lunes, 6 de enero de 2014

OCURRIÓ EN DURANGO




Ocurrió el sábado en Durango (Vizcaya), y retrata la cobardía moral de este país (España, por si las dudas ...) de un modo bastante exacto.

60 agraciados con la lotería de Estrasburgo -la cancelación de la "doctrina Parot" y la excarcelación que han compartido sin remilgos con violadores, asesinos múltiples (otros asesinos múltiples) y otros criminales variopintos- convocaron a los medios a una "rueda de prensa" estilo república bananera -o monarquía bananera, vistas las maneras de nuestro presidente de gobierno, con quien comparten su autista planteamiento- para leer un comunicado.

Cabía cierta expectación, dada la trayectoria de los convocantes.

Esa trayectoria es la militancia en ETA y el "curriculum" que para los convocantes suponen los más de 300 asesinatos cometidos.

Todo un aval para poder opinar con conocimiento de causa ... sobreseída.

Los argumentos expuestos al micrófono y la autojustificación de la avejentada tropa los dejo a la reseña de los "mass-media".

No hubo alusiones a los pactos secretos que han permitido la apresurada excarcelación del "wild bunch" (como otros pactos secretos permitieron la pactada huida de De Juana Chaos, y el que dude de ello o es ingenuo en un grado incurable o no sabe sumar dos y dos).

Adquisición de experiencia política ...  a distancia, que es más
prudente cuando la sangre que derramas puede salpicarte.
«Ponemos nuestra experiencia y vivencias al servicio del proceso político», fue la esencia del mensaje transmitido.

"Experiencia".

Como término justificatorio para vidas malgastadas en arrancar otras vidas no está mal.

Pegar dos tiros en la nuca a un concejal maniatado proporciona experiencia, qué duda cabe.

Matar por la espalda al hombre que te salvó la vida de niño (no es un ejemplo retórico, ocurrió realmente) es experiencia.

La tropa autosatisfecha de los 1500 años de cárcel acumulados -sobre el papel, porque hoy pueden compartir potes con total tranquilidad- se colgó las medallitas a las que se sentían con derecho y pretendió dar por concluido lo que el cínico ministro del Interior calificó de "aquelarre", buscando la empatía de los escandalizados.

Pero a veces ocurren cosas que no están en el guión.

Como que alguno de los asistentes tomase la convocatoria -"rueda de prensa", le recuerdo al lector- en sentido literal, y quisiera preguntar.

Y así fue.

Una voz se alzó al otro lado de la mesa que servía de espartana escenografía al des-encuentro y ...

Mejor dejo la imagen de lo que sucedió para no sesgarlo con mis interpretaciones.



Ahora vendrá el comentario cargado de bilis de quien catalogue de "facha", vendido o lo que sea de un Cake Minuesa gracias al cual (y también a Enrique Couso, y a Julio Fuentes, Javier Espinosa, Ricardo García, y a otros héroes anónimos) la profesión de informador todavía entraña esos valores tan anticuados como el honor y la dignidad.

Vendrá el descalificar su apelación a una "hombría" que, en tiempos de igualdad, resulta extemporánea.

Vendrá el recordar que el único asistente asistido de integridad y verdad en el "aquelarre" es el director y presentador de un programa de Intereconomía Televisión, bicha cuya cita debe revolvernos las entrañas a todos los que nos tenemos por concienciados y despiertos.

Solo que por muy evidente que sea la etiqueta que se le pueda poner a este ser humano nunca podrá eclipsar su gesto.

Porque no somos lo que pensamos, ni somos lo que la ideología que asumimos -o nos atribuyen- marca.

Somos lo que hacemos.

Y cuando lo que un hombre que no porta armas pero que está armado de razón y coraje hace es confrontar a unos asesinos con las consecuencias de sus actos toda la estúpida retórica de la lucha armada, del "derecho a decidir" (de los supervivientes, obviamente) y toda la obscena palabrería de quien se indigna desde el sofá está de más.

Porque Minuesa nos ha dado una lección, y quien quiera minimizarla recordándonos cómo se gana la vida es un miserable.

Típico hijo de este puto país que nos ha tocado, pero un miserable.

Porque la vida se la gana de verdad solo el que es capaz de jugársela.

Y Cake lo hizo.

Y eso -no el empuñar un arma contra víctimas desarmadas- es lo que le confiere a un ser humano valor y dignidad.

La que les faltó a los periodistas que fueron capaces de aplaudir, pero no hicieron nada para evitar que fuera expulsado entre empujones y zarandeos de la "guardia de corps" de los "experimentados".

Lo que faltó a las crónicas de la "rueda de prensa" que informaron -como hizo "El Mundo"- de que "el único periodista que quiso preguntar fue expulsado".

Así, sin ninguna matización ni detalle de lo sucedido.

Total, Cake -recordémoslo una vez más- es un "facha".

Un lacayo de Intereconomía.

Repetidlo hasta la saciedad los que nunca seríais capaces de hacer lo que él hizo.

Repetíoslo porque eso al menos -es fácil, evidentemente- lo tenéis claro, aunque se os haya olvidado lo que es la decencia.

Porque ni aún así vais a ser dignos -no ya capaces- de mirarle a los ojos.

Porque, como en la canción, él ha sido capaz de "decir lo suyo a tiempo, tranquilamente".

No solo ha sido capaz de abochornar a los asesinos, sino también a los que todavía hablan de izquierdas y derechas, de vencedores y vencidos, de los míos y los de enfrente (ante quienes, por cierto, "los de enfrente" somos nosotros).

A los que callan por cobardía, por no exponerse, por falta de coraje.

Si hay alguien en todo este drama que se ha ganado el derecho moral a quedar exento de cualquier forma de desprecio, es el señor Minuesa.

Se lo ha ganado en términos absolutos.

Y muchos deberían lavarse la boca antes de hablar de él.

Este blog ha hablado antes de ETA.

Y todavía le quedan algunas cosas por decir acerca de lo que ha sido esta organización.

Pero lo dirá a su tiempo, y tranquilamente.

Porque no hacerlo así sería darle poder y reconocimiento a los violentos.

A los que han cumplido con el papel, tan conveniente para el Poder, de ensangrentar reivindicaciones soberanistas que de otro modo se hubieran podido defender legítimamente.

A los que le han dado al Poder la victoria retórica de presentar todo soberanismo como "cosa de ETA" ...

A los tontos útiles y sanguinarios.

Que además se califican a sí mismos de "víctimas", ante la imposibilidad de que quienes sí lo han sido puedan replicarles.

Los lobos a quienes no cuadra el disfraz de cordero.

La chusma resentida cuya máscara de odio queda expuesta ante la palabra justa y pacífica.

Todos el que ha querido lo ha visto en el video.

Y el que tiene ojos para ver solo le queda dar las gracias.

Porque para quien está despierto, las máscaras han caído.

4 comentarios:

  1. desde mi punto de vista no tiene sentido pedir a alguien que pida perdon. el perdon viene despues de un proceso interior y de silencio. cuando se tenga que dar se dara. con esto no pretendo defender a nadie, pero creo que uno se arrepiente cuando se arrepiente, y siente que debe pedir perdon cuando llega a esa decision emocional y no cuando a uno le gustaria que lo hiciera. en este asunto como en otro, desde mi sentir ire confiando en que todo se vaya dando. el perdon nos liberará de toda esta carga con la que venimos, yo dia tras dia me pido perdon, y me despierto con nuevos ojos para este mundo loco, a veces tan dificil de digerir.
    el perdon no solo liberara a las victimas, sino a los verdugos. y tambien a todos los que de una manera mas sutil estamos involucrados en esta historia tan solo por haber nacido en este pais. pero yo quisiera que este perdon fuera de verdad sentido, y no algo obligado, (algo protocolario, algo burocratico forzado por las instituciones), por que solo asi, y de ninguna otra manera se cerrara la herida tanto tiempo abierta de esta, nuestra sociedad.
    soy vasco, pero lo que acabo de decir igualmente se lo aplico a los verdugos del gal, que se llevaron la vida del padre de un amigo, quien por suerte (mi amigo) jamas quedo enredado en las retorcidas ramas del odio.

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  2. Respeto tu planteamiento, pero toda ofensa crea un desequilibrio entre víctima y verdugo (y como bien indica tu referencia a las salvajadas de los GAL, no se trata de polarizar la culpa en unos y pretender atribuir a otros una impecabilidad moral absoluta, verdugos ha habido que se han amparado en la Ikuriña y que lo han hecho en la bandera española, y que por tanto han deshonrado a ambas).

    Cuando la reparación del daño causado es imposible de obtener, como ocurre con un asesinato, es un imperativo ético la admisión del daño causado, algo que ni siquiera equilibra la balanza del orden social, pero al menos aúna dos voluntades, la de quien no quisiera haber padecido la pérdida de un ser querido y la de quien admite que no debió causarla. “Esto estuvo mal” es algo que la víctima y el verdugo pueden compartir (si uno está dispuesto a escucharlo y otro a decirlo), un punto de partida de un proceso que debería llevar a la necesaria reconciliación. Todo lo que sea postergar ese pronunciamiento agranda el dolor de la víctima.

    Frente a lo que dices, entiendo que solicitar el perdón es un gesto justo, porque aquí solo estamos oyendo la voz desquiciada de asociaciones de víctimas que han perdido la objetividad (y nada más humano y comprensible que haberlo hecho, dadas sus circunstancias) y la voz evasiva de quienes miran hacia otro lado cuando se les pone ante las consecuencias de sus actos. El desencuentro es absoluto. También es consecuencia lógica de un sistema desquiciado que promulga la reinserción pero que jamás ha buscado la del espíritu, quizá por no creer en él. Esa reinserción del espíritu, si me permites la expresión, pasa por hacerse cargo del mal causado.

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  3. Solo hay perdón cuando la víctima puede expresarse plenamente ante su perpretrador, y decirle: 1) esto es lo que ocurrió, tal como yo lo viví; 2) esto es lo que sentí entonces; 3) esta es la herida que llevo aún por aquello y 4) ésta es la reparación que espero. Solo una respuesta adecuada a estos cuatro pasos –y que, evidentemente, no es exigible en modo alguno- puede restañar las heridas. Ni toda víctima está preparada para enfrentar un paso así ni todo verdugo está dispuesto a atenderlo. Solo los más conscientes y humanos.

    Mientras no creemos las circunstancias para esta necesaria catarsis, todo lo demás son pamplinas, pérdidas de tiempo y maniobras de distracción. Las penas de cárcel exhibidas el sábado en Durango como si fueran honrosas condecoraciones, galones en el historial personal, son también, por usar tus palabras, algo obligado, (algo protocolario, algo burocrático forzado por las instituciones). Los años de cárcel no devuelven la vida a los asesinados, ni pueden concebirse como una venganza social porque para eso el ojo por ojo resultaba al menos más satisfactorio.

    Lo que me indigna de lo sucedido en Durango es que todavía la voz de los perpetradores cuenta con más atención, escucha y amplificación social que la de las víctimas, doblemente mortificadas por su postergación social. Eso por una parte, por otra está ese presentarse en grupo, esa gregariedad escenificada cuando lo realmente importante aquí solo puede ocurrir en el fuero interno de cada uno, en la soledad de la conciencia, esa instancia que, al decir de Harper Lee, “es lo único que no puede regirse por mayorías”. La conciencia no está en la masa, sino en la propia intimidad, y ese es el único espacio en que el perdón puede abrirse camino.

    Esa soledad fecunda es la que me lleva a simpatizar infinitamente con el reportero que opone su voz individual a la masa, que pone voz a lo que muchos pensamos y que no se acobarda ante la tropa que tiene enfrente. Frente al guión cerrado, inconsecuente y autista del acto, su intervención es la única que apuntó a lo verdaderamente importante del acto. Lo de la “experiencia política”, en cambio, fue una chorrada como un piano de cola.

    Gracias por comentar.

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  4. gracias por escuchar. en la base estamos bastante de acuerdo. y eso esta bien. pero hay aun cosas en las que AHORA no estamos de acuerdo, y eso tambien esta bien. sobre todo cuando no nos saltamos al cuello y degollamos mutuamente.
    en un plano mas profundo hago un ejercicio: me perdono por pensar que la VERDAD es mia. la verdad no es nuestra, nosotros somos de la VERDAD.

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