viernes, 20 de marzo de 2015

EL AVE SOLITARIA QUE BUSCA EL CONOCIMIENTO




Carlos Castaneda cita a San Juan de la Cruz, el poeta místico español como epígrafe a su libro "Relatos de Poder". La cita es importante ya que de alguna manera, como un símbolo, sintetiza todo un cuerpo de conocimiento:

Las condiciones del pájaro solitario son cinco. La primera, que se va a lo más alto; la segunda, que no sufre compañía aunque sea de su naturaleza; la tercera, que pone el pico al aire; la cuarta, que no tiene determinado color; la quinta, que canta suavemente.


Los hombres de conocimiento de la tradición que enseña Don Juan Matus, el mítico brujo que toma “bajo su ala” a Castaneda, se convierten literal y metafóricamente en ese pájaro solitario. El vuelo es abstracto pero necesita del ejemplo de la concreción para elevarse a las aluras de los cielos metafísicos.

Si bien la obra de Castaneda plantea una disciplina extraordinaria (impecable en sus palabras), casi impracticable para un hombre común embebido en el paradigma cultural que padecemos, la idea fundamental del pájaro solitario contiene una enseñanza hasta cierto punto accesible y, sobre todo, sumamente relevante para nuestra experiencia cotidiana. Admite una lectura dentro de un marco de psicología existencial, donde no necesariamente se tiene que pertenecer a y practicar una tradición oculta, como el llamado sendero del nagual. Básicamente: el descondicionamiento o la desprogramación de la colectividad para el surgimiento de la individualidad. La máxima que todos hemos escuchado al punto del lugar común: sé tú mismo.


Si es que existe dentro de nosotros un espíritu allende y sobre todo aquende la ilusión del ego y de la construcción lingüística del yo (de ese diálogo interno que modela un mundo límite), entonces la forma de acceder o, mejor dicho, de ser poseído por el espíritu es abandonar la programación cultural de la que somos objeto. “La cultura es tu sistema operativo”, dijo Terence McKenna haciendo uso del lenguaje cibernético, y dentro de ese código existen solamente ciertas posibilidades de ejecución: no podemos volar si somos hombres como los hombres. Pero si somos un hombre solitario, “que no sufre compañia aunque sea de su naturaleza” podemos no tener “determinado color” y elevarnos a las alturas intocadas. Paradójicamente el pájaro-hombre solitario es el que está más unido con toda la existencia, al estar unido consigo mismo. La palabra alone proviene de all-one: todo uno.

No es necesario invocar dotes espirituales de mística trascendental para asimilar esto y dar fruto. La verdadera divisa de cambio del universo es la energía; vivimos en un mercado voraz — vampírico en su inconciencia– de flujos energéticos, devorando y siendo devorados por nuestros semejantes y posiblemente por fuerzas y entidades invisibles. Todas nuestras relaciones son transferencias de energía, pero dentro de esta vorágine en la que rara vez tenemos control, es posible encontrar un equilibrio que es también una ética. De entrada alimentarse del sí mismo de tal forma que no necesitemos conectarnos permanente a la corriente energética del sistema colectivo y cultural de nuestros semejantes. Conjeturo que, y esto es una teoría optimista, sólo así sería posible entablar una circulación de energía no-predatorial. Tal vez esta sea la física iluminada del amor: una relación alada en la cual la energía no se se consume, se crea. Y al crear más energía el universo lo celebra y te sonríe. Ese es el polvo de luz, el polvo de hadas, el polvo enamorado más allá de la muerte.

Alejandro Martínez Gallardo
(Fuente: http://pijamasurf.com, entrada publicada originalmente el 11 de junio de 2013)

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