lunes, 9 de marzo de 2015

CARTA ABIERTA AL PADRE DEL "CHICO DE LA PATADA"




Creo que a estas alturas todos hemos visto la cobarde y gratuíta agresión de un niñato consentido a una mujer que espera el autobús en Barcelona, y sabemos de su identificación gracias a la colaboración ciudadana. Si bien este blog no juega a ser una reseña de sucesos, esta vez las circunstancias me invitan a tomar la palabra para dirigirme a quien tuvo el derecho y el deber de ser el primer educador del agresor.



Señor Luis Fernando Gª

Tengo el atrevimiento de dirigirme a usted en respuesta a unas supuestas declaraciones efectuadas al diario EL MUNDO y publicadas el pasado domingo dia 8, en las que parece que justifica el proceder de su retoño.

Se que la prensa escrita suele exagerar, cuando no tergiversar, informaciones que, con un pequeño retoque de tremendismo, resultan más vendibles. Si eso es lo que usted ha padecido, le ruego que ignore las líneas que aparecen a continuación, y me atrevo a recomendarle que ejerza su derecho a no ser tergiversado, acudiendo a los tribunales si es preciso. Si no lo hace, doy por supuesto que asume dichas declaraciones y que éstas han sido reproducidas con veracidad. En ese caso, me tengo por insultado por usted, lo que me otorga el derecho moral de responderle.

"Ha hecho una tontería como usted podía haber hecho, como cualquiera que se tome dos copas de más" es la frase textual con que parece pretender usted quitar hierro a un agresión que el mismo artículo demuestra que no fue ni única ni "espontánea". Si el reportero a quien se la dirige lo acepta, es cosa suya, supongo que la profesionalidad le impide el lujo que yo sí puedo otorgarme a mí mismo en este blog. Y, en primer lugar, su hijo no "ha hecho", ha reincidido. Y segundo, no en una "tontería", sino en una agresión feroz contra una mujer desprevenida, no contra alguien que pudiera responderle como merece, sino contra una viandante a la que ha causado un esguince de tobillo como hubiera podido causarle un daño mayor. Así que quienes califican su conducta como propia de un psicópata no andan errados (y la definición de "psicopatía" no depende de usted ni de mí, sino que la autoridad lingüística, en este caso la R.A.E., establece claramente como "anomalía psíquica por obra de la cual, a pesar de la integridad de las funciones perceptivas y mentales, se halla patológicamente alterada la conducta social del individuo que la padece"). Su hijo es un ejemplo de conducta social alterada. Nadie normal y equilibrado se divierte con el dolor que inflige a terceras personas. Si hay que buscar antecedentes a su conducta tendríamos que acudir a ejemplos nada edificantes, ya sea de personalidades trastornadas, ya de entes de ficción como el Alex de "La naranja mecánica". Y si alguien le hubiera hecho a su hijo -o a su hija, su mujer o a un familiar- lo que él ha hecho a otras personas, créame que no sería usted tan tolerante.

Finalmente, usted afirma que con "dos copas de más" cualquiera podría haberlo hecho. No es verdad. Vivimos en un país en el que se da una gran permisividad social con el alcohol, aunque afortunadamente no con el maltrato. El alcohol puede disolver la lucidez, pero es consumido a mansalva durante los fines de semana y rara vez nos encontramos con atrocidades -que no "tonterías"- como la protagonizada por su hijo. Los valores, el respeto al otro, la urbanidad no son tan fáciles de disolver, a no ser que carezcan de la suficiente entidad. No dudo de que usted habrá intentado educar a su hijo con seriedad y del mejor modo que ha sabido, como cualquier padre. Me resisto a pensar que en lo ocurrido en Barcelona está la continuación de otras "gracietas" del niño que eran reídas y jaleadas en el ámbito familiar y le han llevado a crecerse en sus ocurrencias hasta llegar a lo del otro día. Y se que es imposible saber con qué compañías se junta un hijo. Pueden ser -como en este caso- cómplices morales de dudosas "hazañas" en vez de intentar disuadirle de consumarlas.

Créame que no pretendo subirme a ningún púlpito ni sermonearle desde ninguna falsa superioridad moral. Entiendo lo que esta usted pasando, y el cuestionamiento que padece. Por mi parte, nada encuentro más natural que usted busque proteger a su hijo, pero no a costa de insultar a toda la ciudadanía practicando lo que, en un lenguaje más gráfico que correcto, se llama "aplicarle el ventilador a la mierda". No pretenda salpicar a los que tal vez en alguna ocasión no hayamos medido suficientemente lo que bebíamos, pero no por ello hemos abusado del indefenso ni cometido tropelía ninguna. No formo parte de la masa que espera un signo de contrición por su parte o la de su hijo, pero tampoco me parece de recibo su forma de justificar lo injustificable del modo en que usted lo ha hecho.

Es todo cuanto tenía que decirle. Imagino que, dada la habitual lenidad de la justicia española, la sanción que su hijo habrá de cumplir no será excesiva. Confío en su buen consejo de padre para que Mario sepa que no siempre se tiene una segunda oportunidad, y aproveche la suya. Aunque su pasado le persiga, no está condenado a ser el villano a quien hace unos días encarnó.

Atentamente:

Un ciudadano insultado

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