miércoles, 17 de junio de 2015

GURDJIEFF, MAESTRO ESPIRITUAL


Primera parte: La infancia

Es curioso cómo dos personajes tan destacados y a la vez opuestos de la primera mitad del siglo XX en Europa Oriental provendrían de Georgia, un bello pero diminuto y olvidado país del Cáucaso. El primero de ellos: Joseph Stalin, conocido dictador, enemigo de la humanidad, sobresaliente exterminador de almas, fratricida y genocida. Uno de los mayores asesinos masivos que legó la historia del siglo pasado.

El segundo, en contraste, casi antagonista de Stalin: George I. Gurdjieff, gran benefactor de los hombres, maestro espiritual, creador (o resucitador) de la perenne escuela psicológica conocida como el Cuarto Camino. Dejó libros, manuscritos, partituras musicales también de su autoría, enseñanzas, charlas e innumerables alumnos, amigos y lectores que continuaron su trabajo a lo largo de décadas.

Gurdjieff acogía a niños huérfanos y animales abandonados. Salvó la vida a centenares de rusos blancos del holocausto estalinista así como a otros cientos de cristianos armenios tras el éxodo producto del conflicto entre Turquía y Armenia, brindando comida y techo a miles de refugiados.

En esto último, Gurdjieff se asemejaría mucho más a su casi coterráneo, el griego Nikos Kazantzakis, autor de Zorba el griego, El pobre de Asís y Cristo de nuevo resucitado, a quien se le negó un entierro cristiano por parte de la Iglesia Ortodoxa, debido a su obra La última tentación. Del mismo modo que George I. G., Kazantzakis dedicó su vida no solo al estudio del pensamiento antiguo y de los grandes iniciados como Jesús y Buda, sino a la búsqueda del bien de la humanidad. Igualmente protegió la vida de miles de armenios perseguidos y exiliados por medio de sus contactos en Europa, ayudando a movilizar comunidades enteras de cristianos armenios antes de que los turcos los masacraran.

En la Georgia del siglo XIX, ocupada desde siglos atrás simultáneamente por romanos, unos, mongoles, turcos, soviéticos; en un contexto, como describen sus biógrafos, casi bíblico, se desarrolla la infancia de Gurdjieff. En una región donde culturas muy diferentes y lenguas abismalmente distintas conviven todos los días unas con otras: persas, rusos, cosacos, islamistas, sufís, árabes, turcos, cristianos ortodoxos, griegos, armenios, kurdos, mongoles, tibetanos, afganos, etc. Es en esta región del mundo donde se encuentran, no sin frecuentes conflictos, Europa, Oriente Medio y Asia, el lugar que los especialistas en lingüística y antropología consideran como el nicho donde nació la cultura humana.

De niño, Gurdjieff contempla un fenómeno que lo deja atónito: varios jóvenes traviesos encierran en un círculo trazado en la tierra a un kurdo, quien entre lágrimas y súplicas pide que le dejen salir, pues él no puede liberarse de tal maleficio y abandonar la circunferencia en el suelo por sí solo. Finalmente George decide borrar unos centímetros de la figura y el chico logra huir corriendo hasta su casa.

Gurdjieff pasará horas reflexionando sobre el evento, entrevistando a científicos, sacerdotes, militares, médicos, especialistas de todas las áreas con quienes cuenta, bombardeándolos con miles de preguntas, que de ningún modo le complacen con sus respuestas. Se sentirá decepcionado al no encontrar ni en el lado religioso ni en el científico, una explicación profunda y convincente para su experiencia. Será su propio padre quien sin proponérselo, al brindarle una inusual explicación del alma y de los fenómenos espirituales, facilitará los primeros acercamientos a la hipnosis, el espiritismo y la meditación por parte de George.

El padre de Gurdjieff pertenecía a la estirpe de unos antiquísimos pastores, ovejeros, camelleros y caminantes del desierto provenientes de las tierras de Persia y Afganistán, herederos de una milenaria tradición oral, quienes llegaron desde Oriente hacia el Cáucaso en busca de fortuna desde los últimos 100 años, llevando en sus migraciones hacia Europa su música, poesía, canciones, comidas y lengua.

El viejo era recitador y trovador de ancestrales versos. Gurdjieff cuenta que en dos ocasiones lo acompañó a unos inusuales torneos de poesía y canto en pleno desierto en donde los participantes debían recitar durante toda la noche, improvisando y evocando viejas estrofas y estribillos que se venían entonando desde hace muchos siglos. Su padre era muy reconocido como trovador en variadas regiones del Cáucaso y Medio Oriente.

De su padre, George aprendió no solo poesía y música sino a desempeñar los más variados oficios, mismos que en el futuro le serían bastante útiles para sobrevivir: carpintería, mecánica, comercio, sastrería, pajarero, vendedor y restaurador de alfombras, cocinero. Gurdjieff relata que cuando los soviéticos llegaron a Georgia para expropiar las tierras de los armenios y los cristianos griegos el anciano intentó defender su propiedad junto con otros viejos pastores, muriendo bajo el fuego de los bolcheviques, quienes entonces se creían ya dueños del mundo.

En la década de los 50, viviendo en Francia y mucho tiempo después de la muerte de su padre, George encontraría en una revista de arqueología un reportaje sobre unas tablillas asirias recién encontradas por unos científicos. Eran en conjunto la obra La epopeya de Gilgamesh, apenas descubierta por Occidente. El encuentro le resultó curioso pues desde bastante tiempo atrás, cuando era niño, George conocía de memoria las hazañas del héroe mesopotámico por medio de la tradición oral y las historias que escuchaba de su padre y de los pastores del desierto. Los ancianos sufís y camelleros tenían conocimiento de Gilgamesh mucho antes que los científicos occidentales.

Durante su adolescencia, Gurdjieff sería acogido como discípulo del padre Borsch, obispo de la Iglesia Griega. De él tomaría la parte teórica de su formación: teología, filosofía, literatura, medicina, anatomía. La visión del padre Borsch pretendía que sus sacerdotes estuvieran muy bien preparados no solo para atender la salud espiritual de sus parroquianos sino también la física, de modo que formaba a los jóvenes seminaristas tanto desde un punto de vista filosófico como también médico.

Al acercarse el fin de su formación como sacerdote George abandona el seminario, dedicándose a investigaciones independientes, ahora desde el punto de vista esotérico, francamente decepcionado de las ciencias y las religiones conocidas por la mayoría de los hombres. Hasta entonces recibió una sólida formación como artesano, mecánico, comerciante y pastor con su padre, así como filósofo y médico al lado del obispo.

(Fuente: http://pijamasurf.com/)

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