jueves, 16 de enero de 2014

EL FISCAL DEL ESTADO ACUSA AL JUEZ DEL CASO URDANGARÍN DE "CONSPIRANOICO"



¿Y qué mejor reconocimiento para un juez que no se arruga que compararle con quienes llevamos tanto tiempo señalando los intereses ocultos tras de la escasa información que sale a la luz? En estos tiempos la conspiranoia ha demostrado un grado de fiabilidad muy superior a la de las interesadas mentiras de los "mass media".

Uno no es experto en Derecho, pero sabe que en el reparto de tareas que siempre ha existido en la administración de Justicia al fiscal le corresponde la función de acusar al presunto delincuente, y no la de defenderle, porque para eso ya está el abogado defensor. Lo sabe hasta un niño de ocho años. Quizá hasta de siete, si ve la tele.

Pues bien, existe un sujeto en este país, llamado Pedro Horrach, al que le ha tocado, por mejor no averiguar qué méritos, ejercer de Fiscal Anticorrupción, es decir, ejercer la acusación en nombre del Estado cuando éste (del que la Hacienda pública forma parte) es la parte perjudicada por la comisión de algún delito.

El tal Horrach acaba de presentar un escrito en que se lanza a la yugular del juez instructor del caso Urdangarín acusándole de urdir una "teoría conspiratoria" contra la infanta Cristina ("sin pecado concebida"). Al parecer, las pruebas documentales que obran contra ella (recibos sellados, su firma en el fraudulento autoalquiler del palacete de Pedralbes, sus instrucciones personales a los empleados ficticios contratados por Aizoon, etc.) además de las que no obran porque incumplió sus obligaciones tributarias con Hacienda no son pruebas suficientes para tratar a la individua en cuestión de acuerdo con el principio (tan cacareado por su papá) de que todos somos iguales ante la ley.

Un libro que reclama ya
una segunda parte.
El fiscal, quizá falto de comprensión lectora, no ha debido tomarse la molestia de leer el auto de imputación (227 páginas cansan la vista) y, como un tertuliano cualquiera, ha preferido tirar por la vía de en medio y acusar al juez por las intenciones que le supone, y no por el absoluto rigor jurídico de su proceder.

El mismo anti-fiscal reconoce que las facturas que Hacienda primero rechazó como falsas y luego admitió con el fin de aligerar la acusación contra la infanta son "simuladas", pero pretende que pese a ello sean deducibles. Es decir, "sabemos que nos miente y pretende engañarnos, pero como es la hija de quien es, vamos a hacernos los tonticos y a dejarlo estar". El problema, señor Horrach, de hacerse el tontico es que el personaje acaba devorando al actor, como experimentaron tantos en su día (Bela Lugosi, Johnny Weismuller, Buster Keaton, etc.).

La actuación de tan patético sujeto no solo es ridícula en la forma y en el fondo -y probablemente se acabará volviendo contra la supuesta beneficiaria-, sino que probablemente sea constitutiva de prevaricación, coacción a la justicia, dejación de funciones, entorpecimiento de una investigación en curso e incumplimiento de una función que, no lo olvidemos, se ejerce en nombre de los ciudadanos que le pagan su nada exiguo sueldo. Vamos, que si recupera la cordura, el sr. Horrach lo que debería es denunciarse a sí mismo. Pero como la criatura está en estado de obcecación lo que hace es atacar obsesiva e irracionalmente al juez, a quien solo puede reprocharle que ejerza su función (es decir, lo que él no hace). ¡Triste país éste en que resulta heroico el mero hecho de cumplir con el propio deber!

Para colmo de despropósitos, la nueva cortina de humo con la que los medios pretenden distraernos del fondo de la cuestión es si la infanta accede al Juzgado el día 8 de febrero por el mismo acceso que lo hacen todos los ciudadanos o si entra por la puerta falsa, por el aparcamiento, por los desagües o por la chimenea para evitarla la "humillación" de ser vista compareciendo, algo a lo que ya han mostrado su comprensiva adhesión tanto el ministro de justicia, Ruíz Gallardón, como Esperanza Aguirre, unidos esta vez por su servilismo ante la Casa Real. El primero ha llegado incluso a declarar que la "actitud de colaboración" que a su juicio ha tenido la infanta no debe ir acompañado de esa "pena paralela" del "paseíllo".

¿Actitud de colaboración? ¡Pero si la infanta lleva meses intentando escurrir el bulto!

Actitud de colaboración hubiera sido acudir voluntariamente a declarar desde el primer día, en vez de esconderse detrás de los capotes que le han echado sinvergüenzas varios, actuando de palmeros desde todos los frentes. ¡Hay que ser cínico para presentar la necesidad como virtud y hablar de colaboración después de tantos meses de marear la perdiz! Vaya preparando la excusa de que la chiquilla lo firmaba todo porque estaba cegada de amor (hacia el dinero, evidentemente), y a ver si cuela, porque si lo suyo es colaborar, la fuga de Roldán fue un retiro espiritual.

Aparte del juez Castro, ¿Queda alguien normal en este país? Porque lo que estamos viviendo es un atentado contra el estado de derecho, contra la decencia y contra el sentido común en beneficio de corruptos, de mafiosos y de una monarquía medieval (valga la redundancia) e inconsecuente.

(posesodegerasa)

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