de noviembre de 1830.

Pero no todo termina con la disgregación de los Illuminati. Una vez disuelta la Orden, su fundador tuvo varias décadas para seguir tramando conspiraciones e ilustrando a sus seguidores sobre el noble arte de las sociedades secretas. Weishaupt escribió diversas obras, entre ellas una crónica sobre la persecución de los Illuminati en Baviera, un manual del sistema del Iluminismo, así como diversos tratados sobre las ventajas de sus principios doctrinales. Tuvo tiempo además de mantener relaciones con jerarcas de la Masonería, así como de otras órdenes secretas de principios del siglo XIX.

«A veces, es preciso que la oscuridad reine por un momento antes de un nuevo resplandor», afirmaba Weishaupt en alguno de sus textos internos. Los Illuminati encendieron sólo una de las muchas antorchas que conformaban las hogueras de las sociedades secretas. Oportunamente reaparecerán, y muchas de las conjuras y conspiraciones que se producirán más adelante tendrán, sin ningún género de dudas, una influencia de los Illuminati.

(Fuente: https://oldcivilizations.wordpress.com/)

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