lunes, 10 de noviembre de 2014

"DEATH", LA BANDA QUE SE ANTICIPÓ A LA ECLOSIÓN DEL "PUNK"


Después de la reivindicación del genial e ignorado Sixto Rodríguez gracias al film "Searching for sugar man" (Malik Bendjelloul, 2012) llega, también gracias al documental, el re-descubrimiento de una banda de Detroit que se adelantó al punk varios años, los suficientes para que su casi imposible propuesta acabase siendo ignorada. La furia y la crudeza de la música que perpetraban tres hermanos devotos de los Who merececía ser reivindicada antes de que cayese en el olvido definitivo.

Si escribiera en el mismo párrafo las palabras: punk, Detroit, 1973, tres hermanos afroamericanos, Pete Townshend y los Testigos de Jehová seguramente me tildarían de psicópata o me estarían metiendo en una camisa de fuerza. Por inverosímil que parezca estos elementos se juntaron a mediados de los setenta en la ciudad de Detroit, Michigan, para crear el primer grupo de protopunk, con influencias de sus colegas del Motor City MC5, que se quedaron en el garaje, rozando la hostilidad del punk. Es increíble que estuvieran tocando puro rock en la mismísima Motown, donde imperaban los sonidos melifluos de Sam Cooke y Aretha Franklin. En ese lugar y en ese tiempo los músicos negros sólo tocaban soul.

Pero los hermanos Hackney —David, Bobby y Dannis— pecaron de futuristas, porque su música, su color de piel y el nombre del grupo eran ingredientes comparables a Tristan Tzara en el Cabaret Voltaire en Zurich en 1916, con sus poesías fonéticas dadaístas que carecían de sentido y dejaban al público boquiabierto. Como si el mitológico Ícaro hubiera tenido una banda de punk, se acercaron demasiado al sol creativo y pecaron de visionarios. O, mejor dicho, uno de ellos fue el que más pecó: el fundador y guitarrista David.

No hay historia igual en el mundo del rock. Es emocionante y a veces desgarradora, el relato de una férrea visión incorruptible y del amor fraternal inquebrantable que ni Clive Davis de Arista Records pudo romper con la promesa del estrellato y millones de dólares. Desde chicos los hermanos habían aprendido la lección principal de su padre Earl Hackney, la mayor influencia de sus vidas, que murió joven en un accidente de tránsito. Él siempre les dijo: “Always back your brother”, es decir: apoya a tu hermano. Y así lo hicieron.

Todo estaba listo. Las canciones originales eran excelentes y los hermanos Hackney las ejecutaban con una alegre y desenfrenada cacofonía desde el cuarto de arriba de su casa a las afueras de Detroit. Pero había un problema: Death. Es allí donde entramos al elemento punk. Para el ‘74 el nombre Death era todavía demasiado pesado y nadie quería tener nada que ver con algo que se llamara así. Los nombres punk novedosos de los pioneros británicos no saldrían hasta el ‘76, como The Damned y The Sex Pistols. Death precedió lo que es considerado el nacimiento del punk por al menos 2 años, y después de ese retraso el gusto del público finalmente alcanzaría al punk. Grupos como The Ramones, The Clash y los mismos Pistols se quedarían como los fundadores históricos de ese movimiento. Pero David, que soñaba tocar acordes como Pete Townshend y solos como Jimi Hendrix, era una persona espiritual, y había tenido la visión de que el grupo se iba a llamar Death. No había otra opción.

Los otros dos, el baterista Dannis y el bajista y cantante Bobby, le rogaron de mil formas que cambiaran el nombre. No hubo manera. A los pocos años, hartos de la lucha y los rechazos, terminaron con la banda. Bobby y Dannis se fueron a formar un grupo de reggae con éxito moderado y David regresó a Detroit sintiéndose solo y traicionado.

David era el de la visión férrea y una fe ciega en sus instintos. Poco antes de morir prematuramente le entregó a Bobby los masters del único disco de Death. “Cuídalos bien”, dijo, “porque un día el mundo vendrá a buscarlos”.

Es una trama que junta el amor familiar con las tragedias familiares, con la historia completamente única de unos hermanos que nunca se dieron por vencidos y llevaron su música hasta las últimas consecuencias.

Esta es una de esas historias reales e inspiradoras que salen sólo una vez por generación. No hay manera de no sentirse conmovido, y de alguna forma espiritualmente elevado después de ver "Death, una banda llamada Muerte". El re-descubrimiento de Death podría ser considerado un milagro si no fuera un testamento a la visión de David Hackney, un personaje trágico en el tradicional paradigma shakespeareano, pero un héroe en el mundo de los sueños inmortales. No va a haber otro caso así pronto. Estas joyas aparecen muy de vez en cuando, para todos aquellos que han visto sus sueños romperse en añicos en algún momento. También es una prueba de que los sueños nunca mueren.

(Fuente: Pijamasurf)

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