miércoles, 8 de octubre de 2014

ESTO NO ANDA BIEN



Si las oraciones son escuchadas, esta indudablemente lo merece. Sabiendo, eso sí, que las creencias personales son un recurso del que sacar fuerzas, pero que nadie va a emprender nuestra tarea si no la acometemos nosotros.

Hoy me senté en mi sofá, como cada tarde-noche y observé. Simplemente, presté atención.

Y lo que vi a mi alrededor no me gustó.

Observé que vivo en un mundo en el que, mire a donde mire en mi día a día, sólo se ve publicidad por todas partes.

Intentos de vendernos cuanto no necesitamos. Rodeados por todos los flancos de mensajes que nos dicen cómo vestir, cómo comer, cómo sentirnos, qué pensar, a qué grupo o etnia pertenecer, o si debemos dejar de pertenecer a grupo alguno.

Todo son instrucciones, mensajes directos o subliminales.

Música enlatada de mal gusto y peor mensaje. Porque ya no hay poesía, ni arte. La lírica imperante es la de los números, las estadísticas y los estudios de mercado.

Hoy me percaté de que vivo en un mundo donde ya ni siquiera todo se compra y se vende. Es peor aún, porque ya ni tan siquiera podemos comprar.

El dinero escasea. El Estado nos roba a través de impuestos, embargos, tasas, sanciones administrativas, multas, recursos… La corrupción de los políticos se gasta en lujos, putas, fiestas y otros conceptos de “representación” lo que los niños en los colegios no pueden disfrutar para su presente: Para su futuro.

Hoy observé que no se puede ver la televisión sin tragarse toneladas de basura, demencia, violencia y destrucción.

Las noticias no informan: contaminan el alma, la mente y el cuerpo de quienes las vemos a la hora de las comidas.

En Internet (una herramienta pensada para acercarnos, cultivarnos, liberar la formación y la información, la cultura y el arte) abundan los fraudes, las noticias falsas, las mentiras y la desinformación.

Hoy vi cómo en la calle vive gente (si a eso se le puede llamar “vida”) a la que bancos quebrados pero que mantienen la postura de vencedores, han quitado su hogar. Bancos que invierten lo que no tienen en anuncios para convencer al siguiente descerebrado para que deposite su dinero en ellos, para que les confíe la nómina, el salario, la pensión y la vejez. Esa misma que se encargarán de robarle con comisiones, porcentajes, tarjetas de crédito, descubiertos y no sé cuántas otras invenciones más (ingeniería financiera la llaman) para que no tenga mañana, o mejor dicho, para que su futuro esté embargado, como su casa, su coche y su vida entera.

Hoy escuché por radio, televisión, prensa e internet (por todas partes) declaraciones de impostores, actores disfrazados de políticos y gobernantes, diciéndonos que todo va bien, que ya estamos saliendo de una crísis que ellos han creado,que la pobreza remite, que las oportunidades aumentan y que el desempleo va mejorando.

Hoy y ayer, y el día anterior, escuché mentiras narcotizantes que aún sirven para anestesiar a muchos para que no se levanten, para que no piensen, para que no sientan ese terror que, por otro lado, en otros canales, en otros medios, ellos mismos se encargan de inocular.

Y, pese a haber visto todo esto, no he perdido la esperanza. Sigo pensando (quizá, estúpido de mi) que la decencia, la verdad, la justicia, la igualdad, los derechos, la paz y la libertad deberán triunfar finalmente.

Que podremos vivir como seres humanos y no como animales de corral a los que unos pocos apacentan, alimentan y sacrifican según la última tendencia imperante en Wall Street.

Sigo pensando que el chaval que ahora estudia en la habitación de su casa, tendrá un trabajo digno y dignamente pagado con el que realizar sus sueños.

Que la mujer que se esfuerza a diario trabajando como comercial vendiendo seguros, puerta a puerta, tendrá su recompensa.

Que el trabajador de 61 años podrá prejubilarse, porque lleva desde los 14 años esforzándose y está agotado/a. Que tendrá una senectud digna, feliz y con salud. Que vivirá para ver cómo sus hijos y nietos crecen seguros, tranquilos, autorrealizados y felices.

Sigo opinando que se puede. Que un cambio individual y social es posible, así como más necesario e imperativo que nunca.

Hoy he mirado a mi alrededor y no me ha gustado lo que he visto. De modo que seas quien seas, estés donde estés y te llames como te llames, te escribo a tí: Buddha, Jesús, Alá, Yavé, Padre, Madre … Como prefieras. Necesitamos ayuda.

Estamos sufriendo y no nos lo merecemos. No todos, al menos.

Échanos un cable, ya que esto hace tiempo que no anda bien.

Alquimista
(Visto en Periodismo Alternativo)

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