jueves, 16 de mayo de 2013

"DÍAZ, NO LIMPIÉIS ESTA SANGRE", CRÓNICA DE UNA REPRESIÓN


El pasado viernes llegó a las pantallas españolas la durísima película de Daniele Vicari que se alzó con el Premio del Público de la 62 edición del Festival de Berlín, una reconstrucción cruda y visceral de la brutal represión con que las fuerzas del orden italianas pusieron fin al experimento del Foro Social de Génova, celebrado en julio de 2001 coincidiendo con la cumbre del G-8 que tuvo lugar entre los días 14 y 22 en dicha ciudad.

Si el primer día de la cumbre una bala, disparada por un agente, segó la vida del manifestante -de 22 años- Carlo Giuliani en Piazza Limonda, la última noche tuvo lugar el irracional e incontrolado asalto de los antidisturbios a la escuela Díaz, donde contaban con pasar la noche 90 activistas, la mayoría estudiantes europeos, y un grupo de periodistas. Pese a que no se opuso resistencia al asalto policial y los ocupantes recibieron a los "carabinieri" con las manos en alto, éstos descargaron toda su indiscriminada rabia sobre los indefensos jóvenes, que fueron apaleados frenéticamente hasta la extenuación de sus desquiciados verdugos, para luego ser conducidos -atención médica mediante, para muchos de ellos- a la siniestra comisaría de Bolzameto, donde continuó un maltrato físico y moral digno de los más refinados métodos de las SS. Las autoridades y los medios se encargaron de justificar tal abuso mediante cargos prefabricados que luego se demostraron falsos. Amnistía Internacional llegó a calificar el suceso como la violación de los derechos humanos más grave ocurrida en la Europa occidental desde la II Guerra Mundial.

Estos hechos son presentados ante el espectador con un pulso nervioso, seco y semi-domental, que incluye imágenes tomadas durante los acontecimientos que Vicari reconstruye. El punto de vista que adopta la narración es múltiple, dando voz a manifestantes, policías, periodistas y políticos.

Ciertas críticas han subrayado el tono panfletario del film, siendo dicho carácter el que le otorga su eficacia: la rabia y la indignación son la única respuesta humana al catálogo de sevicias, abusos y crueldades -sobradamente documentados- que inundan la pantalla. Las notas finales que cierran la película informan del contexto que posibilitó la materialización de una brutalidad inimaginable en el siglo XXI, comenzando por la inexistencia del delito de tortura en el código penal italiano. Fueron escasísimas las condenas por malos tratos a los agentes perpretradores de las monstruosidades que el film nos expone, y, hasta producirse éstas, ni uno solo de los acusados fue apartado de su cargo. A los jóvenes extranjeros detenidos se les expulsó del país con antecedentes. Por dos veces el gobierno italiano ha impedido la creación de una comisión de investigación sobre los sucesos. Eso sí, Italia sigue siendo considerada una democracia ... por quienes no se preguntan el significado de esa palabra. El poder político, sencillamente, dio su permiso y su amparo a una jauría de psicóptatas para que desahogaran su frustración sobre víctimas indefensas.

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