sábado, 28 de septiembre de 2013

¿QUIÉN MANEJA LOS HILOS DEL TERRORISMO INTERNACIONAL?


Cuanto más vamos sabiendo acerca de los movimientos clave en esta extraña partida de ajedrez en la que el Imperio -pongamos que juega con blancas- viola las reglas del juego sacrificando piezas en aras de desplegar su estrategia por el sencillo procedimiento de "comérselas" con piezas propias para atribuir los cambios en el tablero a la acción de su contrincante cuando ... ¡las negras ni siquiera han movido! (a poco que se conozca el funcionamiento del ajedrez quedará claro el símil) más difícil resulta suponer que este proceder pueda llegar a buen fin. Esperar a que nadie mire para retirar uno de tus peones, decir que se lo ha comido una pieza enemiga y volver a mover puesto que el contrincante "ya ha utilizado su turno" puede funcionar una, dos, tres veces, ... pero no siempre. En la era de Internet siempre hay ojos fijos en el tablero a los que no escapará la estratagema utilizada.

En realidad, el símil ajedrecístico es una simplificación que facilita entender lo que está pasando. La realidad es que el Imperio juega a ambos lados del tablero, por lo que ha asumido que no puede perder. Es lo que ocurre cuando fabricas a tu enemigo (leáse fascismo europeo en los años 30, fundamentalismo musulmán en los 80, Al Qaeda en la actualidad, etc.). Es el Imperio el que crea monstruos a los que luego dice combatir para distraernos de su verdadero juego. Y esa distracción se llama "terrorismo".

¿Quién está detrás de los supuestos ataques contra intereses norteamericanos en lo que llevamos de siglo XXI? Como escribió Conan Doyle, el responsable del crimen siempre resulta ser quien saca beneficio de él. El 11-S proporcionó la excusa para invadir Afganistán al precio de 3000 vidas inocentes. La masacre del estreno de Batman en Aurora (Colorado) acalló al padre del supuesto autor en su afán por revelar el fraude del sistema bancario mundial. El ataque contra el consulado norteamericano de Bengasi sirvió para silenciar a quienes habían llegado a reunir las pruebas de que la CIA se servía del territorio libio para enviar armas a Al Qaeda -teórico enemigo de los U.S.A.- en Siria, incluido el propio embajador Stevens, cuyos eMails informando del envío de misiles Stinger a la guerrilla "siria" le costaron la vida, dictando su sentencia la "Illuminati" Hillary Clinton. Son solo tres ejemplos de un proceder demasiado común.

Otras veces, los autoatentados que ejecuta el Imperio son maniobras de distracción para cambiar la disposición del tablero, como el atentado de Omaha en 2007, coincidente con el cuestionamiento de G. Bush por parte de la junta de jefes del Estado Mayor o el reciente ataque en un centro comercial de Nairobi, ejecutado por el ejército mercenario Gary Best Inc., creado por Bill Clinton (otra vez el nefasto matrimonio) durante la guerra de Yugoslavia, ataque sofocado por paramilitares israelíes que se han encargado de que no quede ningún terrorista vivo que pueda desmentir la versión oficial.

Los supuestos ataques terroristas contra intereses norteamericanos son en realidad maniobras de la Élite secreta contra sus propios ciudadanos (nunca contra intereses bancarios o contra el "lobby" militar-industrial), atentados de falsa bandera que hacen aparecer el siguiente movimiento del Imperio -asegurarse el control de fuentes de energía y rutas de la droga o restringir libertades ciudadanas- como una acción patriótica. Pero para quienes llevamos tiempo prestando atención a la jugada, la trampa está bien a la vista. Como proclamó Abraham Lincoln, "se puede engañar a todos algún tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo".

(posesodegerasa)

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