miércoles, 18 de febrero de 2015

UTOPÍA: EL MITO DE UN ESTADO PERFECTO (6ª parte)



El perfil de la naciente utopía moderna queda incompleto sin señalar su carácter de pensamiento cristiano, si bien pensamiento secular, en el que la idea mística del Paraíso se terrenaliza en la ciudad ideal.

Utopía es, verdaderamente, el Paraíso terrenal recuperado para la esperanza de los hombres, alcanzable mediante la ordenación racional de la vida social y no mediante los méritos religiosos individuales, si bien el utopismo renacentista abunda en manifestaciones teocráticas y milenaristas: Tomas Münzer anuncia violentamente en Alemania su lectura social del Evangelio y el inminente establecimiento del reino de los cielos en la tierra hasta que el hacha del verdugo pone fin a su predicación en 1525; Johann Valentin Andreae, curioso teólogo protestante con tintes de librepensador, propugna en "Christianopolis" una sociedad perfecta, regida por los principios evangélicos e inspirada en la "Utopía" de Moro; finalmente, el autor de la "Civitas Solis" propone en "Monarchia Messiae" la unidad de toda la cristiandad bajo el gobierno papal, recuperando al cabo de tres siglos las tesis gibelinas que Dante combatiera (muchos contemporáneos de Campanella creyeron ver descubiertos en su obra los planes secretos de la monarquía hispánica, destinada a ser el brazo armado de la hierocracia papal). Esta propuesta de gobierno teológico será rebasada por la filosofía liberal y antidogmática de "La Ciudad del Sol", verdadera antítesis de la "Ciudad de Dios" agustiniana, habitada por la Gracia, don que administra en exclusiva la Iglesia. Para Campanella, la guía de la razón natural no difiere esencialmente del estado de gracia (también los ilustrados sostendrán que "la Razón es la verdadera Revelación"). Su optimismo antropológico resuelve la ordenación de la vida social sin el auxilio sobrenatural, cediendo solo en colocar frente al gobierno de Heliópolis a un rey-sacerdote de una vaga creencia deísta, y ello porque el sacerdocio eleva a un individuo sobre el común de los mortales (nada queda, pues, en el dominico de 1602, proscrito y encarcelado, de aquél teócrata ilusionado de "La Monarquía del Mesías").

El utopismo renacentista nace de la filantropía que impregna el pensamiento cristiano, por cuanto el humanismo cristiano es fundamentalmente utópico. El "Sol" o "Metafísico" que gobierna la Ciudad del Sol ilustra ejemplarmente este carácter filantrópico: sólo es elevado a Sol el más sabio de los heliopolitanos, y no porque su saber garantice la eficacia de su gobierno, sino porque su sabiduría sí garantiza la bondad del mismo.

En Utopía habita no la rigidez legalista de Platón ("tienen muy pocas leyes, pero suficientes para un pueblo culto y disciplinado", Utopía, libro II), sino el espíritu de paz y justicia que se desprende de la radicalidad del Evangelio. Y este espíritu se muestra tolerante con toda religión y con todo escepticismo. Lejos del fantismo y de las pasiones que enfrentan a las distintas facciones religiosas en toda Europa, en Utopía hallamos un sincero respeto hacia todo culto, y una abierta condescendencia con el ateísmo. La libertad religiosa cristaliza aquí en una religión natural universal, de un vago contenido doctrinal, pero capaz, por lo mismo, de subsumir en sí a toda creencia. La misma propuesta de tolerancia religiosa aparece en todas las utopías humanistas.



(posesodegerasa)

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