miércoles, 3 de junio de 2015

WAKO, LA OTRA MATANZA DE TEXAS (2ª parte)




Los SWAT (Special Weapons And Tactical team) de la ATF llegaron a Monte Carmelo con un elaborado plan de asalto que debía desarrollarse en menos de un minuto. Tres equipos de televisión tuvieron ocasión de grabar el recibimiento que los davidianos ofrecieron a unos atónitos agentes que creían que el factor sorpresa estaba de su parte. La emboscada se saldó con cuatro agentes muertos y dieciséis heridos. Los davidianos sufrieron seis bajas en este primer asalto. Si alguien había pretendido dejar en ridículo a la ATF no podía haberle salido mejor la jugada. Más de la mitad de los heridos en la refriega lo fueron por fuego amigo. Uno de los fallecidos, el agente Stephen Willis, encontró la muerte cuando uno de sus compañeros le disparó accidentalmente con su fusil de asalto, y otro de los agentes se hirió a sí mismo en la pierna. De esta forma se inició un cerco que duró 51 días, y en el que participaron el ejército, el FBI, la policía de Texas y la propia ATF.

Tras congelarse las negociaciones, el 19 de Abril de 1993 se dio la orden de entrar. Curiosamente, aquel día se cumplía el cincuenta aniversario del incendio del gueto de Varsovia por parte de los nazis. Un tanque rompió el muro exterior y la pared de la casa, disparando gases lacrimógenos al interior. Los davidianos tuvieron que sufrir un ataque de ocho horas con gas CS, un compuesto altamente tóxico e inflamable.

CS

El gas CS es un polvo cristalino de color blanco que causa una violenta irritación de los ojos, quemaduras en la piel, vómitos y graves problemas respiratorios que, en casos de intoxicación aguda, pueden llegar a producir la muerte. Estados Unidos, junto con otras cien naciones, había firmado en Enero de 1993 un tratado que prohibía el uso bélico del gas CS. El profesor de Harvard doctor Alan Stone testificó lo siguiente ante el Congreso estadounidense: “Puedo dar fe del poder del gas CS para inflamar rápidamente ojos, nariz y garganta, producir ahogamiento, dolor en el pecho, y náusea en varones adultos saludables. Es difícil de creer que el gobierno norteamericano haya querido deliberadamente exponer a veinticinco niños, la mayoría de ellos bebés y niños muy pequeños, a la acción del CS durante cuarenta y ocho horas”.

El toxicólogo William Marcus testificó ante el Congreso de Estados Unidos que la molécula del gas CS contiene un “radical de cianuro” que podría haber sido absorbido a través de la fina piel de los niños provocándoles la muerte. Además, el CS se convierte en un compuesto letal cuando se quema. De hecho, en los cuerpos de los supervivientes se encontraron niveles anormalmente altos de cianuro. El doctor Marcus también indicó que el gas CS es una partícula pesada que sólo permanece suspendida en el aire durante un breve período, quedando a ras del suelo durante el resto del tiempo, por lo que está contraindicado para su utilización en espacios cerrados, donde puede alcanzar fácilmente concentraciones entre 10 y 100 veces superiores a las correspondientes al margen de seguridad.

Los estadounidenses tardarían mucho en olvidar aquel fin de semana de Abril de 1993, el más sangriento de su Historia reciente hasta los sucesos del 11-S. Primero, el coche bomba en el estacionamiento del World Trade Center y, poco después, el asalto de Waco: la CNN cubrió el suceso con sus habituales tintes propagandísticos, intercalando videos que mostraban el humeante edificio, mientras un enjambre de agentes de la ATF, protegidos por sus trajes de kevlar, se disponía a asaltar el complejo. La confusión era enorme y nadie sabía a ciencia cierta qué estaba sucediendo. Finalmente, a mediodía, justo cuando varios tanques M-60 iniciaban el asalto del rancho, una densa humareda se levantó desde el edificio principal, produciéndose una serie de fuertes explosiones que culminaron con la muerte de 87 personas; sólo lograron salvarse diez de los ocupantes de Monte Carmelo.

En primera instancia, el público asistió perplejo a esta demostración de demencia histérica hasta el momento inédita en aquel país: sectarios locos e integristas islámicos no menos locos constituían estereotipos fáciles de digerir por el público. El FBI inmediatamente anunció que dos de los miembros de la secta habían confesado ser los culpables del incendio. La oficina de investigación matizó más tarde estas declaraciones, afirmando que nadie había confesado aún ser el autor del incendio, pero que pronto lo harían ya que los francotiradores del FBI los habían visto personalmente hacerlo. Edwin S. Gaustad, en su libro “A documentary history of religion in America since 1865”, refleja la opinión de un gran número de expertos respecto de que lo ocurrido en Waco fue un suicidio masivo inducido por David Koresh. La del doctor Gaustad, profesor emérito de la Universidad de California, es la “oficial” entre los especialistas en la materia.

Reglas de enfrentamiento

Más tarde se llevó a cabo una investigación “independiente” que, en efecto, incriminaba a los davidianos en la autoría del incendio, confirmando aparentemente el escenario de suicidio masivo que propugnaba la propaganda oficial. Pero la verdad sobre el incendio de Waco estaba muy lejos de ser revelada. De hecho, el investigador presuntamente independiente resultó ser un antiguo agente de la ATF, cuya esposa aún trabajaba en la oficina de Houston de esta agencia federal, dirigida por Phil Chojnacki, uno de los responsables del fiasco que fue el primer asalto al rancho de los davidianos.

Tuvieron que transcurrir muchos meses antes de que comenzaran a extenderse rumores que indicaban que la historia oficial podía no ajustarse exactamente a la realidad en muchos aspectos. Un teletipo de la agencia Associated Press, en el que se decía que el FBI había derribado a golpe de excavadora las ruinas del rancho de los davidianos y posteriormente enterrado los escombros bajo una gruesa capa de cemento, no contribuyó demasiado a inspirar la confianza de la gente. Las dudas sobre el origen del incendio que terminó con la vida de Koresh y 86 de sus seguidores comenzaron a surgir por doquier, especialmente debido a la chapucera forma en que las autoridades manejaron el caso. La matanza que tuvo lugar entre los davidianos de Waco comenzó a captar la atención del público, que ya dudaba de si la secta habría incendiado o no su propio rancho condenándose de esta manera a una muerte segura.

Por aquel entonces, Internet comenzaba en Estados Unidos su época de mayor expansión. Para todos aquellos que tenían informaciones contrarias a la versión oficial de los hechos, el nuevo medio de comunicación les permitía difundir sus ideas de forma rápida y barata. Las diversas contradicciones que desacreditaban completamente la versión oficial comenzaron a aflorar. Como consecuencia de ello, oleadas de indignación recorrieron Estados Unidos y cada vez más gente se interesó por un tema que ya había sido teóricamente dado por zanjado. Surgieron demandas contra el gobierno por parte de familiares de las víctimas que se dieron cuenta de las contradicciones de la versión oficial, críticas de republicanos y demócratas contra la fiscal general del Estado, Janet Reno, y airadas protestas por parte de las minorías religiosas, las milicias y la poderosa Asociación Nacional del Rifle.

El detonante definitivo que hizo estallar este escándalo ante la opinión pública fue la presentación al público de un documental titulado “Waco, the rules of engagement” (Waco, las reglas de enfrentamiento). Se trata de una película de gran calidad, que metódica y convincentemente desarrolla cómo el gobierno estadounidense -no David Koresh- fue el causante del incendio fatal que consumió el rancho de los davidianos en Abril de 1993. Constituye un poderoso alegato que a lo largo de dos horas presenta al público todas aquellas pruebas cuya existencia había sido negada hasta el momento por las agencias federales implicadas en el suceso.



El estreno del film tuvo lugar el 18 de Enero de 1997 en el marco del festival de cine independiente de Sundance, en Park City, Utah. Automáticamente, dada su altísima calidad cinematográfica, obtuvo un clamoroso éxito de crítica y público. La película recibió el espaldarazo definitivo cuando en Febrero de 1998 fue nominada por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas para el Oscar al mejor documental y un premio Emmy al mejor reportaje de investigación. Dan Gifford, productor ejecutivo del documental, declaraba orgulloso ante la prensa: “Ningún medio de comunicación nacional ha dicho nada de la vergonzosa actuación del gobierno en el incendio del rancho de los davidianos ni de cómo éstos fueron tiroteados con ametralladoras y fusiles de precisión cuando intentaban salir del edificio en llamas, tal y como se muestra claramente en el video de vigilancia aérea del propio FBI y que está incluido en Waco, las reglas de enfrentamiento”.

La nueva revelación

Tal fue el éxito del documental, que en 1999 se estrenó su segunda parte, “Waco: The new revelation” (Waco: la nueva revelación), rodeada aun, si cabe, de mayor polémica que su antecesora debido a que en ella se concretaban más aspectos apenas sugeridos en la primera parte. Gracias a Michael McNulty, el director de estos documentales, hoy sabemos que se empleó gas lacrimógeno inflamable en el asalto final contra los davidianos, algo que el FBI negó con obstinación durante seis años hasta que el propio McNulty encontró las pruebas de que había sido así.



A lo largo de la película también podemos ser testigos de primera mano de la incoherencia de los negociadores del FBI a través de diversas filmaciones tomadas in situ. Minutos después de que los negociadores prometieran no cortar la electricidad como un incentivo por el progreso en sus negociaciones, los tácticos de FBI cortaron el suministro sin dar más explicaciones. El documental también pone especial énfasis en los videos tomados desde los aviones de reconocimiento que sobrevolaban el escenario de los hechos durante el asalto. En estas grabaciones, tomadas con cámaras infrarrojas, se aprecia una serie de llamaradas alrededor del rancho que los analistas piensan que son signos de fuego de fusil contra quienes intentaban abandonar el edificio en llamas. A raíz de esto, el ex-agente de la CIA, Gen Cullen declaró al diario Dallas Morning News que en las fechas previas al asalto se barajó la posibilidad de desplegar en secreto efectivos de la llamada Fuerza Delta en Waco, los cuales habrían sido finalmente los responsables de la virtual ejecución de los davidianos. La presencia de miembros de la Fuerza Delta en Waco es especialmente grave, ya que la legislación estadounidense prohíbe de forma expresa la actuación de militares en apoyo de las fuerzas del orden si no media la autorización del Congreso.

El gobierno afirma que los miembros de la Fuerza Delta se encontraban allí en calidad de asesores y que en ningún momento tomaron parte en las acciones contra los davidianos. Sin embargo, March Bell, que se encontraba al frente de la comisión de investigación sobre el asunto de Waco que había puesto en marcha el Congreso estadounidense, descubrió que los militares ejercían sus labores de “asesoría” desde sitios tan poco usuales como el interior de los tanques o los puestos de francotirador: “Cuando me hablan de asesores me imagino a alguien dando consejos en la mesa de una sala de conferencias”, declaró no sin cierta sorna el congresista.

El FBI se defendió de estas acusaciones alegando que los destellos que se veían en las imágenes se debían a “reflejos del sol”, poniendo como prueba el hecho de que no se podían distinguir las siluetas de los agentes tras los fogonazos, pero “olvidaron” mencionar que los trajes de asalto están especialmente diseñados para camuflar a quienes los llevan ante estos dispositivos electrónicos. Lo endeble de estas explicaciones fue puesto en su momento de manifiesto por el antiguo fiscal general Ramsey Clark, para quien la grabación infrarroja tomada desde el propio helicóptero del FBI demuestra que el FBI disparó un intenso fuego de ametralladora contra el rancho davidiano en llamas. El video infrarrojo también demuestra que los davidianos no dispararon contra los tanques como había informado el gobierno.

Buscando señales

Aparte de esto, las filmaciones fueron en su momento analizadas por el doctor Edward Allard, experto en interpretación de imágenes infrarrojas, quien dictaminó que las llamaradas proceden de hombres que se mueven por la parte trasera del edificio y que realizan lo que inequívocamente identifica como fuego de ametralladora. A través de un exhaustivo análisis fotograma a fotograma de estas imágenes, el doctor Allard estableció que los fogonazos se daban a intervalos extremadamente breves, en algunos casos de un treintavo de segundo: “Se trata inequívocamente de fuego automático (...) no hay absolutamente nada en la naturaleza que pueda causar rastros termales de esa intensidad en un treintavo de un segundo...”. El análisis del doctor Allard establece que las partes del edificio sometidas a un fuego más intenso fueron precisamente las salidas, y que se produjo fuego de ametralladora desde uno de los helicópteros que sobrevolaban la zona contra quienes pretendían escapar del rancho en llamas. Precisamente en una de esas salidas se encontraron quince cadáveres cosidos a balazos. Para explicar este hallazgo, el FBI declaró que los davidianos se habían suicidado, bien disparándose ellos mismos, bien disparando los unos contra los otros. En cuanto a los presuntos reflejos que según el FBI y la ATF habrían provocado la aparición de destellos en las filmaciones, el doctor Allard es categórico: “Con la física en la mano, es completamente imposible que aquellas cámaras registrasen reflejos solares de ningún tipo”. Es más, como buen científico, el doctor Allard no se limitó a ser categórico en sus afirmaciones, sino que, además, dio una demostración experimental de lo que decía, mostrando una filmación infrarroja de soldados estadounidenses en Somalia que disparaban sus armas mientras descendían en paracaídas sobre un objetivo. Pues bien, los destellos de las armas de los marines son virtualmente idénticos a los que aparecen en las filmaciones tomadas en Waco.

Otro experto, Maurice Cox, antiguo analista de imágenes de la CIA, intentó de buena fe apoyar los alegatos del FBI usando los principios de la geometría solar. Sin embargo, el informe de Maurice Cox concluía que los fogonazos que aparecían en las grabaciones sólo podían ser fruto de un tiroteo. En Enero de 1999 Maurice Cox desafió al director del FBI Louis Freeh y a sus científicos a que intentasen rebatir sus resultados. Hasta la fecha no ha habido ninguna contestación.

El FBI tenía tres francotiradores desplegados en el teatro de operaciones que recibían los nombres en clave de sierra uno, dos y tres. Como ya hemos comentado, el gobierno ha declarado categóricamente y ha repetido hasta la saciedad que no se produjo ningún disparo contra el rancho aquel 19 de Abril. Pero el agente especial del FBI Charles Riley escribió en su informe que oyó varias detonaciones aquella mañana procedentes de la posición del francotirador número 1. Se da la circunstancia de que en esa posición se encontraba el francotirador del FBI Lon Horiuchi. Como es casi seguro que a nadie le diga gran cosa este nombre, permítaseme poner rápidamente en antecedentes al lector. Aproximadamente siete meses antes de los sucesos de Waco, el FBI se vio envuelto en otra intervención desastrosa en un lugar llamado Ruby Ridge. En aquella ocasión, Lon Horiuchi fue el francotirador del FBI que disparó contra una madre lactante desarmada, Vicki Weaver, y el hijo que llevaba en los brazos. Nunca se demostró que Horiuchi fuera el asesino, pero el gobierno indemnizó al esposo y padre de las víctimas con más de tres millones de dólares.



Desgraciadamente, no era la primera vez que algo así sucedía en Estados Unidos. En 1971 un motín en la prisión de Attica se saldó con muerte de todos los rehenes y participantes en el hecho. Las autopsias pusieron de manifiesto grandes lagunas en la versión oficial, sugiriendo que las tropas que asaltaron el centro penitenciario dispararon indistintamente contra rehenes y secuestradores.

El bunker de la muerte

En el caso de Waco, las autopsias revelaron algunos hechos estremecedores que contradecían las tesis oficiales. En Noviembre de 1993 el patólogo que hizo las autopsias de las víctimas, el doctor Rodney Crowe, declaró que los niños que habían fallecido a causa de traumatismos varios, y de los que el FBI afirmaba que habían sido matados a golpes por sus padres, fueron de hecho víctimas de la caída de un muro de hormigón derribado por un tanque tras el cual las madres pensaban que tendrían un refugio seguro. Esta parte del complejo, que los agentes del FBI denominaban “el bunker”, fue especialmente castigada por los ataques y allí murieron alrededor de 40 mujeres y niños. Nizaam Peerwani, un perito médico que testificó en el juicio de los davidianos, declaró que un elevado número de mujeres y niños que se encontraban en este cuarto de cemento murieron debido a la asfixia tras quedar enterrados bajo las ruinas de las paredes derribadas por los tanques.

El rancho Monte Carmelo a día de hoy
Los cuerpos de los davidianos muertos fueron almacenados en contenedores frigoríficos para preservarlos el tiempo que fuera necesario hasta que se pudieran llevar a cabo análisis forenses más detallados que esclarecieran las circunstancias de sus muertes. Estos contenedores fueron puestos en su momento bajo la custodia del FBI. Sin embargo, alguien cometió un error imperdonable y durante varios días estuvieron sin suministro eléctrico. Los cuerpos que se guardaban en su interior se descompusieron rápidamente y perdieron cualquier valor que pudieran tener como prueba.

Aunque actualmente tenemos indicios más que suficientes para hacernos una idea de la barbarie cometida durante el asedio y asalto al rancho de los davidianos, sin embargo, las razones que llevaron a que se produjera semejante situación aún se encuentran veladas por el más profundo de los misterios. ¿Se debió la tragedia a un cúmulo de errores por parte de las tropas federales?. ¿O fue algo premeditado, una especie de ensayo general del procedimiento para quitar de la circulación a grupos disidentes armados potencialmente peligrosos, como las milicias de extrema derecha?

Santiago Camacho
(Visto en http://es.slideshare.net/)

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