martes, 7 de enero de 2014

EL ALECCIONADOR CASO DE GUIOMAR ROVIRA


Entre la habitual maraña de informaciones diversas (y con frecuencia prescindibles) hay un aniversario que ha pasado bastante desapercibido: el de la última insurrección armada del siglo XX, ocurrido en la Selva Lacandona (Chiapas) por parte del llamado Ejército Zapatista. Al hilo de lo ocurrido en el sur de Méjico hace 20 años, Carlos Casas reflexiona sobre el modo en que la historia del alzamiento zapatista se entremezcla con la peripecia vital y profesional de Guiomar Rovira, y cómo las circunstancias -en particular, la confianza otorgada a una desconocida- que entonces permitieron su éxito periodístico se hallan cada vez más ausentes de nuestra sociedad.

Era domingo 1 de enero. Las seis de la tarde. Todavía teníamos resaca. Sonó el teléfono. Alguien dijo:

- Hola: soy una periodista española. Estoy en un pueblo de México que se llama San Cristóbal de las Casas. Un grupo de indios han salido de la selva armados con escopetas de madera. Han tomado el pueblo. Dicen que vienen en nombre del EZLN que significa Ejército Zapatista de Liberación Nacional.  Su líder se llama subcomandante Marcos y tiene un pasamontañas. Luchan por los derechos de los indios. Van a organizar una marcha hacia México DF. ¿Os interesa para vuestro periódico? 

La chica se llamaba Guiomar Rovira. Era catalana. Había ido a enseñar inglés a los niños indígenas. Y se había encontrado con eso. La verdad es que no parecía una gran noticia. Unos indios. Un pueblajo. La selva. Además, la cosa sonaba poco creíble.

Tomé nota de todo y le pedí un número de teléfono. Luego colgué y esperé. ¿Era una chalada?
Al cabo de un rato, salieron cuatro líneas de France Presse que decían: un grupo de indios toma un pueblo llamado San Cristóbal de las Casas, en México.

-¡Adelante! -dijimos.

La pequeña conquista de un pueblo por un grupo de indios liderados por un desconocido hombre blanco con pasamontañas se convirtió pronto en noticia mundial. El ejército nacional de México acordonó ese municipio de modo que ningún periodista pudo entrar durante semanas.

Claro, excepto Guiomar Rovira. Ya estaba allí.

Esta periodista estuvo informando para El Mundo, y para la cadena de medios  asociados (The Guardian, Corriere della Será, Liberation) durante muchos meses. Fue la voz de los zapatistas que no podía silenciar el gobierno mexicano.

Un día, Guiomar me confesó que antes de llamar a mi periódico, había llamado a La Vanguardia pero le dijeron que no la creían. Luego llamó a El País. No le hicieron caso. Y luego a El Mundo. También me dijo que, tras sus reportajes, tanto en El País como en La Vanguardia le habían hecho unas increíbles ofertas de dinero para que escribiera en exclusiva.

- ¿Por qué no aceptaste? -le pregunté.

- Porque no confiaron en mí.

La historia de Guiomar sucedió justamente el 1 de enero de 1994. Hace 20 años. Luego escribió un libro. Fue la periodista más famosa del levantamiento zapatista.

El caso de Guiomar demuestra que nuestra vida profesional depende muchas veces de que alguien confíe en nosotros. De que alguien crea en ti. De que alguien descubra a la gente con talento. De que alguien se arriesgue.

Hay cientos de miles de jóvenes que no pueden por ellos mismos saltar al escenario. Están esperando que alguien les de la oportunidad. Que alguien se fije en ellos. Que alguien les diga: adelante.
En la historia, se han dado miles de casos de personas rechazadas en un primer momento. Desde escritores con sus originales rehusados como Archer o García Márquez, a inventores de algoritmo de Google como Brin y Page. Luego, alguien confió en ellos, y otros lamentaron no hacerlo a tiempo. Eso fue lo que el pasó a dos periódicos que no confiaron en la desconocida Guiomar.

El mejor talento de una persona en una empresa, consiste en dar la oportunidad a los que la merecen. Confiar en los desconocidos.

Lo que más me duele de la crisis es que no podemos dar la oportunidad a esos jóvenes que tienen un enorme talento, muchas ganas de trabajar, y muchas ganas de demostrar sus cualidades.

A mí también me dieron esa oportunidad cuando era joven. Y no lo olvidaré nunca.

(Visto en: http://blogs.lainformacion.com/)

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