miércoles, 24 de diciembre de 2014

LA HUELLA DE LOS TEMPLARIOS EN EL DEVENIR DE LA HISTORIA (8ª parte)



Los merovingios eran otro nombre para el linaje de la Hermandad Babilónica. El Priorato de Sión ha estado dedicado a intentar restaurar la línea Merovingia en el trono de Francia. Pero nunca fueron realmente la monarquía de Francia, porque este país aún no existía como tal.

El símbolo del linaje de Dragón en Sumeria fue llamada un Gra-al, también conocido como la Marca de Caín. El Caín bíblico parece que era uno de los primeros resultado de un cruce anunnaki-humano que siguieron a Adán.

Este Gra-al es el origen del supuesto Santo Grial y esta es la razón de que su equivalente en francés antiguo signifique “Sangre Real“. El emblema del Gra-al en Sumeria era una copa de rocío o una Rosi – Crucis. Es descrito en registros egipcios, sumerios, fenicios y hebreos como una copa decorada con una cruz roja dentro de un círculo. Éste es el origen verdadero de la Copa del Grial, que parece ser no fue la que recogió la sangre de Jesús en la crucifixión. Fue la copa que simbolizaba el útero de una mujer y el linaje ario.

El término Rosi-Crucis fue el origen de los Rosacruces, una antigua sociedad secreta que ha trabajado para asegurarse que los linajes arios continuasen ocupando los puestos de poder. Uno de los autores que están vendiendo la idea de relacionarlo con Jesús es Sir Laurence Gardner, Canciller de la Corte Imperial y Real de la Soberanía del Dragón, heredera de la anterior Corte Real del Dragón de Egipto. Es también Prior de la Iglesia Celta del Sagrado Pariente de Santa Columba, representando a la paloma de Semíramis. También fue miembro de la Guardia de la Casa Noble de la Casa Real de Stewart, o casa de los Estuardo, de la línea Merovingia. Asimismo es conocido como Preceptor de los Caballeros Templarios de Saint Anthony.

Es curioso en que insista en que el linaje del Santo Grial se relaciona con Jesús cuando se supone que debe saber que no lo es. La Iglesia Católica Romana retiró su apoyo a los Merovingios, que perdieron su poder y se desvanecieron de la escena pública hasta los últimos años.

Otro monarca de linaje ario se convirtió en el rey de los Francos. Su nombre era Carlomagno, uno de los monarcas más célebres en la historia de Europa. Era un patrocinador de los mamposteros de piedra que después construyeron las catedrales góticas de Europa para los Templarios.

En Toulouse se dice que fundó una logia de la Orden Rosacruz, que parece tiene sus orígenes en el antiguo Egipto.

Carlomagno extendió el imperio Franco y en el año 800 fue entronizado como Emperador de Occidente durante el papado de León III.

La iglesia de Roma, vinculada con Babilonia, controló gran parte de Europa occidental y central. Esta dominación fue completa cuando la oposición militar a Roma, los Hohenstaufens o Gibelinos, fueron derrotados por los Güelfos, nombrados por Welf, el Duque de Bavaria, en 1268. Pero, ¿qué representaron los güelfos y gibelinos en la historia europea?

Los términos güelfos y gibelinos proceden de los términos italianos guelfi y ghibellini, con los que se denominaban las dos facciones que desde el siglo XII apoyaron en el Sacro Imperio Romano Germánico, respectivamente, a la casa de Baviera, concretamente los Welfen, pronunciado Güelfen, y de ahí la palabra «güelfo», y a la casa de los Hohenstaufen de Suabia, señores del castillo de Waiblingen, y de ahí la palabra «gibelino».

La lucha entre ambas facciones tuvo lugar también en Italia desde la segunda mitad del siglo XII. Su contexto histórico era el conflicto secular entre el Pontificado, que pasaría a estar apoyado por los güelfos, y el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, apoyado por los gibelinos. Esto es, los dos poderes universales que se disputaban el Dominium mundi.

En Alemania, tras la muerte sin descendencia del emperador Enrique V, en 1125, los príncipes, a instancias del canciller imperial Adalberto, arzobispo de Maguncia, eligieron al Duque de Sajonia como Lotario II el mismo año de 1125. Sin embargo, estalló la guerra civil, puesto que los sobrinos y herederos de Enrique V, que eran Federico II, duque de Suabia, y Conrado, de los Hohenstaufen, exigieron además de las tierras patrimoniales de los salios, en Franconia renana, las tierras que la corona había ido adquiriendo.


En esta situación, Conrado III fue coronado rey de Italia en 1128 con apoyo de Milán, pero no consiguió asegurarse allí una buena posición, ya que el papa Honorio II (1124–1130) se negó a reconocerle, así como las ciudades enemigas de Milán como Novara, Pavía, Cremona, Piacenza o Brescia. En cambio, el rey Lotario II se aseguró el apoyo de Enrique el Soberbio, de la dinastía de los Güelfos, que era duque de Baviera y también marqués de Toscana y de Verona, y al que le hizo yerno suyo en 1127.

Aunque la guerra terminó en 1135 con la sumisión de Conrado III, las tornas cambiaron en 1137 al morir el emperador Lotario II. Conrado III fue elegido Rey de Romanos frente a Enrique el Soberbio, heredero de Lotario. Rey de Romanos fue el título usado en el Sacro Imperio Romano Germánico por un emperador futurible, que no había sido coronado por el Papa, y que por lo tanto no podía intitularse Emperador. La guerra se reinició entre Conrado III y Enrique el Soberbio, quien falleció en 1139. La continuó su hermano Güelfo VI.

Es en el asedio de Weinsberg en 1140 cuando los nombres de ambas facciones fueron establecidos por los gritos de guerra, güelfo (contrarios a los Hohenstaufen) y Waiblingen (el nombre de un castillo de los Hohenstaufen, que daría lugar al término gibelino). A pesar de firmar un acuerdo de paz en 1142, tras el fracaso de la Segunda Cruzada, Güelfo VI prosiguió la revuelta, que de todas maneras entró en la fase final con el fallecimiento en 1150 de Enrique Berenguer, Rey de Romanos e hijo de Conrado III.

En 1151, Güelfo VI pactó con su sobrino Federico III, duque de Suabia (a la sazón también sobrino de Conrado III), la sucesión en el Imperio a cambio de tierras. Así, a la muerte de Conrado en 1152, fue elegido Federico I, con lo que el Güelfo obtuvo tierras italianas, siendo designado como marqués de Toscana y duque de Espoleto.

Con la elección como rey de Alemania de Federico I Hohenstaufen, conocido como Federico Barbarroja, en 1152 y su posterior coronación en 1155, la facción gibelina triunfó en el territorio imperial. Dado que Federico deseaba reafirmar en Italia la supremacía imperial que las comunidades habían sustraído al Imperio con el apoyo del papado, bajo su reinado (1152–1190) se verificó un desplazamiento de los términos güelfo y gibelino desde la zona alemana a la italiana, donde pasaron a denominar, respectivamente, a los partidarios del partido papal y a los defensores de la causa imperial.

En Italia, por lo tanto, hubo ciudades como Florencia, Milán y Mantua que abrazaron la causa güelfa, mientras que otras como Forlí, Pisa, Siena y Lucca se unieron a la causa imperial. La elección tenía varias motivaciones. En primer lugar, la búsqueda de la autonomía impulsaba a ciudades bajo el control del Imperio a buscar la alianza con el Papa (como pasaba en el caso de Milán) mientras que las ciudades bajo la influencia del papado buscaban la ayuda del Imperio (como era el caso de Forlí); en segundo lugar, se elegía un partido simplemente por oposición al partido a favor del cual se había declarado la ciudad rival (si Milán era güelfa, Pavía tenía que ser gibelina; si Forlí era gibelina, Faenza sería güelfa, etc.) siguiendo el viejo principio de que «los enemigos de mis enemigos son mis amigos».

Todo esto condujo a la creación del Sacro Imperio Romano Germánico, una verdadera dictadura papal. De ella hablaremos en el próximo capítulo.

(Fuente: http://oldcivilizations.wordpress.com/)

No hay comentarios:

Publicar un comentario