lunes, 1 de septiembre de 2014

VÍCTOR TRUVIANO, RETRATO DE UN SER EXCEPCIONAL (6): LA EVOLUCIÓN




"Todo lo que necesitas esta en el aire ... Pero nadie te lo dice o te lo dirá ... Porque el aire es gratis ..."

Cuando publiqué la quinta entrega de la serie sobre Víctor (las cuatro anteriores pueden leerse aquí, aquí, aquí y aquí) consideré que ya había dicho todo cuanto sabía, intuía o había compartido con este ser especial. Si retomo ahora el hilo de aquellas reseñas es porque recientes contactos con él me han abierto nuevas perspectivas sobre su singularidad, y sobre el extraordinario prodigio que supone no solo su supervivencia particular en unas condiciones vedadas al común de la especie humana, sino la aparición en el planeta de individuos como él en los que el cosmos muestra las posibilidades ignoradas de una evolución que apunta a trascender las limitaciones que aceptamos como naturales.

En particular, la realización de un nuevo proceso de once días (Víctor rechaza considerarlos meramente un ayuno) bajo su tutela en Santa Cruz del Valle (Ávila) este pasado mes de julio (una de las varias ocupaciones que me ha mantenido apartado del blog) me ha dado la ocasión de disfrutar de un Víctor extraordinariamente expansivo y comunicativo, algo insospechado en este inusual "iluminado", que rechaza la idea de poder enseñar algo a alguien, y que meramente "acompaña", con una solicitud y una amabilidad que, eso sí, es inevitable echar de menos.

Ya he hablado de su desinterés por constuir conceptos, "cárceles de palabras" -ignoro si sabe que está citando a Nietzsche con esta expresión- que desvirtúan la infinita riqueza de la experiencia humana. No obstante, recalca la diferencia entre el estado pránico, un mero estatus fisiológico en que los nutrientes del cuerpo son proporcionados por la respiración, y la conciencia pránica, que define como un estado mental. Para él, el ser pránico no es más que un estado completamente superficial, algo inconsistente si el corazón y la mente no están centrados. En cambio, la conciencia pránica, un estado de expansión interior que en él se da de forma plena, significa, en sus propias palabras, "atención a todos los seres y a todas las cosas que nos rodean, que tienen vida propia y, por tanto, luz propia". Permitir que esos elementos pongan su atención en nosotros -que podemos reconocerlos, por decirlo de algún modo, como absolutamente individuales y únicos- crea una reciprocidad que Víctor califica de "alquímica": la atención mutua genera una situación tan especial que enriquece cada objeto de nuestra percepción, revistiéndolo con el brillo de la divinidad.

Temo resultar torpe al sintetizar así la conciencia en que Víctor vive, pero verbalizar lo que esencialmente sucede en el silencio es algo extremadamente difícil. Quienes hemos asistido a las mágicas "sesiones de alma" que gusta de celebrar cada poco tiempo sabemos de ese reconocimiento que ocurre en la mirada: confrontados con los oscuros y compasivos ojos de este avatar, muchos se conmueven, lloran, sienten el desbordamiento de un corazón que no puede expresarse con otro lenguaje que con el de la emoción, más antiguo y más sabio que el oral.

"No existe separación cuando nos respetamos y respetamos todos los seres". Con esta sencilla fórmula expresa nuestro protagonista el deseable estado de no-separación, sin queja, dualismo ni juicio, a que conducen los variados procesos que lleva compartiendo desde hace seis años.

No obstante, ese compartir ha sido modificado y reformulado durante los últimos cuatro años, puesto que las "tranmisiones" (información recibida por el cuerpo sin la mediación de la mente) de las que Víctor es depositario han ido perfilándose y definiéndose paulatinamente. Esa es la razón principal de que el proceso "maestro", que empezó siendo de 21 días, se halla reducido finalmente a once. Víctor considera que la aceleración del pulso del planeta hace que sea necesario menos tiempo que el que inicialmente proponía. Por esta razón, ha abandonado el proceso de tres semanas, cuya última convocatoria se dio el pasado mes de agosto en Francia.

La definición del proceso -"algo vivo en mí", sentencia- no es una mera transcripción, una "canalización" en el sentido "new age", puesto que canalizar algo implica la mediación de la mente. Solo en un estado de completo vacío interior se puede recibir la información que el universo "baja" puntualmente. "Gran parte de mi vida, y sobre todo ahora, estoy más que neutral, y, en consecuencia, impersonal. No tengo una vida propia". La última afirmación conlleva un componente dramático, como en seguida veremos.

Víctor es consciente de su carencia de una vida propia. Vive entregado a un compartir exigente. Feliz, pero sin pertenecerse a sí mismo. Cada vez más, expresa el deseo de parar. Anhela ir a establecerse definitivamente en la India, donde el pranismo no es una rareza, sino algo arraigado en aquella tierra de milagros. De allí, afirma, ya no saldrá.

No se piense que hay fatiga o desencanto en su postura. Juiciosamente, observa que "nunca nos podemos enojar con el afuera. Si algo ocurre, ocurre conmigo. Si me siento inconfortable, me aparto de esa situación". Tal vez sea ésta la razón de que haya cancelado últimamente muchas de las actividades que había programado para los próximos meses.

El obvio y profundo cambio manifestado en Víctor
También parece haber ido tomando conciencia del linaje espiritual en que se sitúa su caso. Cada vez más, se desliza en su discurso la maestría ejercida por el santo Babaji, con cuyos retratos guarda una semejanza tan absoluta que cada vez más observadores reparan en ella. No me extiendo acerca de este particular por respeto a las revelaciones que Víctor ha decidido dar a conocer en el libro que sobre él está preparando Vicente Tiburcio, antiguo colaborador de "El víbora" y depositario tanto de las confidencias de este ser excepcional como del deseo de que ilustre con sus dibujos una publicación que muchos esperamos con impaciencia.

Tal vez a rebufo de la introspección que Víctor practica para suministrar información a su entrevistador, todos los asistentes al proceso de Ávila nos hemos beneficiado de una agradecible verbosidad, que Octavio -uno de los entrañables compañeros de hambre (relativa) y gozo (absoluto)- sintetizaba al confesarle que, aunque siempre ha manifestado su gusto por el silencio, cada una de sus alocuciones le (nos) resultaba infinitamente inspiradoras.

Así, Víctor desacreditaba el pesimista diagnóstico de nuestro tiempo acerca de un mundo enfermo y una naturaleza amenazada al afirmar que la idea de que el ser humano pueda contaminar el planeta es una mera creencia, puesto que la tierra, si estuviese realmente en peligro, podría sacudirsenos de encima sin más: "No puedes contaminar el planeta con cosas, sino trayendo a este plano algo ajeno a él".

Víctor Truviano, con el autor del blog
"Tenemos grandes posibilidades de sobrevivir -concluía-; somos inteligentes y amorosos". Y sabemos sacar provecho de la experiencia: "Si puedes recordar toda tu vida, no aparece conocimiento, aparece sabiduría".

No deja de ser una singular "sincronicidad" -en terminología de Jung- el que en la acogedora casa en que tuvo lugar el proceso abulense diese con un artículo -publicado en el número 87 la revista "Athanor"- que me abrió una nueva interpretación acerca del proceso físico que permite a Víctor vivir del modo en que lo hace. En dicho artículo, el doctor Antonio Solís, director del Centro de Estudios de la Fotosíntesis Humana, ubicado en Aguascalientes, Méjico, explica cómo el organismo humano puede extraer energía de la luz y del agua.

Solís afirma que, al igual que los vegetales, los humanos pueden disociar las moléculas de agua, separando hidrógeno y oxígeno mediante la acción de la melanina -antes considerada un mero pigmento-, presente en todas nuestras células y que cumple en nosotros el papel de la clorofila en las plantas. La melanina absorbe la luz y transforma la energía fotónica en energía química.

Antigua -y erróneamente- se creía que la energía que necesitamos para vivir provenía de la comida. Pero el 99 % de nuestra energía, afirma Solís, viene del agua, o sea, de la fotosíntesis. Y sólo el 1 % viene de la comida.

En realidad, la comida no es fuente de energía. La comida es fuente de cadenas de carbono, es decir, es fuente de las sustancias con las que nuestro cuerpo constuye la biomasa (los huesos, los músculos, etc.). El problema es que la capacidad humana para obtener energía de la luz y del agua se va perdiendo con la edad y con los malos hábitos. La conserva quien se abstiene de ellos (carne, tabaco, alcohol, ...) y respira desde la consciencia, ... es decir, alguien como Víctor.

(posesodegerasa)

9 comentarios:

  1. gracias posesodegerasa! me sento como una rafaga de luz que alimenta!

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  2. Miguel Otero Cabaleiro:
    Gracias Victor Truviano por hacer llegar un rayo de luz y esperanza olvidado.
    Estimada Luz guía también a través de ti en sanación y elevación espiritual a tod@s los seres y conscientes seamos de ello. Así sea, Gracias

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  3. Hace cuatro años hice este proceso en Colombia con Victor y desde entonces tengo la certeza que si se puede vivir sin la comida, esto derrumba el mundo tal como esta establecido. Gracias Victor por existir.

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  4. bellisimo muy nutriente muchas gracias por compartir tanta sabiduria plasmada en las letras

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  5. el mensaje de victor aun no somos capaces de entenderlo pues raya en lo simple o sencillo. y digo mensaje de victor, aunque no es SU mensaje, sino un mensaje o informacion que nos viene a traves de él. seguiremos asombrandonos por las formas un buen rato, pensando y discutiendo si se puede vivir sin comer o no. cosa no demasiado importante, aunque si es verdad como alguien dijo arriba que este hecho derrumba los cimientos de la sociedad actual. pero hay algo mas interesante aun. mucho mas.
    y es algo asi como: no hay nada que temer, todo esta protegido, no hay nada malo en el presente tal como lo vivimos, nuestra unica labor, y no es una labor, es ser felices. todo lo demas, los milagros son consecuencia de esta felicidad. y el no ser feliz, o sufrir, no es malo en si, solo es un camino hacia la felicidad, una experiencia mas. pero solo hay luz. y hacia alli vamos, aunque ahi ya estamos. como veis, el lenguaje no sirve para explicar lo que esta mas alla de las palabras. gracias.

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  6. O, como dice el proverbio zen, "Es sencillo ser feliz, pero es difícil ser sencillo".
    Un saludo.

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  7. Hola...mi nombre es José Miguel y escribo desde Nuevo León, México...A mi me parece que: Todo aquel que escribe con palabras o piensa en su mente, todo un proceso mediante una gran serie de instrucciones, encaminadas a lograr un objetivo, que finalmente consigue, sencillamente cuando ha llegado a él, sólo lo siente, lo vive, lo goza y en sus acciones lo refleja, todo lo elaborado antes, desaparece y no es necesario recordarlo...SOLO SER LO QUE SE ES y punto....El trabajo fue personal y cada uno de nosotros será capaz de lo que se proponga y sin dar explicaciones...Gracias, ATENTAMENTE

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