miércoles, 22 de enero de 2014

BÉLGICA: UN DIPUTADO DESENMASCARA A LA ÉLITE PEDÓFILA


En pleno corazón de la U.E. acaba de estallar un escándalo que dará que hablar, por mucho que la autocensura de los "mass-media" busque silenciarlo.

Hace apenas un mes, el diputado Laurent Louis, fundador del partido "Debout les Belges", tomó la palabra en el Parlamento de Bruselas para denunciar la red de complicidades políticas que apuntaban a un inminente indulto del pedófilo y asesino de niños Marc Dutroux.

Sin pelos en la lengua, Louis acusó al primer ministro, Elio di Lupo, de prácticas pederastas, lo que ocasionó el abandono de la cámara por parte de la mayor parte de los presentes (ya se sabe, el hipócrita anhelo de no saber para no tener que tomar partido).

Su alocución fue silenciada por los medios, pero el vídeo de la acusación fue subido a Internet y visto en pocos días por medio millón de personas. El incendiario discurso del indignado diputado no escatimó ni datos e informaciones, obviamente facilitadas por la policía, ni referencias a los Rothchild, el Club Bilderberg, los sacrificios humanos y el encubrimiento de estado, puesto que, pese a los numerosos indicios de que Dutroux -entre otros- proporcionaba víctimas a las redes internacionales de tráfico de niños, la dejadez cómplice de la policía belga le permitió seguir con su infame labor hasta marzo del 96. Procesado, el juez del caso hizo lo posible para presentarle como un criminal solitario, encubriendo la red de la que era proveedor.

Es inminenete que sepamos cuán alto llegaba dicha red gracias a la publicación ayer mismo, en el diario Dernière Heure, de la carta que el pedófilo Dutroux remitió en diciembre a Jean-Denis Lejeune, el deseperado padre de una de las niñas a las que mató por encargo, y en la que relata cómo la tortura y muerte de la pequeña sirvió obedeció a la grabación de una de las "snuff-movies" que sirven de diversión a los degenerados de clase alta, intocables hasta ahora. En la misiva, Dutroux da los nombres de abogados, jueces y políticos implicados en el caso.


Por supuesto la prensa y los medios belgas han cargado contra las revelaciones, acusando a Laurent Louis de buscar protagonismo. Es la misma reacción que vimos en España cuando Fernando García, el padre de una de las niñas asesinadas en Alcasser por altas personalidades del Estado, se atrevió a dar nombres, algo imperdonable para los adoradores de Baal que siguen sacrificando inocentesentidades astrales maléficas. Por suerte para él, solo pagó su atrevimiento con procesos contra el "honor" de los acusados y con el desprestigio social. En el caso Dutroux murieron en circunstancias no aclaradas nada menos que 25 posibles testigos del caso. El mismo asesino manifiesta en su carta su convicción de que más pronto que tarde va a ser silenciado.

Ahora que se ha roto la tupida red de silencio que protege a los criminales belgas, pensar en que el recién liberado Ricart se decidiera a hablar acabaría por exponer a la luz pública la terrible verdad detrás de las desapariciones de niños ocurridas con escalofriante frecuencia en el Levante español, en Portugal, en Francia, Suiza, e incluso en el mismo Vaticano, estado, por cierto, que junto con Gran Bretaña presionó en su día para que la Interpol no investigase la conexión redes pedófilas-satanismo.

De lo que ambos estados tienen que ocultar hablaré próximamente en el blog.

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