lunes, 24 de junio de 2013

VÍCTOR TRUVIANO, RETRATO DE UN SER EXCEPCIONAL (2): LA MUTACIÓN



A veces el Universo “baja” información a través de un cuerpo físico, sin mediación de la mente. Es algo que Víctor experimentó desde su infancia, en la que con frecuencia entraba en un trance que lo “desconectaba” del Universo inmediato, sin que por ello entrara en un estado de inconsciencia. Sencillamente, recibía lo que él llama “transmisiones”, mensajes que el Universo le daba y que se manifestaban a la par que una absoluta indiferencia hacia el alimento. Para los médicos era “el niño que no comía”. El comparaba su vivencia de la realidad con la plenitud del niño que juega, ajeno al horario -y a la necesidad- de las comidas.

Su niñez estuvo marcada por su condición de prodigio del violín. Dio su primer concierto público con nueve años. Practicaba una media de diez horas al día, lo que le convirtió en un ser enormemente solitario. Exiten videos de YouTube que atestiguan su virtuosismo. Y, no obstante, con su transformación interior se dio también su apartarse de la música. “Soltó” el violín, y con él, el nombre con el que era conocido por entonces, su segundo nombre, Fabián. Fue Víctor en la búsqueda de personas para él desconocidas que acudían a su encuentro para acceder a las “transmisiones” que recibía, a ellos destinadas.

Ocurrió en su Capilla del Monte (Argentina) natal, tras su año de retiro a la montaña como un eremita del paleocristianismo, como Heráclito en su soledad, como el Zaratustra de Nietzsche. En sus alturas sólo ingería zumos vegetales, hasta que su cuerpo comenzó a rechazarlos, lo que le llevó a alimentarse sólo de infusiones. En sus últimos dos meses en la montaña solo tomaba agua, para descrubrir -la expresión es suya- que “nada es tan pesado como el agua”. Al final su estómago actuaba como un órgano autista, capaz solo de manifestar enojo cuando era molestado.

Es un hecho que la mayor parte de nuestra energía corporal es monopolizada por los procesos digestivos. Liberada de la sujeción a la actividad metabólica por la que asimilamos los nutrientes contenidos en el alimento, esa energía queda disponible para procesos inéditos del organismo, procesos que todo el que ha emprendido un ayuno consciente ha experimentado. Victor vivió esos procesos como una “simplificación”: su cuerpo se puso al servicio de una conciencia increíblemente nítida y viva.

Purificado por su ayuno, Víctor comienza a recibir “transmisiones” nuevamente. Su ser se expande y se abre a informaciones que se resisten a ser puestas en palabras: “Tengo presentes todos mis recuerdos, todas mis vidas, desde el momento en que salí de la luz hasta ahora”. En estado de trance, accede a mensajes que carecen de significado para él, pero que cuida de poner por escrito. Llega a pasar tres días inerte bajo un árbol, aparentemente desmayado.

Al cabo de los días, empiezan a presentarse en su lugar de retiro gentes venidas de distintos lugares del planeta, desconocidos que preguntan por un tal “Víctor” que tiene mensajes para ellos. Es así como Fabián se convierte en Víctor, como el violinista prodigioso se convierte en el ser pránico que fascina a cuantos le conocen. Ahí empieza su compartir.

“La gente quería que le compartiera no sé qué cosa”. Un poco dejándose llevar, acaba por volver a la vida pública. Yo no es su música lo que transmite, sino el gozoso mensaje de que la mera existencia nos da todo lo necesario en cada momento, y que basta con aceptar ese don para ser pleno.

Hay un “Víctor” mesiánico después de su retiro, animado por la certeza de que su misión es dar a conocer el proceso en que se halla, facilitando a otros el acceso al estado de no-separación. Entrando en conciencia a través del ayuno se puede ver la propia vida en forma objetiva, descubrir la forma en que tendemos a atrapar emociones y anquilosarnos. El proceso es un proceso de integración, de no-discriminación. La llave que abre este estado no es dada tanto por lo que en él aparece como por lo que en él desaparece, se eclipsa, pierde su poder sobre nosotros.

Nuestro A.D.N. es información. Nuestras células configuran una red de memoria que nos constituye. Víctor afirma la posibilidad de reprogramar conscientemente esos archivos internos. Si somos lo que somos en virtud de esas memorias, el cambio en su estructura conlleva otros cambios a nivel físico. La clave para producirlos es la elevación del nivel de conciencia que produce la supresión del alimento.



(En breve, la continuación de esta serie de artículos)

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