sábado, 8 de febrero de 2014

LA INFANTA DESPROTEGIDA


Hoy es el día nacional de la infancia desprotegida. No de la infancia de los niños, sino de la infancia de la infanta, cuya mayoría de edad no ha debido llegar aún a juzgar por el beneficio de la irresponsabilidad que le concede tanto político lameculos afín, desde un Rajoy seguro de que todo la irá bien hasta un Ruíz Gallardón al que más le vale que le vaya bien a la nena, porque puede acabar teniendo que ir a declarar él mismo. El día de los niños discapacitados será otro, porque las ayudas que les ha robado -presuntamente, presuntamente, ...- Aizóon siguen sin ser devueltas. Y como la familia real es tan campechana, la igualdad de todos ante la ley será escenificada con acompañamiento de aguerridos policías que la harán sentirse normal, vamos, como nos ocurriría a usted y a mí.

La nueva imagen de YOMANGO, ustedes me entienden.

El dispositivo policial que va a proteger el recorrido de la infanta Cristina hasta los juzgados de Palma inundará calles, azoteas y alcantarillas y constará de doscientos efectivos. Nos parecen pocos. Muy pocos. No porque la infanta vaya a escaparse, sino porque en plan ecuación la cosa queda un poco asimétrica. Deja a España convertida en un país pobretón, que no puede adjudicar más que doscientas unidades a la escolta de un personaje tan renombrado.

En las últimas manifestaciones frente al Congreso se movilizaron unos cinco antidisturbios por abuelo, seis si llevaba muletas. Eso demuestra hasta qué punto el gobierno vela por los intereses de los más débiles. No pasa nada porque Palma se quede limpia de guardias una mañana: los ladrones pueden ponerse las botas y hasta llevarse la catedral cascote a cascote, pero no podemos dar al mundo esa impresión de monarquía bananera, con la infanta acudiendo al juzgado y únicamente doscientos policías para hacerle la ola. Habría que traer más policías de donde sea; de Valencia, de Murcia, de Compostela. Si es necesario, los alquilamos en Francia.

Podría llegar a pensarse que resulta un auténtico dispendio de fondos públicos erizar de uniformes y fusiles un barrio de Palma únicamente para reforzar la seguridad de un breve trayecto en limusina blindada. No obstante, muchos de los que ahora se quejan, incluso algunos que van a gritarle improperios a la infanta, no se quejaban cuando la boda. La gente es voluble y olvidadiza, no recuerdan ya las alegrías, los buenos ratos y los yates que le ha dado esta familia a Palma. Yo tampoco recuerdo ahora mismo cuántos efectivos policiales se movilizaron para la boda y me da pereza mirarlo, pero, visto cómo ha salido Urdangarín, también nos parecen muy pocos.

Hay que ver la imputación de la infanta como una continuación de la boda por otros medios. Como si se hubieran olvidado algún papeleo por la iglesia y tuvieran que resolverlo ahora, años después, por vía civil o penal. En cierto modo ya lo advertían los votos del matrimonio: en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza (aunque creo que ni siquiera en la letra pequeña especificaba algo de quitarle el dinero a las organizaciones deportivas o de estafar a fundaciones para ayudar a los niños con cáncer). La culpa es del juez Castro, que se ha empeñado en cumplir la ley al pie de la letra, con el peligro que tiene últimamente ejercer de juez en España.

Es lo que tienen las monarquías, para lo bueno y para lo malo, que son muy aparatosas. El protocolo, los gastos de representación, los de alimentación, los de vestuario, etc. Hace unos días supimos que a la reina le iban a adjudicar un sueldo anual de unos ciento treinta mil euros por asistir a la ópera. De nuevo podría pensarse que es mucho dinero, sí, pero es que alguien tiene que ir a la ópera. Oyendo algunas de las que representan, y cómo las representan, también nos parece muy poco.

David Torres
(Fuente:http://blogs.publico.es/)


No hay comentarios:

Publicar un comentario