viernes, 19 de junio de 2015

GURDJIEFF, MAESTRO ESPIRITUAL (2)



Viajes a Persia, Afganistán, Egipto y el Tíbet

En Armenia, cerca del Monte Athos, emprende en compañía de otros jóvenes inquietos unas excavaciones arqueológicas en las ruinas de una antigua ciudad sepultada por lava. En los túneles de lo que fuera la celda de un monje, descubren unos pergaminos escritos en arameo. Comienzan su traducción y entran en conocimiento de una hermandad dedicada a unificar todas las religiones y sabidurías del mundo: una Hermandad Blanca, cuya sede se encontraría presuntamente en un monasterio llamado Sarmug, oculto en el sur de Afganistán.

Reúnen todos los recursos a su alcance e inician un viaje a pie desde Armenia hasta Persia y luego Egipto. El objetivo es entrar en contacto con la Hermandad. Sin quererlo, en estos primeros viajes a Oriente asimilará una de las ideas primordiales del Cuarto Camino: tener un objetivo espiritual y perseguirlo por encima de cualquier cosa. Esta es la cosa que más debe importar en la vida.


En Egipto, Gurdjieff se encontrará de nuevo solo, sin mucho dinero, viéndose obligado a desempeñarse como traductor y guía de turistas, dados sus profundos conocimientos de las ciudades antiguas, los monumentos históricos y las rutas sagradas. Ejerciendo también el oficio de pajarero y comerciante de flores de papel, cazando gorriones con unas redes improvisadas, pintándolos de colores y vendiéndoselos luego a los viajeros por raras aves exóticas. En ningún momento pierde su objetivo prioritario: encontrar a la Hermandad Blanca y solicitar su admisión a ella.

De esa manera conoce al príncipe Pogocian, un filántropo pariente de los zares. No tardarán en hacerse más que amigos: hermanos, al encontrar variados puntos e intereses místicos en común. Mientras son asistidos en un antiguo monasterio cristiano, logran hacer furtivamente la copia de un milenario mapa de Egipto antes de las arenas y antes del Diluvio Universal. Gurdjieff aprende que cuando los primeros habitantes de las orillas del Nilo llegaron, gran cantidad de sus pirámides, incluyendo la Esfinge, ya se encontraban en el sitio donde hoy pueden admirarse, probablemente dejadas por otros hombres, aún más antiguos y desconocidos que los egipcios (algunos señalarían que eran gigantes). A partir de entonces Gurdjieff se convertirá en un experto en dólmenes, menhires, pirámides y monumentos paleolíticos y prehistóricos, mucho más que bastantes arqueólogos y antropólogos occidentales.

Remontando el cauce del Nilo, apenas con unos cuantos camellos y cabras, Gurdjieff y el príncipe Pogocian se sumergen en lo más profundo de Oriente, encontrando por pura casualidad a un camellero del desierto, un judío mitad francés y mitad sirio, quien por buena fortuna suya pertenece a la Hermandad Blanca, a la cual venían buscando desde mucho tiempo atrás. Para entonces contarán con las habilidades extraordinarias de Gurdjieff para orientarse a partir de los astros, las montañas y los monumentos históricos de los antiguos sabios, dejados exclusivamente para ser leídos por aquellos que saben interpretarlos.

Les hacen jurar absoluto secreto acerca de la ubicación del monasterio. Con los ojos cerrados son guiados a través del desierto hasta el ansiado Sarmug. Tardarán 2 días en llegar hasta su destino. Lo que los miembros de la Hermandad ignoran es que a pesar de ir con el rostro cubierto, Gurdjieff es capaz de orientarse incluso con los ojos cerrados, a partir de las vueltas y la ubicación de ciertas señales prehistóricas que sólo él, por sus conocimientos, puede identificar.

Al inicio sienten no encajar en el monasterio pues no logran encontrar más que a algunos pocos niños y mujeres, quienes se encargan de llevarles la deliciosa comida que les es servida e intercambiar con ellos unas pocas palabras.

Finalmente son recibidos por el maestre del lugar, un anciano de más de 150 años de edad, quien perteneció a una secta de derviches antes de formar parte de la Hermandad. Pronto son iniciados, ejercitándose en diferentes disciplinas: meditación, danza, música, disertación. Gurdjieff también aprovechará para convertirse en experto bailarín y maestro de danzas sagradas. Las danzas de los derviches que les son reveladas están destinadas a emular directamente el movimiento de los astros y los procesos del universo. Quienes participan y gozan la fortuna de haber sido iniciados en ellas, tienen la posibilidad de contactar con energía universal a través de movimientos muy bien cuidados.

En el mismo monasterio Gurdjieff entra en contacto con la música sagrada, interpretada por sabios desde tiempos remotos, probablemente desde la época de Orfeo y Hermes Trimegisto. George ya poseía variados conocimientos musicales: sabía interpretar la guitarra y su padre le transmitió el dominio del canto, el armonio y la flauta. Empero, Gurdjieff descubrirá que la antigua música de Oriente posee facultades terapéuticas y espirituales, haciendo entrar en contacto a sus intérpretes y escuchas con singulares trances y estados de conciencia. Una de sus conclusiones más importantes acerca del arte sacro consistirá en el hecho de que antiguamente las disciplinas artísticas, incluyendo la música, la escritura y la arquitectura, tenían la finalidad de acercar a los iniciados a preciosos valores universales y transmitirles conocimientos muy difíciles de encasillar en el lenguaje ordinario. La música de Oriente, según George, consistía principalmente en el alargamiento de una o dos notas solamente, llevándolas hasta alcanzar estados fuertemente extáticos y espirituales.

Toda esta serie de disciplinas sagradas le ayudará a formular lo que más tarde será la psicología del Cuarto Camino, la cual dedicará el resto de su vida a practicar, enseñar y difundir, convirtiéndose más tarde él mismo en uno de los más grandes maestros espirituales.

Transcurren 2 años viviendo, estudiando y trabajando en Sarmug. En un momento dado, Gurdjieff decide que su momento de abandonar el monasterio está cerca. Por su parte, el príncipe Pogocian sufrió fuertes experiencias espirituales en aquel sitio. El anciano padre provincial le revelaría que no le quedaba mucho tiempo de vida, por lo que Pogocian decide pasar sus últimos días tranquilo, en retiro, dentro del monasterio.

Con un par de camellos Gurdjieff abandonará para siempre el que fuera su hogar y su escuela, dejando a su mejor amigo y hermano en aquel lugar.

(Fuente: http://pijamasurf.com/)

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