sábado, 21 de diciembre de 2013

RAFAPAL DECODIFICA "LA HISTORIA SECRETA DE HOLLYWOOD"


Ayer viernes, en el centro "Salterapia", en la céntrica Plaza de Isabel II de Madrid, nos dimos cita un grupo de "criptobuscadores" para asistir a la presentación del último libro del inquieto Rafael Palacios (Rafapal), "La historia secreta de Hollywood", un recorrido por el reverso de esta fabulosa industria creadora de una realidad virtual que ha sido todo salvo ingenua -¿qué puede serlo ya a estas alturas?-, y que arraiga en un territorio simbólico que no es sino el de la magia: el mismo nombre de la colina que preside el emplazamiento de los grandes estudios puede traducirse como "Bosque sagrado" o "Vara sagrada".

El libro, 470 páginas que pudieran haberse multiplicado hasta el infinito si el autor no se hubiera decidido a poner punto final, es el fruto de un año de revisión del cine "mainstream" en busca de los códigos ocultos que han hecho de él algo más que una "fábrica de sueños": el cine facturado en esa barriada de Los Angeles que ha engullido el inconsciente colectivo de varias generaciones de espectadores ha construido una visión de la realidad que funciona como una cosmogonía, creando arquetipos que son la más exitosa realización de la ingeniería social del siglo XX.

En la gran pantalla (y en su hermana pequeña, la televisión) hemos vivido experiencias que cristalizan en recuerdos más sólidos aún que muchos de los fabricados por nuestras propias vivencias. El cinematógrafo es un gigantesco generador de mitos que moviliza la identificación del espectador en una suerte de hipnosis que anula la conciencia de éste, trastocando su identidad y absorbiéndole en la ficción. No es casual que la portada elegida para el libro sea una imagen de la película "La rosa púrpura de El Cairo", en la que Woody Allen juega a desdibujar los límites entre la realidad y la ficción, sumiendo a su protagonista en un ensueño que la compensa de su grisácea existencia en el mundo que llamamos "real".

Rafapal comenzó la presentación de ésta, su última criatura, recordando la nada casual coincidencia entre los dos centenarios que justo ahora se conmemoran: la instauración de la Reserva Federal Norteamericana, monopolizadora de una emisión centralizada de dinero en la que hay que buscar el origen de la crisis financiera actual, y la emigración a la Costa Oeste del país de un grupo de empresarios que, inicialmente ajenos a toda ambición artística, vieron en las películas un negocio colosal, imposible de desarrollar en el Este dado que allí la patente del cinematógrafo estaba en manos de un Edison nada dispuesto a compartirla.

Rafapal en un momento de la presentación de su libro
Estos pioneros, mercaderes judíos prácticamente en su totalidad, acabaron por constituirse en un auténtico cártel de productoras que volcaron en su producto los traumas colectivos del pueblo hebreo de un modo al menos tan exitoso -dado que tendemos a identificarnos con quien sufre- como el generado por la lectura de la Biblia: la búsqueda de la tierra prometida ("leit motiv" de todo el western clásico) y del éxito a cualquier precio, la sensación de verse rechazado, una visión neurótica del mundo de la pareja, etc.

Como eje de este imaginario, y modelo de identificación emocional, nació el "star system", que convirtió a los actores en personajes familiares para el público, a la vez que enlazaba de un modo sorprendente sus personajes en la pantalla con sus vidas reales, como si talentosos guionistas fuesen, a la par que urdidores de historias, los demiurgos que tiran de los hilos de estas marionetas de carne, frecuentemente seres desarraigados o traumatizados, cuando no sometidos a abusos y disociación de personalidad (desde las divas del cine mudo hasta una Miley Cyrus en precoz decadencia, muchas estrellas de la pantalla han sido víctimas de una programación completa de su imagen, vida e identidad que las ha despersonalizado, dejándolas inermes ante las adicciones, la depresión o el suicidio). El "star system", como Saturno, ha devorado frecuentemente a sus hijos.

El libro recorre diferentes hilos narrativos -"como una alfombra persa", señaló el autor- para mostrar el envés de ese mundo de celuloide que nos ha proporcionado entretenimiento, pero también nos ha habituado a los cambios que luego vendrían, nos ha advertido -como en el profético cine de Kubrick- de los planes de la Élite o ha hecho brotar a líderes huecos pero efectivos, desde ese limitado actor llamado Ronald Reagan hasta un Obama que fue -literalmente- entrenado por el actor Harry Lennix para convertirse en presidente (como sentenció irónicamente Rafapal, "Si la profesión del político es fingir, ¿quién mejor que un actor para desempeñarla?")

En el mefistotélico pacto realizado entre nuestro subconsciente y los mercaderes de sueños, hemos pagado nuestra parte dejándoles encauzar nuestras expectativas, dirigir nuestra visión del mundo y, por crudo que parezca, permitiéndoles empujarnos a traumas y decepciones colectivas de las que algún día la psiquiatría tomará conciencia.

Cuando esto ocurra, será gracias a la labor de este exigente periodista digital, amigo de la verdad e intérprete de mensajes que todos tenemos ante nosotros, pero que muy pocos saben leer.

(posesodegerasa)

5 comentarios:

  1. Estuve allí y has resumido perfectamente el evento. Desde la página de Rafapal, al que sigo desde hace años, he descubierto la tuya. La primera impresión es muy satisfactoria.
    Saludos
    Carlos

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  2. Solo puedo decir que me siento muy halagado por tu comentario. Muchas gracias, y un saludo.

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    1. obama= ¿candidato manchurio?

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    2. El artículo enlazado en rojo en el 7º párrafo no permite otra conclusión. Es una marioneta prefabricada por ...
      Aquí es donde empiezan las hipótesis.

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  3. un dato interesante que aportó una persona presente en el acto de presentación del libro: A la industria del cine de Hollywood dedicó el escritor soviético Ylya Ehrenburg un libro-denuncia titulado: "Fábrica de Sueños". Desde su punto de vista stalinista quería decir que el cine de Hollywood influye podersosamente en la mentalidad de cientos de millones de personas de todo el mundo. Opino que esa denuncia hoy es más vigente que hace 70 años, pues el cine europeo, japonés, indio, etc.
    apenas tiene relevancia en Occidente.

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