lunes, 6 de octubre de 2014

¿FUERON LA MASONERÍA Y LOS SERVICIOS SECRETOS LOS INSPIRADORES DE LA TRANSICIÓN?



La historia es una ciencia caracterizada por una absoluta inestabilidad: cada nuevo descubrimiento obliga a reescribir sus dogmas, incapaces de establecer una verdad definitiva. El distanciamiento de los hechos que refiere ayuda, por tanto, a abrir perspectivas sobre la realidad antes ocultadas por la fuerza de la propaganda. Pues no otra cosa que propaganda es lo que ha vestido la Segunda Restauración Borbónica con el noble ropaje de una Transición que solo lo fue en las formas, salvaguardando el poder absoluto para aquellos que nunca han de rendir cuentas en las urnas: Banca, oligarquía industrial, Iglesia, ... y Masonería.

La desaparición de escena de dos de los principales protagonistas de la transición -Adolfo Suárez por defunción y el rey Juan Carlos por abdicación-, ha sido el momento elegido por el general Manuel Fernández-Monzón para desvelar algunos de los secretos mejor guardados de la época en la que trabajaba en los servicios de información del ejército. Con ayuda del historiador Santiago Mata, este militar que tuvo altas y diversas responsabilidades en los servicios de inteligencia desde 1972, e incluso fue quien redactó el proyecto de reforma del sistema de inteligencia en abril de 1981, relata cómo se vivió en las zonas opacas del Estado el paso de la dictadura a la actual democracia.

Su principal revelación es que los problemas que aquejan a la España actual ya estaban entonces de manifiesto y que entonces, como ahora, la clase política no tuvo valentía para decir la verdad a los españoles. Donde se siguieron las pautas marcadas por los expertos en inteligencia, la Transición fue un éxito. Sin embargo, en lo que no fue previsto, se improvisó o se contradijo a los consejeros: un fracaso. Las autonomías, el terrorismo, la falta de discusión y consenso sobre la monarquía o el papel del Ejército y, sobre todo, el afán por contentar a la izquierda en una derecha carente de líderes y de valores han demostrado ser demonios familiares que amenazaban y siguen amenazando a la democracia española.

En "El sueño de la transición", Fernández-Monzón sostiene que fueron los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Alemania y de España los productores de una transición en la que el rey Juan Carlos y Adolfo Suárez se limitaron a interpretar a la perfección el papel que les había sido asignado. De hecho, el general asegura que ni Juan Carlos I ni Adolfo Suárez tuvieron nada que ver en la previsión, preparación y diseño de la transición del franquismo a la democracia. “El guión se produjo, se diseñó, se elaboró y se concretó hasta el más mínimo detalle a partir del 27 de febrero de 1971, cuando visitó España el general Vernon Walters como embajador volante del presidente de Estados Unidos, Richard Nixon”, apunta Monzón en la obra, recién editada por La Esfera de los Libros.

En este proceso, fue el presidente del Gobierno franquista desde el 9 de junio de 1973 hasta su asesinato el 20 de diciembre de ese mismo año, Luis Carrero Blanco, el “líder de la pretransición”. Según Fernández-Monzón, “el principal objetivo político de Carrero blanco fue conseguir el nombramiento de Juan Carlos de Borbón como príncipe de España”. En este contexto, el general se pregunta si confiaba tanto Franco en Juan Carlos. Su respuesta es tajante: “Yo creo que no. Confiaba en el sistema monárquico, que había durado mil años, y pensaba que por algo sería”.

Precisamente, respecto a la reinstauración de la monarquía en noviembre de 1975, Monzón desliza una hipótesis hasta ahora desconocida: la posible vinculación masónica del rey Juan Carlos. “Pienso a veces malévolamente el algún vínculo masónico. Si no, no comprendo por qué todo fue negociable, todo discutible, de todo se pudo hablar, menos de esto. ¡En aquel entonces, cuando Juan Carlos no era querido, ni respetado y además era joven!”, escribe Fernández-Monzón antes de desvelar que tuvo ocasión, porque se lo “trajeron los alemanes después de morir don Juan padre, de ver la fotocopia de una publicación en la que figuraba la incorporación suya (en referencia al rey Juan Carlos I) a la logia Royal Alfa de Londres, apadrinado por el duque de Kent y por el rey Alejando de Yugoslavia”.

Aunque el general no es capaz de concretar la influencia exacta que tuvo el “apoyo masónico al rey Juan Carlos”, reitera su sorpresa ante el hecho de que el único “eje intocable” de toda la transición fuesen la monarquía y el rey de Franco. “No lo he entendido nunca. Porque cuando todo el mundo se está moviendo en coordenadas no solo democráticas, sino suprademocráticas y excesodemocráticas, tener un jefe de Estado que es el rey de Franco, y que se obligue a todo el mundo a tragárselo desde el principio, y que todo el mundo se lo trague, Felipe con más entusiasmo que Carrillo, pero todos, absolutamente todos, resulta sorprendente”.

(Fuente: http://www.elplural.com/)

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