domingo, 24 de noviembre de 2013

EL MUTISMO DEL PRÍNCIPE ANTE LAS CUESTIONES QUE IMPORTAN


Felipe de Borbón, "el inmaculado", se gusta cuando calla.

Este blog lleva meses anunciando la que probablemente será la maniobra final ante el desprestigio total de un monarca vividor, desleal y de gatillo fácil: la abdicación en su heredero, a quien se supone ajeno a los tejemanejes del inconsecuente predicador de cada Nochebuena (a ver con qué nos sermonea ésta).

Los poco informados pensarán que al príncipe le pondremos el contador a cero, y que la honra perdida se recuperará automáticamente con el cambio de cara (que no de linaje, ni de carácter, ni de medieval forma de gobierno). Pero quienes sabemos del carácter del Principito -que no iba a celebrar viaje de novios alguno "en respeto a las víctimas del 11-M" para ser luego localizado de fiesta en el Caribe, que se ve con Eva Sanum a escondidas de su legítima, la antaño republicana Letizia Ortíz, y que no parece tener nada que decir respecto a los chanchullos de su hermana- no le concedemos ya ningún crédito. Canal + Francia ha dado a conocer su última muestra de prepotencia.

Ne me demandez pas, je suis autiste.
Alucinados quedáronse unos amigos franceses el pasado lunes cuando, oh là là, contemplaron en su Canal + un reportaje titulado Le crépuscule d´un roi (el crepúsculo de un rey, como resulta obvio). Aclarar que el crepuscular protagonista del reportaje era el rey nuestro, un tal Juan Carlos.

Los motivos de los hélas, los mon dieu o los ça alors! de mis queridos gabachos no eran el caso Urdangarín, ni los elefantes abatidos, ni las Corinnas, ni esas gaitas conocidas de que Juan Carlos es el heredero de Franco y juró los principios del Movimiento un día de dictadura.

Todo eso ya lo sabían los franceses, que saben más de nuestros delincuentes y de nuestros poetas que de los suyos. El motivo de la estupefacción de los franceses es cómo puede ser tan paleto, tan fascista o tan infantiloide nuestro príncipe Felipe como para mandar a unos guripas a evitar que una periodista francesa le preguntara sobre Urdangarín.

La reportera francesa le preguntó al príncipe si sabía algo de los negocios de Urdangarín. Varios guardaespaldas, uno muy fuerte, muy calvo y muy serio, un auténtico armario trajeado, rodearon inmediatamente a la reportera y la alejaron del príncipe un par de pares de metros. A empujones.

- Petit momment de panique -dice la reportera francesa en directo.

En dicho documental, que por su falta de interés no creo que jamás emita la televisión española, se ve a los guardaespaldas del príncipe apartar a lo lejos a la reportera, que protesta su secuestro diciendo que solo estaba haciendo una pregunta. El guardaespaldas muy fuerte, muy calvo y muy serio le echa el aliento a la reportera francesa desde arriba. Discuten. Finalmente, el guardaespaldas muy fuerte muy calvo y muy serio, grita:

- La Constitución lo dice. No se le pueden hacer preguntas a los miembros de la Casa Real -o algo así.

- Eso no lo dice la Constitución -responde la reportera con toda la razón.

Una de estas tres cosas es este príncipe, a la vista de los citados hechos: paleto, fascista o infantiloide. Paleto si se cree que por vetar aquí un documental de la televisión francesa no nos vamos a enterar en España. Fascista si cree que la Constitución, amparándole también a él bajo el manto de irresponsabilidad de que disfruta su papá, impide a una periodista, aunque sea francesa, hacer una pregunta a su Alteza Real. O infantiloide si los guardaespaldas lo protegen para que no diga nada, haga nada, o piense nada que se pueda salir del recto protocolo que rige los actos públicos de nuestra impecable monarquía. Que el niño aun no ha cumplido los cincuenta años, y no se sabe manejar.

Mis amigos decían oh là là, y mon dieu, y ça alors, viendo cómo guardaespaldas impedían a una periodista hacerle una inocente pregunta a un triste príncipe. Quizá los franceses dicen muchas tonterías. Pero es que nosotros no decimos nada.

(Fuente: http://odiseaazul.blogspot.com.es/)

Bajo estas líneas, el reportaje emitido por la Tv del país transpirenaico. La cobardía principesca queda expuesta a partir del minuto 47´36´´.

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