martes, 10 de marzo de 2015

CARLOS CASTANEDA, UN GUERRERO ESPIRITUAL DE NUESTRO TIEMPO



En el mítico y contracultural año de 1968 vio la luz un libro que transformó, literalmente, las vidas de millones de personas. Su título era “Las enseñanzas de don Juan”, y su autor un joven antropólogo hasta entonces desconocido por el mundo académico, llamado Carlos Castaneda, que con dicho escrito se graduó en la Universidad de California. Más allá de ser una mera tesis universitaria al uso, el autor pretendía glosar su iniciación en el mundo de la hechicería de los indios yaqui de la mano de un enigmático y poderoso chamán, don Juan Matus, continuador de un linaje secreto de brujos toltecas. Castaneda encontró a don Juan en una estación de autobuses en Nogales, Arizona, tomándole, en un principio, como una valiosa fuente de información para su investigación acerca de las “plantas de poder”, psicotrópicos como el peyote o el hongo de San Pedro, sobre las que estaba trabajando.

Pese a la fría y displicente acogida del viejo indio, éste consiguió movilizar la progresiva fascinación de Castaneda, quien en años sucesivos realizaría numerosas visitas a don Juan en su residencia de Sonora (Méjico), donde a través de su aprendizaje del uso de alucinógenos asumiría su conversión en aprendiz de chamán. Don Juan introdujo a Castaneda en su círculo de brujos, compartiendo con él una visión del mundo de increíble complejidad. De hecho, en 1965 Castaneda abandonó la experimentación con las drogas, temeroso de estar perdiendo la razón, para iniciar un aprendizaje a la vez práctico e intelectual del que saldrían una serie de libros de enorme éxito: tras “Las enseñanzas de don Juan”, prologado por Octavio Paz, vieron la luz “Una realidad aparte” (1971), “Viaje a Ixtlán” (1973), “Relatos de poder” (1975), “El segundo anillo de poder” (1977), “El don del águila” (1981), “El fuego interno” (1984), “El conocimiento silencioso” (1987), “El arte de ensoñar” (1993), y “El lado activo del infinito” (1999).

En este extraordinario ciclo literario, el autor presenta una concepción de la realidad absolutamente alejada de la visión cerrada y cartesiana a que nos hemos habituado en Occidente. Castaneda refiere que a la vez que recibía un aprendizaje “convencional”, don Juan le hacía llegar enseñanzas sub-liminares (en un estado de “conciencia acrecentada”) que tardó años en recuperar. Solo la partida de su maestro de este mundo le puso en la situación de responsabilizarse del legado recibido, descubriéndose a sí mismo como un chamán moderno que asumió la decisión de compartir su sabiduría.



(Entrada publicada originalmente el 9 de enero de 2012)

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