viernes, 18 de octubre de 2013

BIENVENIDOS A LA "DEEP WEB" (2ª parte)


¿Cómo se accede la deep web? La puerta de entrada más utilizada (aunque no la única) es Tor, acrónimo de The Onion Router ('el direccionador de la cebolla'). Tor es una aplicación que se puede descargar en el ordenador o en el móvil y proporciona un entorno que, en teoría, protege el anonimato de los internautas. Sirve para navegar, enviar correos y comprar y vender sin dejar rastro. El nombre alude a la cebolla, pues está formado por muchas capas. Cuando usted usa Internet, lo normal es que su ordenador se conecte al servidor de la página que quiere visitar. El servidor anota su dirección IP (que lo identifica y localiza) y envía de vuelta la página buscada. Observar todo este tráfico es sencillo para una agencia del gobierno o para un hacker. Tor dificulta ese espionaje mediante la introducción de intermediarios.

Funciona así: cuando un cliente se conecta, solicita a un servidor los nodos disponibles (hay miles por todo el mundo). Su petición va rebotando de un nodo a otro y saltando de país en país de manera aleatoria; la información del ordenador (la dirección IP y otros datos críticos) es sucesivamente cifrada y modificada entre cada eslabón hasta que llega al destino final. Un espía puede ver lo escrito, pero no quién lo escribe ni desde dónde. Es decir, se puede interceptar el mensaje, pero no 'matar' al mensajero. Y en algunos países lo de matar no es una metáfora.

Con tanta vuelta y revuelta, para navegar con Tor hay que armarse de paciencia. Va muy lento. Es como volver a los años noventa, cuando Internet funcionaba con módem. También el aspecto de las páginas es 'retro'. No se trata de las habituales 'punto com' de la web tradicional, su dominio es 'punto onion' y las direcciones se componen de 16 caracteres alfanuméricos. Por ejemplo, para acceder a The Hidden Wiki ('la Wiki oculta'), que funciona como un directorio o listín de páginas de la deep web muchas de ellas, delictivas, hay que teclear zqktlwi4fecvo6ri.onion. Desde allí se pueden enlazar sitios que ofrecen descargas ilegales de películas y música; servicios financieros 'especiales', como blanqueo de divisas o venta de billetes falsos de 50 euros, foros de pederastas...

Pero Tor tiene también usos positivos, como permitir que activistas, blogueros y ciudadanos en países autoritarios, como Irán, puedan publicar sus opiniones sin miedo a represalias. Tor sirvió de escudo protector a los que organizaban las protestas de la Primavera Árabe. Wikileaks es un caso paradigmático. Esta organización que publica documentos filtrados con contenido sensible operó en esta plataforma en sus comienzos y también cuando fue vetada por la mayoría de los servidores de las webs de superficie. El origen de Tor se remonta a 2003. Es una evolución de un proyecto de telecomunicaciones militares creado por científicos del Laboratorio de Investigación Naval de los Estados Unidos. Pero en la actualidad está en manos de una organización civil sin ánimo de lucro ubicada en Massachusetts y orientada al derecho a la privacidad. Curiosamente, entre los que aportan fondos para su financiación están Google y el Departamento de Defensa estadounidense, lo que levanta no pocas suspicacias.

El software es libre y gratuito y ha sido descargado por decenas de millones de usuarios. «Los peligros de la Red pueden parecer difusos para la mayoría de los norteamericanos, pero para mucha gente en el mundo visitar páginas de acceso restringido o el simple hecho de decir algo polémico en un correo electrónico puede llevarlos a la cárcel o a la muerte», proclama Jacob Appelbaum, hacker y portavoz del proyecto Tor. Appelbaum confiesa que está obsesionado con el anonimato de las comunicaciones. «Nunca puedes recuperar la información una vez ha sido mostrada. Y se requiere poca información para arruinar la vida de una persona», declaró a la revista Rolling Stone. «Tor no debería ser considerado como algo subversivo, sino necesario. Todo el mundo debería ser capaz de hablar, leer y formarse sus propias opiniones sin ser controlado. Debería llegar un momento en el que Tor no sea considerado como una amenaza y que la sociedad confíe en él. Cuando eso pase, habremos ganado», añade.

Pero ese momento está lejos de llegar. Tor se ha convertido en el escenario de una batalla formidable que enfrenta a delincuentes y agencias de seguridad. Y entre las víctimas colaterales de esa guerra sucia digital están, precisamente, la libertad de expresión y el derecho a la intimidad de la ciudadanía. De hecho, últimamente están ocurriendo cosas extrañas en Tor. Por ejemplo, en septiembre sus usuarios diarios pasaron de quinientos mil a cuatro millones, lo que ha provocado un cuello de botella que ralentiza aún más la navegación, porque no hay ancho de banda suficiente para tantas peticiones. Los directivos de Tor no saben a qué se debe este repentino interés en navegar de manera anónima, por mucho que las filtraciones de Edward Snowden sobre el espionaje gubernamental preocupen incluso a los que no tienen nada que ocultar.

En los foros se especula que la NSA ha descubierto una vulnerabilidad en el sistema para infiltrarse. También se dice que Tor puede estar siendo boicoteado con un ataque de origen misterioso. El conocido hacker español Chema Alonso advierte de que ya existen métodos para rastrear las conexiones de Tor y localizar a clientes, y con el análisis de los datos detectar las direcciones IP. Esto explicaría las últimas detenciones. «La red TOR ya no es ese refugio de anonimato que se pensaba que era», sentencia Alonso, que usa medidas de seguridad extremas e incluso tiene tapada las webcams de sus ordenadores con cinta aislante.

En la deep web se está viviendo una especie de histeria colectiva y sus usuarios se recomiendan unos a otros tomar todo tipo de precauciones. Y muchos señalan que el próximo objetivo de las autoridades es The Silk Road ('la ruta de la seda'), una tienda on-line de compra y venta de drogas cuyo volumen de negocio ronda los 22 millones de dólares anuales, según estimaciones de la Universidad Carnegie Mellon. Opiáceos y medicamentos para los que se exige receta son sus productos estrella. The Silk Road actúa como intermediario anónimo entre el comprador y el vendedor, que tampoco saben quiénes son. El cliente transfiere el dinero a la tienda, que lo guarda hasta que confirma que el pedido se ha entregado por correo postal. Solo entonces realiza el traspaso de fondos hasta el vendedor. La plataforma se lleva una comisión de cada transacción.

En la 'Deep Web' no se paga con dólares, euros o yenes. La moneda oficial se llama 'bitcoin' y es una herramienta de pago potencialmente irrastreable. Se trata de una divisa digital, cifrada, descentralizada y que permite transacciones anónimas y seguras, sin dejar huellas, a diferencia de lo que ocurre cuando se paga con tarjeta de crédito o Paypal. Aunque su valor respecto al dólar o el euro sufre altibajos, cada vez cuenta con más usuarios. Hace cuatro años se necesitaban 10.000 bitcoins para comprar una pizza de unos 18 euros, suponiendo que el pizzero aceptara el pago en bitcoins, algo bastante improbable, porque fuera del mundo virtual la moneda apenas tiene incidencia. Pero en Internet causa furor y hoy una sola bitcoin se cotiza a 68 euros. Se calcula que existen unos 11 millones de bitcoins circulando en la Red, por un valor de mil millones de dólares. Wikileaks, por ejemplo, acepta donativos en dicha divisa.

La inventó un tal Satoshi Nakamoto, seudónimo de una persona o grupo cuya identidad se desconoce. En teoría, cualquiera puede fabricar bitcoins. No hay un banco central que la emita. Hace falta uno o varios ordenadores potentes y programarlos para resolver una serie de problemas matemáticos complejos. En la jerga, esto se denomina 'minería de bitcoins'. El pago por resolver cada problema es una bitcoin. No es ilegal... ni legal. Por el momento no está regulada por los gobiernos. De hecho, el objetivo proclamado por su creador o creadores era limitar la influencia de los bancos centrales. Una alternativa utópica frente a la codicia de Wall Street y la economía especulativa que precipitó la crisis financiera de 2007. Pero las bitcoins también facilitan el lavado de dinero, la evasión de impuestos y la compra de mercancías ilegales. Como todo en Internet, y más aún en ese territorio salvaje que es la deep web, las mejores intenciones y los peores instintos están en conflicto permanente.

(Fuente: http://www.finanzas.com/)

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