lunes, 30 de diciembre de 2013

JESUCRISTO: LA OTRA CONSPIRACIÓN (1ª parte)


Mucha se ha especulado en los últimos años sobre la verdadera vida de Jesús, sobre sus enseñanzas y su divinidad. Si esta le fue atribuida posteriormente por los primeros padres de la iglesia o si muchos de los hechos que se le atribuyen y que conforman las bases del cristianismo se basaron en religiones paganas anteriores. También sobre su relación con María Magdalena y una posible descendencia de ambos. Pero también existe controversia sobre algo aún más relevante y que podría hacer temblar los pilares de la iglesia: ¿existió realmente Cristo?

En los próximos párrafos voy a hacer un resumen del artículo publicado en la revista Enigmas en su edición de noviembre de 2012, precisamente de su artículo “Jesucristo la otra conspiración”. En esa investigación de Moisés Garrido Vázquez se tocan puntos sensibles y polémicos, que no dejan de ser muy coherentes para todo aquel que tenga al menos cierta base histórica de los hechos, y me refiero a la historia escrita por innumerables personajes del siglo primero en adelante, no a la pseudo-historia narrada en textos como la Biblia cristiana. Aclaro esto por la sencilla razón de que la gran mayoría de los creyentes que se apegan a algún dogma religioso no tienen ni la mínima idea de las raíces de sus creencias, pareciera ser que siguen un patrón de conducta pre-establecido por la sociedad y las instituciones religiosas.

Imaginemos por un momento que el nuevo testamento no dice la verdad sobre Jesús, que sus autores no son quienes la tradición siempre nos ha dicho; que los padres de la iglesia manipularon obras judías y romanas, interpolaron párrafos durante la traducción de textos y plagiaron elementos de antiguas religiones; que a través de los siglos ha habido sobornos que han servido para elaborar la teología cristológica bajo determinadas directrices; que se luchó para ocultar toda prueba sobre el verdadero origen del cristianismo y que Jesús no tuvo una existencia real, sino mítica. Para muchos quizás esto puede parecer una locura, pero la verdad, apoyada con evidencia histórica nos dice que muy posiblemente nada de lo que nos han contado sea real.

Si se repasa la historia, se escudriña en los orígenes del cristianismo y la existencia de Jesús, se encontraran cantidad de contradicciones y un inmenso esfuerzo por parte de los primeros apologistas del cristianismo para convencer a las masas de la existencia de Jesús; este hecho no deja de llamar la atención … si realmente existió, ¿porque tanto interés en querer demostrarlo?.

Hay que aceptar, una vez que se ha profundizado en temas históricos, que la biografía que nos han pintado de Jesucristo está muy maquillada. Existe a lo largo de los siglos, un asombroso paralelismo entre Jesucristo y otros hombres-dioses más antiguos, es muy probable que Jesús no sea más que un mito reinventado si ningún vestigio histórico.

Erróneamente se piensa que Jesús ya era considerado un ser divino antes y durante su supuesta crucifixión, la verdad es que el mito de Cristo se comenzó a estructurar a partir de Pablo de Tarso que culminó entre los siglos IV y V cuando en los concilios de Nicea (325), Constantinopla (381), Éfeso (431) y Calcedonia (451), los obispos se dieron a la tarea de levantar el símbolo de la fe y darle naturaleza divina a Cristo. Este fue un periodo de continuos enfrentamientos teológicos entre diferentes facciones del cristianismo que querían que prevalecieran sus ideas frente a las demás. Si Jesús fue pre-existente o no, si su divinidad es eterna o se dio en un momento particular, si realmente encarnó como hombre, etc.

El profesor de filosofía neotestamentaria Antonio Piñero en su obra “Los cristianismos derrotados” demuestra que el cristianismo nunca tuvo uniformidad en su doctrina, sino que coexistieron diferentes tendencias cristológicas. Diferentes grupos cristianos hacían sus propias interpretaciones de los evangelios, unas diferentes de otras. Los arrianos sostenían que Jesús no era divino sino una criatura perfecta, los adopcionistas consideraban que Jesús era un hombre normal hasta que al bautizarse fue adoptado como hijo de Dios; los docetistas afirmaban que el cuerpo de Jesús no era físico sino aparente y por lo tanto no sufrió en la cruz; los ebionitas negaban su divinidad y pre-existencia aunque admitían su rango mesiánico; los monofisitas decían que tenía naturaleza divina pero no humana; los nestorianos defendían la doble naturaleza -divina y humana- y así una interminable lista.

Finalmente en el concilio de Nicea quedó establecido (después de unos cuantos sobornos, traiciones y luchas contra otras creencias) la divinidad de Jesús como la conocemos hoy en día: hijo del Padre, eterno, quien resucitó al tercer día y subió a los cielos. Si a alguien se le ocurría no aceptar este hecho, era acusado de herejía.

A pesar de esto, las discusiones y conflictos no cesaron, estas continuaron durante algunos concilios más; la idea de la Trinidad, que fue una adaptación de antiguas creencias trinitarias egipcias, persas, hindúes, etc., era muy controvertida y no se lograba llegar a un consenso. Igual pasó con la maternidad virginal de María proclamada en el concilio de Éfeso. Lo que poca gente parece saber, es que en Egipto ya se hablaba de la idea de la trinidad (padre, hijo y espíritu santo) como Amón, Ra y Ptah; y los sumerios los llamaban Ishtar, Baal y Tammuz

Fue en el concilio de Calcedonia donde se determinó que Jesús tendría dos naturalezas, la divina y la humana pero que sería una sola persona: divina.

“Así pues, después de que con toda exactitud y cuidado en todos sus aspectos fue por nosotros redactada esta fórmula -definió el santo y ecuménico Concilio-, que a nadie será lícito profesar otra fe, ni siquiera escribirla o componerla, ni sentirla ni enseñarla a los demás“

Durante el siglo III las religiones paganas (adoración de varios dioses) seguían manteniendo fuerza en el imperio romano, a pesar de lo que pueden pensar los seguidores del cristianismo, este tardó bastante en expandirse y se hizo a través del derramamiento de mucha sangre, se podría decir sin temor a equivocarse, que los padres de la iglesia le metieron a la gente a golpes su religión, una especie de dictadura-religiosa. Finalmente se impuso el cristianismo con el apoyo del despiadado emperador Constantino -Edicto de Milán, 313- y posteriormente sería el cristianismo adoptado como religión de estado por el Emperador Teodosio en el año 380. Teodosio declaró ilegal a toda religión pagana, incluyendo al Mitraísmo del que se cree el cristianismo adoptó parte de su forma.

A partir de entonces, el cristianismo se encargó de luchar contra cualquier otra creencia (que llamaban herética), así nació la religión católica y toda su maquinaria dogmática.

“En estas controversias están directamente afectados obispos y sedes episcopales que se enzarzan unos contra otros en una catarata de descalificaciones y excomuniones con el fin de alcanzar la preeminencia. Los efectos eran inmediatos: la pérdida de la disputa ideológica conllevaba la pérdida de la sede episcopal y con ello la pérdida de control de los fieles y de los bienes de las comunidades cristianas” Antonio Piñero

De los muchos evangelios existentes unos fueron considerados canónicos mientras que otros fueron rechazados como apócrifos. Fue Ireneo obispo de Lyon quien eligió los cuatro evangelios que hoy conocemos. Por su parte los evangelios apócrifos pudieron ser alrededor de 70. “El evangelio es la columna de la iglesia, la iglesia está extendida por todo el mundo, el mundo tiene cuatro regiones, y conviene por tanto que haya cuatro evangelios” decía el apologista para acreditar su elección.

Hasta nuestros día existen grupos cristianos de todo tipo (sin mencionar la asombrosa cantidad de diferentes religiones que existen … unas más pintorescas que otras), aún no hay un consenso ideológico y cada uno defiende su propia “verdad”. Existen unas 500 variantes cristianas, dignas “sucursales” de una inmensa corporación que se lucra con la fe de sus seguidores, por su puesto, ofreciéndoles como premio el tan mencionado paraíso. De acuerdo a Antonio Piñero, todas estas corrientes del cristianismo coinciden en un mismo error: aceptar la historicidad de Jesús.

(Fuente: http://www.expresionbinaria.com/)

1 comentario:

  1. Apartando el dilema sobre la historicidad de Jesús, no cabe la mayor duda de que las creencias cristianas están fundadas en aquello que se propuso y debatió en diferentes concilios a lo largo de los siglos. De esta forma, con estos tejemanejes, ajustes y modelados, esta religión parece más fruto de la mano de obra humana que una revelación divina.

    ¿Qué hay de verdad en todo este conflicto? Suponiendo que los evangelios constituyen la verdad revelada de Dios a través de la mano del hombre, ¿quién es el ser humano, mortal e insignificante respecto a la grandiosidad y perfección de "su creador", para juzgar, clasificar, suprimir, retocar o censurar dichas obras? Si fuese cierto el origen divino de los textos evangélicos, no sería otra cosa sino mancillarlos cualquier corrección humana que sobre ellos se hiciese.

    Pensemos también por un momento en otras cuestiones debatidas en concilio: la virgnidad de la Virgen, la naturaleza de Cristo, la imagen trinitaria, etc. Todos estos casos no deben ser voluntad del Señor si son establecidos por los hombres, aunque sean los más sabios, preparados y experimentados de su época.

    Así, me aventuro a opinar desde aquí que la religión más seguida del mundo carece de fundamento divino y no es más que parafernalia, decoración y teatro pensado, maquinado y efectuado por y para hombres. Bueno, al menos seguirá teniendo algún valor mientras dé esperanza y sentido a la vida de sus seguidores, aunque no den más que palos de ciego en su búsqueda de una verdad divina, que de divina le queda el nombre.

    ResponderEliminar