martes, 25 de febrero de 2014

"OPERACIÓN PALACE": LA GENTE SE LO TRAGA TODO, PERO NO LE GUSTA QUE SE LO RECUERDEN



"... Si alguien intentase quitarles sus máscaras a los actores mientras estos están en escena representando una pieza, y mostrar así sus verdaderas y naturales caras a los espectadores, ¿no echaría la representación entera a perder? ¿Y no se le podría tener por digno de que todos lo expulsaran del teatro como a un enajenado?"

(Erasmo de Rotterdam: "Elogio de la locura")


En la presentación de su último libro, reseñada aquí, Rafapal ironizaba "Si la profesión del político es fingir, ¿quién mejor que un actor para desempeñarla?". Dada la convicción con que actúan los políticos españoles, poco ha debido costar a Jordi Évole halagar algunas vanidades para conseguir que tanta jeta pública (Jorge Verstrynge, Mayor Zaragoza, Joaquín Leguina, etc.) se prestase a la ficción "Operación Palace" que ocupó su espacio del domingo en La Sexta. Por fin podían ejercer su vocación abiertamente, sin justificaciones electoralistas.

Como el programa fue seguido por 5´2 millones de espectadores, es más que posible que pocos lectores necesiten de su reseña: se nos presentaba el golpe de estado del 23-F como una escenificación destinada a fortalecer la democracia y desactivar otros posibles intentos de subvertir el orden constitucional. En dicha escenificación habrían participado, parafraseando a Zorrilla "del rey para abajo, todos", ... excepto Tejero, único convencido de que el golpe iba a cambiar la historia de España. Para orquestar una puesta en escena tan convincente se habría contado, incluso -según la trama del falso documental- con José Luis Garci y su saber cinematográfico como conductor.

A la emisión del programa ha seguido un notable revuelo en las redes sociales, con espectadores indignados porque no se les advirtiera de que todo era ficción. Vamos, que cayeron como pardillos, como puede caer todo hijo de vecino en los mil engaños de la Matrix sin el oportuno aviso al comienzo del programa (lo que le hubiera quitado toda la gracia, porque la cosa la tiene). El pecado imperdonable del mordaz Jordi Évole (este tipo cada día me cae mejor) es el de haber avisado de que todo era un timo algo más tarde de lo que tanto ego subido considera tolerable. Porque al final se desveló el truco, cosa que no ha ocurrido con la "versión oficial indocumentada" del mismo evento, ni con el negocio de la privatización sanitaria, ni con la "inocencia" de la enamorada infanta Cristina, o de Jaume Matas, o de "Pepiño" Blanco. Tampoco nos han contado el truco del "caso Faisán", o del "precinto" de las armas de ETA, o del 11-S, o de tantos otros atentados al servicio de ya sabemos quién, y con los que no hubiéramos tolerado hacer humor (el 23-F al final fue incruento). O con el programa electoral del PP, ya que estamos, cuyo evidente truco los compinches de Bárcenas, el beneficiario de la multimillonaria "indemnización en diferido" siguen negando.

Otros se ríen más aún de tí, y ni te enteras.
Vivimos en un mundo de tupidas mentiras, donde personajes sin escrúpulos nos engañan de forma permanente, sin mostrarnos lo inocentes que somos y jactarse de que nos la han colado, lo cual nos dejaría con cara de tontos pero conocedores de la verdad. Y la cuestión es que a muchos no les hace ninguna gracia que se les recuerde lo crédulos que son. Crédulos e ignorantes. "Que me mientan, vale, pero que yo no sepa que me están mintiendo". Mientras los espectadores -o los votantes, o los socios de tal o cual club- mantengan esta infantil mentalidad tendremos sinvergüenzas viviendo de la credulidad general. Frente al deseo mayoritario de ser engañados queda la sagrada función del "clown" de recordarnos la verdad que avergüenza a los simples e ilumina a los sabios. "Antes la verdad que duele que la mentira que consuela", escribió uno de estos últimos. Y aquí no ha habido dolor, sino bochorno.

Pues señores, cuando uno ya no es capaz de reírse de sí mismo, ha llegado el momento de que otro lo haga. Porque de quien proclama "De mí no se ríe ni Dios" es justamente de quien todo Dios se ríe. Piénsenlo quienes llamaban "payaso" a Évole por Twitter. No es un insulto, sino un reconocimiento. Indígnense consigo mismo los crédulos, porque les han arrojado a la cara cuán fácil es falsificar la historia. Y no se crean todo.

Es más, mejor no se crean nada, al menos hasta haberlo analizado. Era lo que recomendaba un perspicaz tipo apellidado Descartes en la primera regla de su método: "No aceptar como verdadera cosa alguna que no se conociere con absoluta evidencia, evitando la precipitación ... y no admitiendo ... más que aquello que no pueda ser puesto en duda". La pedagogía del "Follonero" no anda lejos de cosas que se estudian en el Bachillerato.

Candidato a la crucifixión desde anteayer.
Lo bochornoso es que en un país donde la autocensura desborda por los cuatro costados no quede otra forma de contar las verdades sino en plan homeopático, como medias verdades en el mejor de los casos, ... Ahí está la despedida del espacio que emitió La Sexta: "Nos hubiese gustado contar la verdadera historia del 23-F, pero no ha sido posible.". En vez de lamerse las heridas del orgullo, habría que preguntarse "¿Por qué aún no se puede?".

Y responder honestamente.

Ahí sí que hay un serio motivo para sentirse humillado, y no en la invitación al sano escepticismo que nos brindó el honesto trilero de los domingos. El Tribunal Supremo no autoriza la consulta del sumario del juicio hasta que hayan transcurrido 25 años desde la muerte de los procesados o 50 años desde el golpe. Muertos los golpistas Armada y Milans del Bosch -el núcleo duro monárquico del alto estado mayor en 1981- y Sabino Fernández Campos, ¿A quién beneficia esta ocultación?

A mí lo que me ofende es tener que esperar hasta el 2031 para saberlo de fuentes oficiales. Aunque no renuncio a adelantarme por otros caminos.

Uno, que debe ser un poco rarito.

(posesodegerasa)

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