lunes, 17 de marzo de 2014

DIEGO CAMACHO ACUSA AL REY JUAN CARLOS DE DIRIGIR EN LA SOMBRA EL 23-F (6ª parte)


Detrás del 23-F hubo una trama política aprobada por el rey para sustituir el gobierno de Suárez por otro de unidad nacional presidido por Alfonso Armada. Como justificación de esa medida, en la que estuvieron de acuerdo algunos personajes seleccionados de la UCD, AP, el PSOE y el PCE, se pensó en una intentona militar que legitimase ante la opinión pública una medida de urgencia.

Milans del Bosch pensó en utilizar a un golpista de verdad, el teniente coronel Tejero, reconocido como tal desde su participación en la abortada "Operación Galaxia", como anzuelo. Así se cruzaron dos golpes, uno blando, que perseguía una democracia con recortes y tutelada por el rey, y un golpe duro que iba contra la democracia de forma total.

La estrategia se rompió cuando Tejero, enterado en el congreso de la solución pactada, se negó a un Gobierno de partidos y exigió la línea dura. El teniente coronel se les fue de las manos a los conspiradores y, de esa forma paradójica, evitó el éxito del golpe blando. Aunque parezca un chiste, fue Tejero quien salvó a la democracia del ridículo absoluto de unos partidos de circunstancias (UCD se hundía, el PSOE no era el histórico, sino el refundado en Suresnes, AP era la "coalición de urgencia" para la derecha y el PCE "colocaba" simbólicamente a un economista de prestigio) abocados al descrédito de revelarse la verdad.

La carambola sirvió a la postre para desactivar otras posibles intentonas, y para apuntalar el reconocimiento de la monarquía a través de la impostada versión que se dio de lo sucedido a los ciudadanos, ignorantes una vez más de los tejemanejes de su intrigante jefe de Estado.

Así como el éxito tiene muchos pretendientes, el fracaso no. Nada más ser expulsado Armada del Congreso de los Diputados, empiezan a funcionar las coartadas y los cortafuegos institucionales. El objetivo es aislar a Tejero y sus guardias civiles y evitar que afloren las complicidades y autorías intelectuales previas.

La primera vez que el Rey se pone en contacto con Milans del Bosch es a las 02:00 del día 24, para pedirle que retire el bando y los carros de combate de las calles, lo que hace el general inmediatamente. Si fuera verdad que desde el primer momento Palacio se puso a trabajar para desactivar el golpe, esa comunicación se habría establecido muchas horas antes. Sólo se efectúa después del fracaso de Armada. En la sede del Servicio de Inteligencia, a las 05:00 del día 24 de Febrero, la Dirección (Narciso Carreras, Javier Calderón y José Luis Cortina) es informada de que el 2º JEME, el general Alfonso Armada, era la cabeza del golpe de Estado.

A pesar de ello, Calderón y Cortina se afanan en proteger a este general. Todavía el día 25 y a pesar de llevar Armada más de 12 horas cesado de su puesto por orden del JEME y no pertenecer a la cadena jerárquica del CESID, estos dos agentes intentan hacer un lavado de su figura convocando reuniones de agentes por casi todas las dependencias del Centro.

Pocas horas después del asalto al Congreso, Calderón también es informado de la participación en el mismo de agentes a las órdenes de Cortina. En lugar de iniciar una investigación, Calderón pone en antecedentes a su jefe operativo, Cortina, y comienza el acoso a los cuatro agentes, tres oficiales y un suboficial, que dentro de la Agrupación Operativa han permanecido leales al gobierno legítimo.

Después del fracaso de la intentona, en la primera reunión que convoca Calderón para todos los jefes de área del CESID, en un determinado momento, el jefe del Centro de Comunicaciones, el teniente coronel Guitián, dice: “Tengo un telegrama, ¿qué hago con él?”. Léelo, le dice Calderón. Guitián con toda naturalidad leyó: “Jaime, ahora vas contra la Corona”. Calderón bruscamente le arranca el telegrama al tiempo que le dice “no tienes ninguna sensibilidad informativa”.

Dicho telegrama había sido enviado desde la Zarzuela e interceptado por el departamento que dirigía Guitián. Más tarde se mandaría otro telegrama desde Zarzuela con la frase: “Después de este mensaje ya no puedo volverme atrás”, que sería también interceptado. En los días siguientes el acoso a los agentes que han destapado la participación del CESID en el golpe de Estado se hace intensa. Se utiliza algo tan viejo como el palo y la zanahoria para que desistan de su actitud y dejen de reclamar que se abra una información interna. El tira y afloja durará hasta que uno de ellos rechace la jefatura de operaciones que le ofrece Calderón a cambio de mantener silencio.

Informado Narciso Carreras, este se verá obligado a ordenar la apertura de una información de carácter no judicial el día 30 de Marzo, con más de un mes de retraso, pues estaba obligado a haberlo hecho el 24 de Febrero que es cuando tuvo la información pertinente.

Se conocerá como “Informe Jáudenes”, por el apellido del teniente coronel de Artillería que lo instruyó, Juan Jáudenes Jordana. En él declararon los agentes que habían denunciado los hechos y los que habían participado en la intentona.

Con el tiempo solo se conocerían las conclusiones del instructor, pues las declaraciones firmadas por cada uno de los declarantes fueron destruidas. Si el informe llegó al juez del juicio de Campamento, no fue incorporado a la causa ni facilitado a las defensas. Ello significa que dicho juicio sería nulo, pues se privó a los acusados de elementos esenciales para su defensa conocidos por el juez y el fiscal. Si el informe no llegó al juez instructor de la causa de Campamento, los responsables del CESID ocultaron pruebas vitales para el esclarecimiento de responsabilidades en el golpe de Estado.

El día 17 de Marzo, el ministro de Defensa, Alberto Oliart, aseguraba en el Congreso de los Diputados que los servicios de información no habían tenido nada que ver en los lamentables sucesos del 23-F. Esto evidenciaba que el ministro o era un necio o estaba engañando a la Cámara. A partir de ese momento quedaba claro que el gobierno protegía a los golpistas, y que los apestados eran los cuatro agentes que habían tratado de erradicar el golpismo en el servicio de Inteligencia. Sobre ellos se recrudecerían las presiones y amenazas, unidas a la recomendación amigable de abandonar el Centro y no colaborar así “a la división del Ejército”.

En los primeros días de Mayo se produce la declaración de Tejero que implica a Cortina en el golpe. Esta circunstancia fue la que motivó su procesamiento.

“Cortina me respondió que el mando era bicéfalo y que la cabeza de águila más gorda era la de Armada. Eso me sorprendió y me produjo resquemor el excesivo monarquismo de este general. Cortina me anunció que tenía que reunirme con Armada y me dijo que todo tenía que hacerse en nombre de la democracia y del Rey porque, siendo así, en el extranjero, fundamentalmente en la Santa Sede y en Estados Unidos, lo verían bien.” (Antonio Tejero)

Para sustituirlo en la Agrupación Operativa, se nombra al comandante Juan Ortuño, hombre de confianza de Calderón y que también había participado en GODSA, con la misión de borrar todos los rastros que pudieran haber quedado.

El cortafuegos más importante fue el montado alrededor del juicio de Campamento. La instrucción del juicio tenía instrucciones estrictas de no inculpar a nadie más de los inicialmente procesados. Lo que evidencia un claro deseo gubernamental de no llegar judicialmente al fondo del asunto.

El nuevo Presidente, Leopoldo Calvo Sotelo, solo le diría al nuevo director del CESID, Emilio Alonso Manglano, que “si se prepara otro golpe, avisadme 24 horas antes”.

Las defensas acudieron al argumento de la obediencia debida para exculpar a sus defendidos, argumento rebatido por el fiscal con la nueva legislación. Es decir, el argumento que había servido para movilizar a varios oficiales en el golpe serviría para condenarlos y así poder salvar el papel del Rey. Se entiende que solo de cara a la opinión pública puesto que, sean cuales sean los actos del monarca, este no es responsable judicial de los mismos al estar blindado por la Constitución.

El fiscal durante el juicio somete a un duro interrogatorio a Cortina, que queda acorralado. Durante el descanso para almorzar, Cortina sale rápidamente hacia el teléfono y una vez que logra comunicar, le dice a su interlocutor “como siga este tío así, saco a relucir lo de Carrero”. Al reanudarse la sesión, el fiscal cambia totalmente su actitud y deja que el comandante salga airoso. Ese cambio en el interrogatorio es comprobable en las actas. Cuando se produce el atentado contra el almirante, Cortina estaba destinado en los servicios de Inteligencia del Alto Estado Mayor. El Consejo de Guerra le absolvió de todos los cargos.

Cuando se produce el atentado contra el almirante, Cortina estaba destinado en los servicios de Inteligencia del Alto Estado Mayor. El Consejo de Guerra le absolvió de todos los cargos. Las sentencias fueron muy benévolas. El gobierno las recurrió y posteriormente serían incrementadas apreciablemente.

Cuando en 1996 gana el PP las elecciones Aznar tiene que quitar de su lista de gobierno y a instancias del Rey a Rafael Arias Salgado, para poner en su lugar como ministro de Defensa a Eduardo Serra. Pero lo más sorprendente está aún por llegar pues se nombra a Javier Calderón, ya retirado, para dirigir el CESID y a José Luis Cortina como asesor en el Palacio de la Moncloa.

El flamante gobierno pone así la seguridad nacional en manos de los que en 1981 planearon y coordinaron todo. Aparte de lo que tenía de obscena la medida, estos dos militares no demostraron en 1981 una gran capacidad operativa u organizativa que recomendara su repesca 15 años después, más bien parecía un pago por los servicios prestados.

En el transcurso de los años, los oficiales que hemos mencionado y que de una manera u otra participaron en la puesta en ejecución de la “operación De Gaulle”, alcanzaron los rangos siguientes:

José Faura, general de Ejército (JEME). Javier Calderón, teniente general. Juan Ortuño, teniente general. Jesús María Peñaranda, general de división. Francisco García Almenta, general de brigada. Ramón Tostón, general de brigada.

Hay que señalar que la promoción XIV, a la que pertenecen el Rey y José Luis Cortina, cuando fue clasificada para el ascenso a general, estaba al frente del mando de Personal del Ejército su amigo Javier Calderón. La lista de los seleccionados estaba encabezada por José Luis Cortina. El ministro Narcís Serra lo tachó de su propia mano. De no haber sido por eso, Cortina hubiera formado parte de la lista de ascensos anterior.

Por su parte, Alberto Oliart también sería repescado en el año 2009, ya octogenario, para dirigir Televisión Española. Si bien esta vez la iniciativa correspondió al gobierno “socialista” dirigido por Rodríguez Zapatero.

Artículo elaborado por Diego Camacho López –Escobar (Madrid, 2012)

(Fuente: http://elproyectomatriz.wordpress.com/)

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