jueves, 21 de febrero de 2013

TAMBIÉN JOSÉ BLANCO APARECE EN LOS PAPELES DE TORRES


Al final todos los caminos conducen a Roma y el "boomerang" que uno lanza para distraer la atención le acaba impactando en toda la cepa de la oreja. 

Me explico: mis fuentes (¡como me gusta usar esta expresión!) de Defensa me aseguran que quien puso en marcha el "caso Urdangarín" fue ¡Tachaaán!! José "Pepiño" Blanco, un tipo no tan inmaculado como su apellido podría sugerir, y que lanzó un mensaje hacia bien arriba -hacia lo más alto, vaya- para que quedase claro que si el "caso Dorribo" -su afición a parar en las gasolineras no para alivios fisiológicos o para repostar, sino para obtener otra clase de "líquido" a cambio de favores empresariales- le iba a costar la carrera política, y quien sabe si alguna otra penitencia en penitenciaría, él iba a tirar de la manta de las muchas cochinadas que conocía, y que salpicaban a las más altas instituciones. En cualquier caso, ante el calibre de los chanchullos permitidos -y probablemente alentados- al yerno y la hija del Rey, lo suyo iba a parecer no una culpable corruptela, sino una disculpable travesura.

Pues es ahora Pepiño, el portavoz del gobierno con peor dicción que ha habido (podría protagonizar la versión plebeya de "El discurso del rey"), quien sale, y no muy bien parado, en uno de los 147 correos entregados por Diego Torres a la fiscalía del caso Noós. Según publicó el lunes el diario "El País", en un correo enviado por Antonio Ballabriga, ex-directivo de Noós y alto cargo del BBVA, se informa de que Blanco, ex-ministro de Fomento y diputado del PSOE, habló con el socialista Juan Ignasi Pla, entonces jefe de la oposición en Valencia, para desactivar las incómodas preguntas parlamentarias que empezaban a cuestionar los convenios millonarios de la Generalitat en relación con el "Valencia Summit". El "apagafuegos" (Blanco) habría facilitado una información meramente personal a la diputada socialista que solicitó una aclaración parlamentaria, suponemos que con la expresa indicación de que fuera discreta y no siguiera incomodando al gobierno de la Generalitat cuestionando la pertinencia de entregar alegremente unos milloncejos de nada a tan regios destinatarios.

La pescadilla que se muerde la cola: el tipo que, presumiblemente destapó la olla, fue el encargado cinco años antes de tapar el asunto, cuando todos se forraban al infamante grito de "Honrado el último".

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