jueves, 30 de enero de 2014

LO QUE NADIE QUIERE VER (2ª parte)



Desde tu más tierna infancia te han educado para ver el mundo de forma diametralmente opuesta a cómo debería ser y te han adiestrado para aceptar esa visión invertida como la cosa mas normal y lógica del mundo.

Hace unos días reflexionábamos sobre cómo esta interesada distorsión de tu percepción funcionaba en el ámbito del gobierno y del desempeño político por parte de una casta que, en realidad, son empleados tuyos que deberían rendirte cuentas sobre su gestión.

Abordamos hoy el segundo ejemplo de los tres que conforman esta serie:

2-LA MEDICINA

¿Te has preguntado alguna vez cómo gana dinero un médico?

Responder a esta pregunta nos lleva de cabeza a una de las paradojas más absurdas del mundo actual.

Porque resulta que tu médico solo gana dinero cuando estás enfermo.

Exactamente igual sucede con las empresas farmacéuticas: ganan dinero gracias a la enfermedad.

Y llegados a este punto, una mente con una mínima capacidad de raciocinio tendría que preguntarse: si la medicina y la farmacia ganan dinero con la enfermedad ¿qué interés pueden tener en que estemos sanos?

Es un argumento tan lógico y obvio que resulta indignante y incluso descorazonador que nadie quiera aceptarlo como una realidad.

Para comprender mejor las implicaciones de este razonamiento, profundicemos un poco más, utilizando la lógica más simple.

Si relacionamos el negocio de la medicina y la farmacia con el estado de sus pacientes, veremos que sus ganancias se dirimen a través de 3 ecuaciones básicas:

Enfermo = dinero

Sano = posible ganancia futura

Muerto = ganancia nula

Eso dibuja 2 esquemas de negocio básicos:

- En el primero, se gana dinero gracias a la alternancia cíclica en el estado Sano-Enfermo de los pacientes. A mayor frecuencia en la aparición del estado “enfermo”, mayores oportunidades de ingreso cíclicas.

- En el segundo, aún más óptimo, se gana dinero gracias a la enfermedad continuada en el tiempo, es decir, a la enfermedad crónica.

En ambos casos, es esencial ofrecer la suficiente calidad de vida al paciente para que siga sufragando el tratamiento y ante todo, evitar o posponer su muerte, pues ésta significaría el fin de los ingresos.

Queda claro pues, que la salud en ningún caso implica ganancias. 

En cambio, la enfermedad, siempre.

Quizás deberíamos dejar de calificar a la medicina y a la farmacia como “ciencias de la salud” y empezar a llamarlas “ciencias de la enfermedad” ¿no?

No decimos que los médicos no se interesen por la salud de sus pacientes o que promuevan la proliferación de enfermedades.

Pero lo cierto es que desde que acceden a la facultad de medicina, son entrenados y educados para formar parte de la industria médico-farmacéutica y adaptarse a su lógica de funcionamiento, de la misma forma que un soldado es entrenado y educado para formar parte de un ejército y adaptarse a su lógica de funcionamiento.

Siguiendo estas mismas lógicas, la industria farmacéutica gana inmensas cantidades de dinero gracias a la enfermedad, de la misma manera que la industria armamentística gana inmensas cantidades de dinero gracias a la guerra.

Y llegados hasta aquí, ¿no resultaría muy ingenuo pensar que la industria farmacéutica promueve la salud?

¿O es que acaso alguien imagina a un fabricante de armas promoviendo la paz en el mundo?

Sin duda habrá lectores que se estarán tirando de los pelos de la cabeza.

Afirmarán convencidos que “la enfermedad es consustancial a la vida humana y a la naturaleza y que la actividad de la medicina consiste, precisamente, en luchar contra la enfermedad”.

Es decir, concluirán que el cometido de las industrias médica y farmacéutica es luchar contra las enfermedades y que por lo tanto, de forma lógica y natural, la inevitable aparición de la enfermedad reporta beneficios a ambas industrias, sin que ellas tengan la culpa de ello.

¿Pero seria posible que la medicina y la farmacia centraran sus esfuerzos y su negocio en la salud y no en la enfermedad?

Vamos a razonarlo.

Para que este modelo fuera factible, el médico solo debería ganar dinero mientras el paciente estuviera sano.
Y dejar de ganarlo mientras estuviera enfermo. 

Las 3 anteriores ecuaciones del negocio médico-farmacéutico se transformarían en las siguientes:

Enfermo = ganancia nula

Sano = dinero

Muerto = ganancia nula

Así, el médico centraría sus esfuerzos en que sus pacientes mantuvieran la salud todo el tiempo, previniendo la enfermedad antes de que ésta apareciera y por lo tanto estudiando y atacando sus causas y no sus consecuencias.

Y en el caso de que el paciente cayera enfermo, el médico se esforzaría en devolverlo lo más pronto posible a su estado saludable, para volver a ganar dinero con él y mantener su prestigio profesional.

El papel del farmacéutico sería complementario, y consistiría básicamente, en suministrar aquellos productos necesarios para fortalecer y prolongar la salud del paciente, y en su caso, los necesarios para combatir la enfermedad cuando ésta apareciera.

Estos mecanismos que pueden parecer fantasiosos, ya han funcionado con anterioridad. Recordemos que en la antigua China, los médicos cobraban un salario por mantener sanos a sus pacientes y dejaban de percibirlo cuando éstos enfermaban, hecho que repercutía negativamente en su prestigio profesional y por lo tanto, en sus ganancias.

¿Te parece pues un modelo absurdo?

¿Más absurdo que una industria médico-farmacéutica que solo gana dinero cuando estás enfermo?

Quizás deberíamos preguntarnos: ¿porqué desde sus inicios la medicina optó por un modelo en el que la ganancia se asocia a la enfermedad y no a la salud?

Y la respuesta no puede ser más triste:

La enfermedad es un período excepcional de crisis en la vida de una persona, en la que el enfermo, desesperado, se muestra dispuesto a ceder o pagar lo que sea necesario para salvar su vida y el médico se erige en la única figura con capacidad para conseguirlo.

Por esa razón la medicina centra su actividad en la enfermedad, porque es la situación crítica que implica mayor acaparamiento de poder y autoridad, fluyendo desde el paciente hacia el medico.

Lo hemos visto a lo largo de la historia, donde incluso reyes y emperadores se han inclinado ante sus galenos.

En cambio, si la medicina centrara sus esfuerzos en mantener la salud del paciente, la situación de crisis asociada a la enfermedad correría en contra del médico, pues durante su transcurso perdería prestigio social y desaprovecharía esa oportunidad única en la que el enfermo está dispuesto a conceder mayor dinero, poder y autoridad a su médico.

Por lo tanto, la medicina no ha evolucionado alrededor del concepto de salud; lo ha hecho alrededor de la autoridad y el prestigio social.

Y de las ganancias que estos acarrean.

Y estos beneficios solo se pueden obtener a través de la enfermedad.

El mundo al revés.

Un funcionamiento completamente opuesto al que debería ser.

Y aún hay se puede ofrecer otro ejemplo ...

(Fuente: Gazzetta del Apocalipsis)

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