domingo, 2 de marzo de 2014

DIEGO CAMACHO ACUSA AL REY JUAN CARLOS DE DIRIGIR EN LA SOMBRA EL 23-F (3ª parte)


En el seno del servicio de Inteligencia se redactará, en los primeros años de la transición, un plan que será bautizado como “Operación De Gaulle”. Cuando el recién nombrado Ministro de Defensa, Rodríguez Sahagún, visite el Centro se lo expondrán y acto seguido el ministro ordenará que los redactores del mismo, el comandante José Faura Martín y el capitán Juan María de Peñaranda, abandonen el Servicio y vuelvan al Ejército. Curiosamente dicho plan no fue destruido, la dirección de la Casa lo conservó. La operación se inspiraba en como se había superado en Francia el riesgo a una guerra civil, originado por la independencia de Argelia. Se indicaba que el Presidente de la IV República, René Coty, había mantenido una reunión con los portavoces parlamentarios de los diferentes partidos de la Asamblea Francesa, alertándoles sobre la situación de extrema gravedad existente y del grave peligro en que esta degenerara en un enfrentamiento directo entre franceses.

A causa de la postura contraria a la independencia argelina, mantenida por gran parte del ejército francés y de una parte importante de la opinión pública que consideraban que ese territorio era parte indisoluble de Francia.

Como solución, el Presidente no veía otro camino que ofrecerle al general De Gaulle que asumiera la Jefatura del Estado, dado el prestigio que este militar contaba en toda la nación. Obtenido el acuerdo de los portavoces el Presidente se traslada a Colombey les deux Églises, lugar donde se encontraba retirado el general, y le pide que por el interés de Francia asuma la presidencia. De Gaulle le señala que antes de aceptar necesita hablar con el general Massu, comandante de las fuerzas militares francesas destacadas en Alemania.

Obtenido el acuerdo del célebre general paracaidista, De Gaulle acompañó al Presidente a París y este lo presenta en la Asamblea solicitando a los diputados que le voten como nuevo Jefe de Gobierno para así poder salvar la situación crítica en la que se encuentra la nación. Es votado, iniciándose inmediatamente el nuevo periodo constituyente que dará lugar a la nueva Constitución y al comienzo de la V República, con el general como nuevo Jefe de Estado.

El coronel Federico Quintero Morente redactará en Diciembre de 1980, desde su destino de Ankara, un informe “Informe Quintero” favorable al ya mencionado golpe en Turquía que proponía como modelo, vista la importancia estratégica similar que tienen ambos países en el Mediterráneo. El plan fue desechado pues la decisión ya se había adoptado.

La represión que siguió al golpe de Estado turco lo hacía inviable para España pues esa circunstancia podía ser asumible en un país musulmán pero inviable para la opinión pública occidental, además de tratarse de una nación católica en transición hacia la democracia. Pero también por el control que en esos momentos tenían aquellos que iban a encargarse de la organización y coordinación del golpe, para los que la “Operación De Gaulle” constituía su modelo, el único que reunía todos los requisitos para que dicha acción fuera aceptada por todos como la mejor salida a una situación de extrema gravedad.

Una vez aceptada la “Operación De Gaulle” como el modelo a seguir y con la premisa de “nada de sangre”, había que adaptarla a la realidad española. Existía un problema, y es que los franceses habían corrido un riesgo real de enfrentamiento a causa de Argelia, pero en España no podía echarse mano de nada similar por los motivos siguientes:

1) No existía división en el ejército, la Mayor parte añoraba el régimen anterior o tenían muchas dudas de la viabilidad del actual. El testamento de Franco y la obediencia debida legitimaban, para la Mayor parte, la tutela que el Ejército debía ejercer sobre el poder civil. Una vez constatado que los EEUU apoyaban el “golpe de timón”, la marcha hacia el golpe de Estado era lo más patriótico que podía hacerse en opinión de estos militares nostálgicos.

2) La sociedad civil no se hallaba enfrentada por ningún motivo. El terrorismo no había logrado su objetivo estratégico de separar a la sociedad del naciente sistema político ni tampoco de su gobierno, por muy dividido que este se encontrara. El sentimiento generalizado era arrimar el hombro para consolidar la democracia en España.

3) La única escisión existente era la motivada por la ambición política de los diferentes partidos: unos por abandonar el barco que se hundía (UCD), otros por aprovechar la situación y lograr llegar al Poder aunque fuera por un atajo nada democrático (PSOE), y los de más allá, por maniobrar y obtener ventajas que hubieran sido difíciles de obtener en situación normal (AP, PCE, CIU y PNV). En todo caso, razones poco idóneas para presentarlas como el factor determinante en una situación de emergencia nacional, que justificara la interrupción del proceso democrático y la llegada de un general.

En la creación del motivo que justificase la acción, en el marco del modelo elegido, es donde se encuentra el origen de la intentona y otra de las claves del golpe, pues sin ese detonante la “Operación De Gaulle” no era posible, al no estar prevista una represión posterior sobre la población.

No iba a ser presentada como la involución de un grupo sino como una salvación nacional consensuada por los representantes de la nación. Los planificadores lo bautizaron como SAM (Supuesto Anticonstitucional Máximo) y entenderán que se concretará poco antes de desencadenar la acción decisiva, aunque desde los inicios se barajará el secuestro como la manera más idónea de alcanzar el objetivo propuesto.

La dimisión inesperada de Suárez acelerará los preparativos y no los detendrá, como él pensó, pues el objetivo no era en ese momento castigar al Presidente sino adueñarse del Poder.

Los golpistas pensaron que la situación de Mayor gravedad política que podría crearse sería el secuestro simultáneo del poder ejecutivo y legislativo durante un pleno de sesiones. La elección del sucesor de Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, permitiría contar en un plazo muy breve con una reunión plenaria en la que pudiera ejecutarse el plan. La operación así concebida, fue la creación artificial de una situación de emergencia extrema para presentar a continuación un salvador, el General Armada, quien enderezará el rumbo político existente en España.

Fue un golpe de Estado cobarde y humanitario. Cobarde pues los mayores responsables no dieron la cara a la hora de defender sus convicciones y abandonarían a aquellos que previamente reclutaron para iniciarlo, en nombre de un interés general más que discutible. También humanitario, pues hubo la orden de evitar el derramamiento de sangre a toda costa. Este extremo facilitaría la acotación de las responsabilidades posteriores, aunque operó sobre todo en beneficio de los autores intelectuales más que de los ejecutantes.

(Fuente: http://elproyectomatriz.wordpress.com/)

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