martes, 2 de julio de 2013

VÍCTOR TRUVIANO, RETRATO DE UN SER EXCEPCIONAL (4): EL PROCESO



Víctor presenta el proceso de adaptación al sistema pránico como una reordenación de la estructura del A.D.N. que ocurre gracias a la respiración consciente. Denomina al proceso “atomización particular”, y afirma que se produce en los momentos de vacío de la respiración, entre inhalación y exhalación. Así lo explica el propio Víctor: "Tiene que ver con activar algo a través de la respiración, en el espacio donde el aire que entra y que sale de nuestro cuerpo se abraza. Un espacio donde no sucede algo entre medio de la inhalación y exhalación. Un espacio vacuo donde las partículas frías que entran a través de la inhalación y las calientes que salen desde la exhalación chocan en este punto. Allí es donde sucede lo que deja de ser separación o unidad, es elegir la vida a cada instante y ser consciente de la respiración disfrutándola desde el instante presente donde tiempo y espacio toman otro sentido".

En los procesos que dirige Víctor trabaja también la visualización, y considera fundamental su papel en el tránsito hacia una mente pránica. Como dice con aire misterioso, “la imaginación es verdad”.

Si generamos la realidad que somos capaces de imaginar, si creamos porque creemos, entonces es posible llegar a alimentarnos de luz, sin necesitar “atraparla” en las moléculas de los nutrientes a los que la evolución biológica ha acostumbrado a nuestro organismo. Quizá la humanidad del futuro pueda alcanzar la absoluta libertad respecto al alimento, y éste sea el salto cuántico que de origen a una nueva humanidad.

Superar la necesidad de alimentarse materialmente significaría una liberación espiritual absolutamente extraordinaria. Como comentaba un lector del primer artículo de esta serie, contra un ser que solo necesita respirar para vivir las multinacionales de la alimentación no tienen ya ningún poder. No necesitar alimento significa no necesitar nada mediante lo que se pueda esclavizar al hombre. Significaría, sencillamente, la libertad.

No todo el mundo puede alcanzar este estado. El hambre mata a miles de seres humanos cada día, y su presencia en nuestro mundo testimonia la injusticia y la insolidaridad en que vivimos. Como escribió Manuel Patarroyo “si no existiese la indiferencia no habría pobreza”. Trascender nuestras limitaciones implica convertirnos en seres compasivos, y no solo el liberarnos del miedo, de la violencia o de las dependencias.

La condición natural del ser humano es justamente la dependencia. Es el animal de infancia más prolongada, el que tarda más en alcanzar la autosuficiencia. Mientras -por ejemplo-, muchos de nuestros parientes mamíferos son capaces de locomoción autónoma minutos después del nacimiento, el humano tarda mucho tiempo en desarrollar la locomoción bípeda. En sentido amplio, su supervivencia depende de numerosos factores: alimento, higiene, descanso, etc. De modo no menos imperioso, su equilibrio psíquico se halla amenazado por su tendencia a la rutina, al sometimiento, a la dependencia emocional, ... Aunque su proceso de maduración debería ser una progresiva liberación, con frecuencia, sencillamente, sustituye unas dependencias por otras.

Dotado de una mente tortuosa y permanentemente insatisfecha, el hombre siempre parece quedarse a medio camino de sus mejores posibilidades. Es una animal de carencias, capaz de concebir la plenitud, pero muy raramente capaz de alcanzarla. La excepción a la regla general reviste a aquellos en quienes se da de una aureola sobrenatural, en el sentido mas genuino del término. Ante este carácter, la mayoría de las personas se sitúan en una admiración que oscila entre la envidia y la emulación.

Víctor se vio pronto convertido en la imagen del "pranismo", aceptando su papel con una naturalidad ajena a toda vanidad (defecto éste que es imposible de rastrear en su carácter). A partir de su conversión empezó a celebrar encuentros con personas deseosas de compartir su serena alegría, mientras los estudios medicos, entrevistas y reportajes sobre su experiencia se sucedían.

Al principio Victor comenzó a compartir procesos de tres semanas, en los que los participantes prescindían de toda ingesta (sólidos o líquidos) durante siete días, pasando luego a una dieta de líquidos progresivamente concentrados (zumos de fruta, en particular cítricos) que activan de nuevo el estómago.

La comunidad médica, especialmente en Argentina y Chile, fue absolutamente hostil a esta iniciativa. Se buscó desacreditar a Victor de muchos modos, mientras se solicitaba a las autoridades civiles la prohibición, directa y taxativa, de algo que, decían, "ponía en peligro" la salud de los participantes. Lo que nadie puede aducir es que se haya acreditado daño alguno a ningún participante en los procesos facilitados por Victor. Mientras la difusión del "respiracionismo" ha llevado a personas ansiosas y apresuradas a emprender por su cuenta ayunos que en algunas ocasiones han resultado fatales, el acompañamiento de Victor -puedo dar fe de ello- siempre ha estado atento al estado y a las necesidades de cada uno, lo que en ocasiones le ha llevado a sugerir a alguna persona que, si lo prefería así, dejase el proceso.

Actualmente Víctor comparte procesos de once días (este verano guiará dos en España, en Avila en julio y en Gerona en agosto), tiempo que basta para experimentar el estado de plenitud y goce que se manifiesta al prescindir el cuerpo de las sustancias a que se ha habituado en su alimentación cotidiana, y experimentar un desplazamiento de su eje del sistema digestivo al corazón. El estómago, privado de alimento, se reseca y "descascarilla" -la expresión es de Víctor-, liberándose con ello de memorias, hábitos y dependencias, y permitiendo a la persona acceder a una esencia a veces ignorada, pero que se manifiesta gozosa y plena.

De ello hablaré en la próxima entrega de esta serie.

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