viernes, 24 de enero de 2014

CARTA DESDE EL INFIERNO A UN SERVIDOR DEL MAL



Ruego al lector poco dado a la fantasía que disculpe lo rocambolesco del título. El mal puede ser algo muy banal, como Hannah Arendt escribió y Leonard Cohen cantó, y sus ejecutores pueden ser grises funcionarios de aspecto normal. Pero esos actores mediocres envenenan la existencia de generaciones enteras, y para la mía el miserable al que puedo despreciar, porque su rostro es público -no lo es el de los que tiraron de sus hilos-, se llama Juan Jesús Sánchez Manzano. 

Para el lector de este blog no necesita presentación. Pertenece a la raza de los Judas que siempre están disponibles para el trabajo sucio. Y como todo Judas, también él ha querido escribir su anti-Evangelio. Es el libro auto-editado en el que presenta su versión de cómo desbarató la posibilidad de conocer la verdad sobre el 11-M. Existen muchos criminales en la sombre que tienen mucho que agradecerle. Javier Montilla ha imaginado cómo haría explícito su agradecimiento el primero entre todos ellos.

Querido Juan Jesús Sánchez Manzano,

Por un momento dudaba si escribirte esta carta. Pero ahora que ha pasado el tiempo y parece que la sociedad española anda preocupada en otras tesituras, como la crisis económica, y ha olvidado la masacre del 11-M, es un buen momento de darte las gracias por tu contribución a esa admirable labor de intoxicación y mentiras para que no se sepa realmente qué pasó exactamente ese día. No quiero pecar de optimista, ya sabes de mi extraña obsesión en intentar poseer el máximo de almas posible, pero me gustaría felicitarte por salir muy bien parado en el juicio, imputado por supuesta ocultación, manipulación de los explosivos, encubrimiento y omisión de perseguir el delito. Te han subestimado y eso, querido Juan Jesús, ha sido un error de nuestro enemigo. A decir verdad, no podía tener a mi servicio a nadie mejor que tú cómo máximo responsable de los agentes encargados de la desactivación de las bombas de los atentados de Madrid y que se hiciese cargo de las muestras de los explosivos.

Como bien sabes, no podemos revelar qué pasó realmente aquel día. Máxime, porque supongo que eres consciente de que, en caso de conocerse, se removerían los cimientos de la calidad democrática de tu país y eso ahora mismo no nos conviene, vaya a ser que al final el plan de ruta marcado se nos venga abajo. Por lo tanto, no podemos consentir que los españoles sepan qué fue lo que ocurrió el 11-M. Y para eso, querido Juan Jesús, es necesario seguir contando con el fiel compromiso de cierta prensa que se dice de derechas y de la progresía patria, que en este asunto nunca los extremos estuvieron más de acuerdo. Hemos llegado muy lejos con esta historia y vamos a defender la gran mentira hasta el final.

Me dolió mucho que el sumario del 11-M pusiese de manifiesto que, con objeto de ocultar algo que era obvio, que el explosivo hallado en la furgoneta de Alcalá y el encontrado en la mochila de Vallecas no coincidían, me hicieras caso con las instrucciones de manipular los análisis que la Policía Científica realizó a los explosivos inmediatamente después de los atentados. Semejante acto de heroicidad se merecía un premio y por suerte, mi siervo Pérez Rubalcaba, oyendo sabiamente mis consejos, te ascendió a comisario principal. Ese era mi premio y no me fallaste: reputación y prestigio a cambio de tu alma. ¡Qué grande eres! ¡Y qué grande es Alfredo!

El tiempo corre de nuestro lado. Por suerte para nuestros intereses, una mayoría de la muchedumbre ovina trata de olvidar lo ocurrido, envueltos en una amnesia que es una santa bendición gracias al buen trabajo envuelto en la demagogia y la propaganda que Producciones 'PRISOE S.A.' llevó a cabo hasta el día de las elecciones ¡No sabía yo que tenía tantos sicarios a mi servicio! No lo olvides. Era imprescindible para que nuestro plan tuviera un buen fin que la gente se tragara eso de que el atentado fue perpetrado por una célula de islamistas radicales que atentaron con explosivo Goma 2 ECO robado en mina conchita y tenerla entretenida para evadirse de la realidad y anestesiarla con mentiras. Para eso está la telebasura.

Pero ten cuidado con nuestros enemigos. Cada error nos puede costar muy caro. Hay que callar, por ende, a muchas voces incómodas que intenten investigar lo qué pasó realmente ese día. La estrategia es muy clara. Basta con amenazarles de que, si hablan, tendrán una parva de enemigos dispuestos a zaherirles, descalificarles y amenazarles para conseguir su silencio. Esto ha sido suficiente en algún caso, es cierto. Pero hay algunos como un tal Luis del Pino que no le importa que le salten a la yugular, vilipendiándole por activa, por pasiva y por perifrástica. ¿No tuvo bastante con que tú le pusieras una demanda? Está visto que no. Ya ves, hay gente que prefiere que se le declare la muerte civil con tal de que se haga justicia a la memoria de los muertos. Son especímenes raros en el bando del enemigo. Pero no le demos más vueltas. Sé que en el empeño de que no se sepa qué ocurrió aquel jueves de marzo de 2004 cuento con buenos aliados, como tú. No desfallezcas.

Belcebú.

(Fuente: http://www.lavozlibre.com/)

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