domingo, 2 de febrero de 2014

LO QUE NADIE QUIERE VER (3ª parte)




Concluyo la publicación de un largo y revelador artículo del blog "Gazzetta del Apocalipsis" en el que se denuncia la visión ilógica y distorsionada que se nos ha inculcado acerca de un orden social y político absolutamente desquiciado, pero que nadie se atreve a cuestionar porque el Sistema, merced a su todopoderosa propaganda, nos lo presenta como el único concebible, y por tanto, legítimo, exento de crítica y sin alternativa alguna. Puedes leer la primera parte aquí y la segunda aquí.

LAS AUTORIDADES Y LA SEGURIDAD

La función de las autoridades, formadas por el gobierno, la judicatura y los cuerpos de seguridad del estado, debe ser, teóricamente, velar por la correcta convivencia social y la seguridad ciudadana, obligando a los miembros de la sociedad a cumplir las leyes y persiguiendo el delito cuando éste se produzca.

Así es como funciona el Sistema y todos lo tenemos plenamente asumido e interiorizado como algo bueno y correcto y si no ahí están los millones de películas y series de TV protagonizadas por abnegados policías y brillantes abogados para recordárnoslo un día tras otro, al más puro estilo de un lavado de cerebro.

Pero quizás nunca nos hemos hecho la pregunta clave: 

¿Qué sucedería si no se produjeran delitos?

Imaginemos por un momento una sociedad justa y solidaria en la que la convivencia social fuera perfecta y no existieran conflictos, inseguridad, abusos ni crímenes.

¿Serían necesarios tantos jueces, fiscales, abogados y cuerpos burocráticos asociados?

¿Sería necesaria la policía?

En definitiva, en una sociedad completamente sana ¿Serían necesarias las autoridades?

Y esto nos lleva a la gran pregunta: ¿Qué interés pueden tener las autoridades en terminar con las causas de la inseguridad, la criminalidad y los problemas de convivencia cuando son precisamente estos problemas los que justifican su existencia?

De nuevo nos encontramos ante la misma paradoja que en el caso de la medicina.


De la misma forma que para la medicina el negocio reside en un cuerpo enfermo, para las autoridades, el “negocio” reside en una sociedad enferma.

Y como en el caso de la medicina, las autoridades no centran jamás sus esfuerzos en garantizar la salud de la sociedad, sino en tratar las enfermedades que la aquejan.

El origen de este problema no radica en la policía, los jueces o los abogados.

Todos ellos han sido educados siguiendo la lógica interna de funcionamiento del sistema de autoridad, como en su caso lo fueron los médicos.

El problema principal radica en el funcionamiento lógico del propio sistema, invertido desde sus inicios. 

Centrándonos en el ámbito de la autoridad, observaremos que los mecanismos autoridad-delito conforman un curioso sistema que se retro-alimenta de forma lógica, siguiendo los siguientes pasos:

A- Los problemas sociales se traducen en vulneración de las leyes, es decir, en delito.

B- La autoridad actúa aplicando la ley y reprimiendo la manifestación de ese delito.

C- El delito tiende a reducirse, fruto de la represión, pero sin embargo las causas profundas que lo generan siguen intactas.

D- Eso implica la aparición de nuevas modalidades de delito que esquiven la presión de la autoridad.

E- La autoridad actúa aplicando nuevas leyes y reprimiendo la manifestación de ese nuevo delito, etc, etc, etc…


Es una lógica análoga a la de la industria farmacéutica, en la que cada medicamento genera un desequilibrio en el organismo con unos efectos secundarios que implican la necesidad de un nuevo medicamento.

Sí, es difícil de aceptar.

Quizás demasiado duro de asumir para algunos.

Pero la realidad es que el delito es el combustible que alimenta el Sistema.

Lo mantiene en pie.

Porqué sin un cierto grado de caos, no habría la necesidad de una autoridad que impusiera el orden y por lo tanto, no habría Sistema.

Por esta razón, el Sistema, de forma natural y automática, genera su propio caos y sus propios desequilibrios para seguir existiendo.

Actúa como una máquina lógica que se auto perpetúa.



CONCLUSIONES


Quizá muchos tilden de disparatado todo lo que hemos argumentado someramente en este artículo.

Muchos lo calificarán de pueril y absurdo, básicamente porque pone en jaque su concepción de lo que es el Sistema establecido y prefieren la negación a verse abocados a la ingrata tarea de tener que reconstruir la ilusoria visión del mundo que la sociedad ha instalado en su mente.

Es duro y poco reconfortante aceptar la fría y cruda realidad, porque una vez la miras a la cara, ya no puedes esconderte de ella nunca más.

Cuando la ves, te das cuenta de que nadie te protege y que solo las personas que te aman velan por ti con recursos tan limitados como los tuyos propios.

Por eso, la mayoría de la gente opta por la negación.

Por sacudir la cabeza, esconderla en un agujero o descalificar al que señala al monstruo, tildándolo de loco, paranoico o indocumentado.

Porque a la mayoría de la gente se le hace imposible aceptar que el mundo que le han inculcado funciona al revés de cómo creía.

Se le hace imposible asimilar que la industria medico-farmacéutica nos necesita enfermos para hacer negocio.

Se le hace difícil comprender que los grandes poderes financieros se enriquecen mucho más provocando crisis que promoviendo una economía estable y equilibrada.

Que las religiones se alimentan del miedo y no de la fe.

Que el periodismo se gana la vida con la mentira y la manipulación y no con la verdad.

Que el objetivo principal de la enseñanza reglada no es formar individuos sino impedir que sean libres.

Que el mejor aliado de un policía, un abogado o un juez es un buen delincuente o un buen criminal.

Y sobretodo se les hace imposible aceptar que la única forma de que funcione correctamente nuestra sociedad es convirtiendo el ejercicio del poder en un abnegado sacrificio sin ningún tipo de recompensa y que la humanidad solo empezará a ir bien cuando todos los gobernantes del planeta teman a sus pueblos y los aspirantes al poder sientan un terror cerval a ejercerlo.

(Fuente: GAZZETTA DEL APOCALIPSIS)

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