sábado, 25 de enero de 2014

¿ES ESTO LO QUE USTEDES LLAMAN "VIVIR"?



Levantarse con la aurora. A buen paso, o aprovechando algún medio de locomoción rápido, ir al trabajo. Es decir, recluirse en un local más o menos espacioso, más o menos privado de aire. Sentado delante de una máquina, teclear sin descanso para transcribir cartas de las que no se compilaría ni la mitad si fueran escritas a mano. O fabricar, accionando algún instrumento mecánico, objetos siempre iguales. O no alejarse nunca de un motor para vigilar su funcionamiento. O, en fin, mecánica y automáticamente, recto frente a un telar, repetir continuamente los mismos gestos, los mismos movimientos. Y esto por horas y horas, sin variar, sin distraerse, sin cambiar de atmósfera ¡Todos los días! ¿Es esto lo que ustedes llaman “vivir”?

¡Producir! ¡Producir más! ¡Producir siempre! Como ayer, como antes de ayer. Como mañana, si no nos sorprende la enfermedad o la muerte ¿Producir? Cosas que parecen inútiles, pero de las que no es lícito discutir la superficialidad. Objetos complicados de los que no se tiene sino una parte en la mano, y quizá una parte ínfima. Objetos de los cuales se ignora el conjunto de las fases que atraviesa su fabricación ¿Producir? Sin conocer el destino del propio producto. Sin poder negarse a producir para quien no nos agrada, sin poder dar prueba de la más pequeña iniciativa individual. Producir: ahora, rápido. Ser un instrumento de producción que se estimula, se aguijonea, se sobrecarga, que se extenúa hasta el completo agotamiento. ¿Eso es lo que ustedes llaman “vivir”?

Partir de mañana a la caza de una jugosa clientela. Perseguir, engatusar al “buen cliente”. Saltar al auto, del auto al colectivo, del colectivo al tren. Rendir cincuenta visitas por jornada. Desangrarse para sobrevaluar la propia mercancía y devaluar la ajena. Volver tarde, sobreexcitado, harto, inquieto, hacer infelices a los que nos rodean, estar privado de toda vida interior, de todo arranque hacia una mejor humanidad. ¿Y es eso lo que ustedes llaman “vivir”?

Secarse entre las cuatro paredes de una celda. Sentir lo desconocido de un futuro que nos separa de los nuestros, los que sentimos nuestros al menos, por afecto o por haber compartido riesgos juntos. Tener, si se está condenado, la sensación de que nuestra propia vida huye, que no hay nada más que podamos hacer para determinarla. Y esto por meses, años enteros. No poder luchar más. No ser más que un número, un juguete, un harapo, una cosa matriculada, vigilada, espiada, explotada. Todo en medida mucho mayor a la pena fijada en relación al delito. ¿Y es eso lo que ustedes llaman “vivir”?

Vestir un uniforme. Por uno, dos, tres años, repetir incesantemente el acto de matar hombres. En la exuberancia de la juventud, en plena explosión de virilidad, recluirse en inmensos edificios donde se entra y se sale a horas fijas. Consumir, pasear, despertarse, dormir, hacer todo y nada a horas establecidas. Y todo eso para aprender a manejar instrumentos capaces de quitar la vida a individuos desconocidos. Para prepararse a caer muerto un día por un proyectil que viene de lejos, disparado por alguien también desconocido. Entrenarse para morir, o producir la muerte. Ser instrumento, autómata en las manos de privilegiados, poderosos, monopolistas, acaparadores porque no se es privilegiado, ni poderoso ni dueño de hombres. ¿Es eso lo que ustedes llaman “vivir”?

No poder aprender, ni amar, ni estar en soledad, ni derrochar el tiempo a gusto propio. Tener que estar encerrado cuando el sol brilla y las flores emborrachan el aire con sus efluvios. No poder ir hacia el trópico cuando la nieve golpea las ventanas, o hacia el norte cuando el calor se hace tórrido y la hierba se reseca en los campos. Encontrar delante de sí, siempre y donde sea, leyes, fronteras, morales, convenciones, reglas, jueces, oficinas, cárceles, hombres en uniforme que mantienen y protegen un orden de cosas mortificante.

¿Y es eso lo que ustedes llaman “vivir”? ¿Ustedes, enamorados de la “vida intensa”, aduladores del “progreso”, todos ustedes, los que empujan las ruedas del carro de la “civilización”? Yo llamo a eso vegetar. Lo llamo morir.

Emile Armand
(Fuente: http://politicospartidos.blogspot.com.es/)

7 comentarios:

  1. Un testimonio tal, dada su aplastante veracidad y la atrayente forma poética con que es presentado, no hace más que multiplicar mi angustia existencial y mi descontento y rechazo por esta sociedad egoísta e hipnotizada. ¡Ortega y Gasset proponía la deshumanización del arte, no de la humanidad entera! ¿Dónde encontrar el "auténtico vivir"? ¿Alguna sugerencia?

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    1. Para anónimo: estás viviendo por algo y para algo; ¿o acaso pensaste alguna vez que estas viviendo aquí en La Tierra por aquello del azar?. "Busca y encontrarás". Como sugerencia, busca a través de "la Ciencia Espiritual" o Antroposofía; (es posible que tengas que derribar muchos "muros mentales de hormigón". Saludos. DelahuestedMiguel

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  2. Ojalá tuviera la respuesta a tu pregunta. A título de sugerencia solo tres pistas: ocuparse en nacer continuamente, para no empezar a morir; ser como un niño en lo esencial: jugar, explorar, no buscar solo la estrecha utilidad, ... y practicar el desapego de todo aquello que nuestro espíritu rechaza espontáneamente.

    Un saludo a ambos, y gracias por comentar.

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  3. "Life is what happens to you while you're busy making other plans"

    Es fácil que nos metan en la cabeza una concepción cuanto menos falsa de vivir (a la que yo llamaría sobrevivir) cuando ni siquiera nosotros nos hemos planteado nunca el propósito de nuestra existencia, individual y colectiva. Cuántas personas ancianas o jóvenes hallan la agonía girando entorno a la misma pregunta, "para qué vivir"?
    Y ese es el problema. La errada humanidad (en términos generales), ha construido la vida de cara al futuro, teniendo, además, la muerte como final aspiración. Y desde luego que si yo tuviera esa visión, me habría preguntado mil y una veces, quizá más, qué sentido tiene levantarse por las mañanas, si al fin y al cabo, es el sueño lo único que me espera al final del día.
    La mente nos tiene consumidos. La mente, y los que parten el bacalao. Pero señores... No se dan cuenta? Huimos del presente para vivir el futuro, el futuro! Por eso cité a Lennon, porque, si nuestro propósito real fuera vivir, en sí mismo, llevaríamos la vida a la cotidianidad, y cada día sería nuevo, heterogéneo y digno. Vivir no es un fin... La vida es un camino que requiere su valor, su conocimiento, su paciencia y su dedicación. Pero ustedes no tienen tiempo, antes de todo esto, tienen que consumir y servir a este sistema putrefacto.

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  4. La lucha que desgarra interiormente a los seres que yo llamo "pre-despiertos" es la lucha entre la mente y la conciencia. La mente planifica, busca controlar y se proyecta al pasado o al futuro. La conciencia vive el aquí y el ahora sin más. La mente posterga, vive ausente, se (nos) agobia, ... Sacrifica las pequeñas maravillas cotidianas a su expectativa de un incierto futuro. Nos desarraiga de la única plenitud posible, que es la de dejar de buscar. La mente mira hacia afuera. La conciencia mira hacia adentro. La mente esclaviza. La conciencia libera.

    Gracias por comentar, y un afectuoso abrazo.

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