sábado, 5 de octubre de 2013

UN NIÑO EN LAMPEDUSA


El cinismo de una Europa que proclama derechos e ideales mientras ignora a los desesperados que llaman a sus puertas desde un tercer mundo esquilmado y sometido ha mostrado su verdadero rostro en la isla italiana de Lampedusa, donde cerca de 200 inmigrantes (esos que se califica con un mero adjetivo, "ilegales", como si su mera existencia fuera insustancial) han muerto devorados por el mar y por la indiferencia de quienes podrían haberlos socorrido. Lampedusa, donde se escribió aquello de "que todo cambie para que todo siga igual". Donde el afán por construir fronteras muestra su reverso asesino. Ante la tragedia, el siguiente artículo, elegía por cualquiera de los menores ahogados, es un aldabonazo en las conciencias que aún sean capaces de sentir.


No tiene precio esta tumba. No lo tiene, porque no dice nada. Nada dice sobre cómo te llamabas, dónde naciste, para qué viniste al mundo, o qué esperaba tu madre cuando quiso que le acompañaras, a pesar de tu corta edad, por montañas y valles, por desiertos de hambre y sed, camino de un mar, de una barca, de una vida.

Yo creo que te llamabas Javier. O Firás. O Alou. O yo qué sé.

El caso es que hubieras ido a un colegio. De eso se trataba. También de cama, de techo y de pan. No querías cambiar nada de lo que te rodeaba. No deseabas faltar al respeto a un país. No pretendías convertir a nadie a la religión que nunca tuviste. Solo comer, vivir, aprender, sentar las bases para poder soñar, para que un buen día descubrieras por ti mismo que ni Libia, ni Siria, ni Mali, ni Guinea, ni Somalia, ni ningún país merecía lo que estaba viviendo, que todo era mucho más complejo que aceptar las reglas del juego, que para que mi familia estuviera bien, con el calor del gas, con la luz, con la nevera llena de cosas innecesarias, tu familia tendría que pasar hambre, sufrir ataques de extremistas religiosos amaestrados con mis impuestos, o pagar las deudas de una extorsión colonial de siglos de antigüedad.

Ya no recuerdas tu viaje y me alegro. Todo fue rápido. No culpes a aquellos barcos pesqueros que vieron a los adultos de la barca pedir ayuda. Temían ser denunciados por dar soporte a inmigrantes ilegales. Temían ser personas en una sociedad que les deshumaniza. Temían volver a tener corazón, porque aquel con el que crecieron ya se lo habían comido las bestias, como decía Baudelaire.

No te prometo que nada vaya a cambiar. Tu muerte, la de los cientos que te acompañaban, mañana pasarán a un segundo plano, tras un titular deportivo o una noticia sobre corrupción. Aquí pasa igual. Tras cada patera, tras cada asalto a la valla de Melilla, cientos de noticias irrelevantes, patrias por conquistar, banderas para dividir, detenciones para prolongar guerras, policías armados para desahuciar niños, y cuántas cosas más.

Mira, tal vez mejor así. No merecemos tu compañía. No somos dignos ni de tu sonrisa, ni de tus ojos despiertos. No estamos a la altura de tus sueños. Olvídanos, hasta que cambiemos algo. Hasta que podamos poner un nombre a la tumba que ocupas. Hasta que podamos decir que luchamos para que tu vida fuera distinta.

Hasta entonces.


Rodian Romanovich
(Fuente: http://elblogderaskolnikov.blogspot.com.es/)

1 comentario:

  1. Hola
    Hace poco lei una historia de unos niños que corrian a por un premio, que les habian dicho que seria para el que primero llegara. Al parecer los niños se cogieron de la mano y llegaron todos juntos, repartiendose el festin. A la pregunta de por que lo hicieron, respondieron que uno no podia ser feliz si eran desdichados los otros. Mas o menos era asi la historia.
    Cada vez estoy mas convencido de que para que cambie la sociedad se tiene que producir un cambio interior. Que no se necesiten normas ni leyes, que se sienta dentro que lo que no esta bien para ti, no esta bien para ningun otro. Que se vea el bien comun como prioritario (al fin y al cabo con ello todos se benefician) y desterremos el egoismo y la envidia que generan tanto sufrimiento en el mal llamado "tercer mundo" (como si no fueran humanos o de nuestra "casta") y en nuestra "sociedad del bienestar" donde no hay nadie que no tenga a su alrededor personas amargadas, frustradas y resentidas.
    Deseo, y mi "practica" del dia a dia intenta secundarlo, que la humanidad se de cuenta de esas cosas tan basicas y que dejen de teorizar (que hay muchos que solo hacen eso) para vivir ya con esas normas.
    Yo solo no puedo poner freno a la realidad en la que vivimos hoy, pero si aportar mi "retencion" junto a la de todos los que se suman poco a poco, para parar esta locura. Hacia donde nos dirijamos luego sera cosa de estudiarlo una vez que consigamos detenerla.
    Es indecente desde todo punto de vista que haya 2.000 millones de personas en el mundo que no sepan lo que es la electricidad ni el agua potable. Tambien lo es que haya 25.000 personas que mueran al dia de hambre (estas cifras estan anticuadas, supongo que actualmente seran mas elevadas). Es nuestra responsablidad como seres humanos racionales dejar de teorizar sobre lo que queremos y actuar desde ya con esas normas que creemos que deben ser para todos.
    Un saludo

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