martes, 5 de febrero de 2013

LA INVESTIGACIÓN CLÍNICA CONDUCE A CONCLUSIONES FALSAS EN LA INMENSA MAYORÍA DE LOS CASOS


El tomar vitamina E para reducir el riesgo de dolencias del corazón o ingerir una aspirina al día para controlar la presión sanguínea son dos consejos que se han podido escuchar en consultas médicas. Ambas recomendaciones estaban sustentadas por estudios científicos que aparecieron en revistas científicas de prestigio y que eran considerados de referencia por muchos investigadores.

Sin embargo, estudios posteriores más amplios mostraron que estos tratamientos no eran efectivos. La medicina moderna apoyada en la ciencia ha demostrado su capacidad para curar enfermedades frente a las que las medicinas tradicionales, algunas milenarias, se habían mostrado impotentes. Pero también ha tenido que reconocer las limitaciones que muestran todos los frutos del intelecto humano cuando se les pone a prueba frente a la realidad y no se les protege con el velo de la magia.

En un artículo reciente, el investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad de Standford John Ioannidis calculaba que “la prevalencia de las falacias sin rebatir pueden representar hasta un 95% (si no más) de los hallazgos significativos en algunas áreas de la investigación en psicología”. Ioannidis creció en Atenas y mantiene un discurso digno de los filósofos griegos de la Antigüedad. “La ciencia trata de acercarse a la verdad lo más posible y no de obtener resultados espectaculares pero erróneos”, afirma en su artículo en el que pide que se dé a la búsqueda de la verdad la máxima prioridad.

Su trabajo es un aldabonazo más en la conciencia de los científicos desde que en 2005 publicó un estudio en el afirmaba que hasta el 90% de los estudios utilizados por los médicos para orientar sus diagnósticos eran defectuosos. Desde entonces, una mayoría de los científicos, en lugar de mostrarse ofendidos por las advertencias de Ioannidis, han acogido con interés sus trabajos y lo han convertido en uno de los investigadores más citados de su área.

En ese trabajo explica que, debido a la propia forma de plantear los estudios y diseñarlos, con muestras demasiado pequeñas para probar la efectividad de un tratamiento y una gran cantidad de sesgos agudizados por factores como las posibilidades de obtener financiación o ser publicados en revistas de mayor prestigio, la ciencia está abandonando la búsqueda de la verdad por la producción de resultados espectaculares, financiables, publicables, pero muy poco útiles.

(Fuente: http://www.theclinic.cl/)

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