miércoles, 9 de julio de 2014

ASÍ ELIMINARON UN PROMETEDOR TRATAMIENTO CONTRA EL CÁNCER



La siguiente información proviene del brillante libro de Daniel Haley, titulado: “Politics in Healing: The Suppression and Manipulation of American Medicine”.

Haley narra cómo en 1991, un ensayo clínico de la medicina más innovadora y “alternativa” contra el cáncer, el sulfato de hidrazina, fue manipulado.

Manipulado para que fracasara.

El sulfato de hidrazina era un medicamento espectacularmente prometedor, que había mostrado buenos resultados en ensayos realizados en el hospital Harbor/UCLA y en Rusia.

Por esa razón, el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) se sintió obligado a probar el medicamento. Pero había un problema.

El descubridor del medicamento, el Dr. Joseph Gold, había descubierto que el sulfato de hidrazina podía provocar efectos muy peligrosos si los pacientes estaban tomando otros medicamentos, especialmente tranquilizantes. Por esa razón, se realizaron varias advertencias al NCI antes de que comenzara a realizar las pruebas. Las advertencias fueron explícitas: los pacientes podían morir si tomaban tranquilizantes.

Pero resultó que ninguno de los pacientes del NCI fue advertido de esto. Resultó que el 94% de los pacientes, de hecho, recibían tranquilizantes.

Barry Tice, investigador de la Oficina de Contabilidad General de EE.UU. (GAO), inspeccionó el ensayo del NCI con sulfato de hidrazina después de que éste hubiera terminado. Llamó al Dr. Gold y le contó lo que había descubierto. Había un memorando interno del NCI que mostraba que el NCI era muy consciente de los problemas que implicaba la combinación de medicamentos.

Pero la GAO no apoyó a su propio investigador. El informe final de la GAO sobre los ensayos clínicos del NCI sobre el sulfato de hidrazina, simplemente acusaron al NCI de contabilidad descuidada.

En la edición de junio de 1995 de la revista “Journal of Clinical Oncology”, se publicó una carta del NCI. La carta decía que el NCI había omitido mencionar, en su propio informe anterior publicado sobre su estudio sobre el cáncer, que al 94% de los pacientes se le habían suministrado tranquilizantes. Pero, debido a que esta carta no mencionaba lo peligrosa que era esa situación, parecía que el NCI simplemente admitía un error técnico y sin importancia. Un mero error administrativo.

Entonces, ¿qué sucedió con los pacientes del estudio del NCI sobre el sulfato de hidrazina?

Los resultados fueron suprimidos. Pero el NCI llegó a la conclusión de que el sulfato de hidrazina era ineficaz.

Así pues, el medicamento, el sulfato de hidrazina, un competidor de la quimioterapia, fue eliminado. El sulfato de hidrazina es una sustancia barata, fácilmente disponible y no patentable. No había posibilidad de lucrarse con ella.

¿Creen que esta historia saltó a las portadas de los principales periódicos de Estados Unidos? ¿Creen que los “grandes hombres” del mundo de la televisión lo cubrieron con el énfasis que el hecho merecía?

Por supuesto que no.

La historia fue descubierta originalmente y publicada en Penthouse, por el reportero Jeff Kamen, quien debería haber ganado un premio Pulitzer por ella. Pero no ganó nada.

(Nota Importante: Hay otras sustancias y alimentos que son incompatibles con el sulfato de hidrazina y que pueden causar grandes daños e incluso la muerte)

Pero aún hay más en esta historia increíble. La esposa del editor de Penthouse, Bob Guccione, llamada Kathy Keeton, que fue fundadora de la revista Longevity, una revista que formaba parte del imperio Guccione, fue diagnosticada de un “galopante cáncer de mama”, en 1995. Se le dieron 6 semanas de vida.

Ella rechazó la quimioterapia y se convirtió en el primer gran caso de personaje público que tomó sulfato de hidrazina en su lugar.

En combinación con el sulfato de hidrazina, también eligió la radiación para reducir uno de los muchos tumores que crecieron en su conducto biliar.

El Dr. Gold dijo que la dosis de radiación debía ser pequeña, porque el sulfato de hidrazina mejoraría el efecto de la radiación. Sin embargo, el radiólogo hizo caso omiso y le suministró la dosis completa, quemando su hígado y causando daños posteriores.

Sin embargo, en general, Keeton se recuperó. De hecho, un año después de la fecha en la que el médico le había dicho que debería morir, su cáncer había remitido completamente.

El tratamiento con sulfato de hidrazina fue, pues, un éxito notable.

Guccione publicó anuncios en Penthouse, preguntando por familiares de víctimas fallecidas en el experimento del NCI, apra que se presentaran y unirse en una demanda colectiva contra el NCI.

Guccione estimó que se habían producido 600 víctimas en la prueba clínica NCI.

En octubre de 1997, Kathy Keeton ingresó en un importante hospital de Nueva York para someterse a cirugía. Esa operación no tenía nada que ver con el cáncer. Pero se produjeron complicaciones durante la intervención y ella murió.

Sin embargo, la mayor parte de la opinión pública asumió que había sucumbido al cáncer.

Y ello se convirtió en una “prueba” más de que el sulfato de hidrazina no funcionaba.

Como era de esperar, la FDA (Food and Drug Administration: Agencia de Alimentos y Medicamentos de EEUU) entró en escena. El 23 de abril de 1998, la agencia federal asaltó las instalaciones de un distribuidor de sulfato de hidrazina, llamado Great Lakes Metabolics, en Rochester, Minnesota. Posteriormente, en el año 2000, la FDA cerró la empresa que suministraba el sulfato de hidrazina a Great Lakes Metabolics y Great Lakes salió del negocio.

En 1996, cuando el sulfato de hidrazina aún se encontraba en el centro de atención pública, el Dr. Gold afirmó que recibió 20 llamadas telefónicas en un solo día de médicos del Sloan Kettering, el centro número a nivel mundial en la investigación y el tratamiento con quimioterapia. Según gold, esos médicos querían obtener sulfato de hidrazina a escondidas para sus pacientes.

El Dr.Gold declaró que aproximadamente 2/3 de los pacientes eran familiares de los médicos. Y seis de estos médicos se habían negado a suministrar sulfato de hidrazina a otros pacientes en el Sloan Kettering.

Sin duda, la expresión “gentuza” es la más adecuada para definirlos.

En su libro, Haley ofrece una docena de testimonios de pacientes tratados con sulfato de hidrazina. Son anécdotas, evidentemente, pero son notables.

Por ejemplo: “Informe oncólogico hoy. No se ha hallado rastro de cáncer en ninguna parte, después de dos meses y medio de tratamiento con sulfato de hidrazina y suplementos vitamínicos y minerales. Los médicos no tienen ni idea de cómo ha desaparecido el cáncer”

Otro ejemplo: “Siete semanas con tratamiento de sulfato de hidrazina. Las lesiones cerebrales y pulmonares desaparecieron”

Otro ejemplo más: “Compré un poco de sulfato de hidrazina para mi hermana hace unas semanas. Demasiado pronto para decirlo aún, pero de momento, ella pasó de estar cerca de la muerte en un hospital, sometida a quimioterapia a estar de campamento, pescando en el lago con su caña de pescar”

Pero que nadie se engañe: el sulfato de hidrazina NO es una panacea.

Los estudios sobre el sulfato de hidrazina realizados en Harbor/UCLA y en Rusia mostraron que NO se curaba a todos los pacientes, ni mucho menos.

Evidentemente hay preguntas que deberíamos hacernos sobre los protocolos aplicados en cada caso, ya que alimentos comunes como, por ejemplo, las pasas, son incompatibles con el sulfato de hidrazina y quién sabe cómo alimentaban a los pacientes.

Tampoco hay estudios bien realizados en pacientes en etapas tempranas del cáncer, donde los resultados podrían resultar ser aún mejores.

Más datos reveladores sobre el sulfato de hidrazina y su historia:

Una sesión de quimioterapia convencional cuesta lo suficiente como para pagar 10 años de tratamiento con sulfato de hidrazina.

En 1973, un médico con un paciente terminal de enfermedad de Hodgkins se acercó al Dr. Gold para obtener ayuda. Gold recomendó un nivel de dosis. En pocas semanas, el paciente se levantó y no murió. Para octubre de 1973, 1.000 pacientes en los EE.UU. estaban siendo tratados con sulfato de hidrazina.

Dean Burke, jefe de química celular en el NCI, dijo en 1974 que el sulfato de hidrazina era “el fármaco más notable que he encontrado en mi experiencia de 45 años de lucha contra el cáncer…y además es barato”

En septiembre de 1973, Sloan Kettering (SK), el centro oncológico más prestigioso del mundo, inició un estudio con sulfato de hidrazina en pacientes terminales. El médico principal, el doctor Manuel Ochoa, había accedido a suministrar a cada paciente 60 mg al día durante 3 días y posteriormente 60 mg 3 veces al día. Pero el Dr. Gold averiguó que Ochoa había estado cambiando drásticamente el protocolo. Había estado dando 1 mg el primer día, luego 2 mg el día siguiente y así sucesivamente, hasta llegar a un tope de 30 mg, excepto en algunos casos en los que en realidad suministró a los pacientes cantidades de entre 120 y 190 mg, una sobredosis diaria brutal.

En 1975, Sloan Kettering, anunció que el sulfato de hidrazina no tenía ningún valor.

Posteriormente a esto, el Dr. Gold hizo un estudio para Calbiochem, una compañía farmacéutica. El resultado fue que el 70% de los 84 pacientes ganaron peso y padecían menos dolor. El 17% de los pacientes mostraron regresión del tumor o una estabilización de su condición durante un año.

En 1975, investigadores rusos publicaron dos resultados positivos en estudio sobre el sulfato de hidrazina.

En 1976, la Sociedad Americana del Cáncer (ACS) puso el sulfato de hidrazina en su temida lista negra de tratamientos “no aprobados” para el cáncer. ACS no mencionó que poseía el 50% de un medicamento contra el cáncer altamente tóxico, llamado 5FU, cuyo “competidor” era el sulfato de hidrazina.

En 1978, la FDA ya había tomado medidas enérgicas contra el sulfato de hidrazina. 5.000 pacientes en los EE.UU. recibían tratamiento con sulfato de hidrazina. La FDA declaró falsamente que el sulfato de hidrazina causaba toxicidad en la médula ósea.

Pero de hecho, la quimioterapia convencional, aprobada por la FDA, destruye la médula ósea…

Volvemos a repetirlo: el sulfato de hidrazina, no es una panacea contra el cáncer, ni mucho menos. De hecho, mal administrado o en combinación con determinados medicamentos, sustancias o alimentos, puede resultar extremadamente tóxico y mortal.

Sin embargo, podría haberse convertido en una prometedora y barata alternativa en la lucha contra el cáncer…si no hubiera sido sistemáticamente boicoteado.

Las farmacéuticas no buscan la salud del paciente, sino rentabilizar su negocio. Y tienen muy claras sus prioridades.

(Fuente: http://jonrappoport.wordpress.com/, visto en El robot pescador)

1 comentario:

  1. El articulo es muy claro. Para la industria farmacéutica lo primero es el negocio. Véase la película: El Jardinero Fiel.

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