domingo, 8 de marzo de 2015

LA TELEVISIÓN DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ENSUCIA LA MEMORIA DE LOS MÁRTIRES DEL POST-FRANQUISMO




Ya sabemos que el término "terrorista" es un comodín que sirve para descalificar a cualquiera que no secunde el pensamiento oficial, al margen de que coloque bombas contra inocentes o realice protestas pacíficas. En nuestro -"su", para qué engañarnos- país la mera mención del término agita el rescoldo de la memoria colectiva, castigada por la atrocidad de una E.T.A. que hizo gala de un carácter sanguinario sin precedentes. Por ello, resulta especialmente deplorable la ligereza con que el innoble Carlos Cuesta, uno de los "opinadores" a sueldo de 13Tv -canal cuyo accionariado está en un 51 % en manos de la Conferencia Episcopal- utilizaba el término en el programa "El cascabel" el pasado 3 de marzo para referirse a los obreros asesinados por la policía en lo que conocemos como la "matanza de Vitoria".



Los hechos ocurrieron el 3 de marzo de 1976 en la localidad de Vitoria-Gasteiz (Álava), pocos meses después de la muerte del dictador Franco y en plena "transición" española durante una jornada de huelga en contra del decreto de topes salariales y en defensa de mejores condiciones de trabajo. La Policía Armada lanzó gases lacrimógenos para desalojar a los trabajadores que estaban reunidos en asamblea en la iglesia de San Francisco de Asís, situada en el barrio obrero de Zaramaga, y disparó contra los obreros que salían de la iglesia, actuación que se saldó con cinco personas muertas y más de 150 heridos de bala".

Desvergüenza institucional en grado sumo: los responsables políticos de la
masacre visitan a los supervivientes, incapacitados para volverles la espalda

Esto sucedió siendo ministro responsable de la fuerzas del orden Manuel Fraga Iribarne, que se encontraba en Alemania cuando tuvo lugar la masacre y era sustituído en sus funciones por el Ministro Secretario General del Movimiento, Adolfo Suárez González. El discurso oficial -sin derecho a réplica- ha convertido a ambos en santos laicos de una Transición que se pretende "modélica" solo por ejemplificar la humorada de Les Luthiers según la cual "la buena conciencia es un síntoma de mala memoria".

Martín Villa, con el luego presidente del COI Samaranch,
luciendo desodorante a la manera romantica (sin tilde,
de "Roma", imperio caído, y "antica", antigua)
Como uno de los -interesados- requisitos de la Transición fue pasar página y no investigar las culpas de los que iban a ser promocionados a protagonistas del cambio político, las responsabilidades penales derivadas de la matanza están siendo investigadas por una juez argentina, y no por tribunal español alguno. Lo cual resulta enormemente tranquilizador para Rodolfo Martín Villa, que entonces era ministro de Relaciones Sindicales, y para Utrera Molina, suegro de Alberto Ruiz-Gallardón y una de las cabezas asintientes -que no pensantes- del paradójicamente inmovilista Movimiento, encausados ambos por la juez Servini.

A los cinco obreros asesinados a sangre fría es a los que el difamador conocido como Carlos Cuesta, que ejerce de algo que osa llamar "periodismo", ha definido cínicamente como "terroristas", con el fascista aplomo de un calumniador profesional al que esperamos que los tribunales pongan en su sitio.

(posesodegerasa)

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