martes, 29 de enero de 2013

VIVIMOS EN LA ERA DEL TECNOFASCISMO


La definición del fascismo como la situación en que corporaciones o empresas privadas controlan al gobierno es obra de un experto en la materia (Benito Mussolini). Ahora bien, es la definición EXACTA de lo que estamos viviendo en el primer mundo. En palabras de Alexander Backmann, nos encontramos ante "un tecnofascismo post industrial de carácter feudal donde un linaje plutocrático se perpetúa en el poder mientras la clase media es aniquilada para siempre, dejando solo a los de arriba controlando a los de abajo".

Se trata, sencillamente, de una forma de neo-feudalismo en que la casta dirigente se ha convertido en un estamento blindado que dirige las vidas de los ciudadanos de forma sibilina pero absoluta: los mecanismos de control crean la ilusión de una autonomía vital que no es tal, sino un mero espejismo.

La educación, la publicidad, los medios de comunicación, la ingeniería social y una represión discreta, selectiva y absolutamente quirúrgica (salvo en los esporádicos estallidos de descontento social) mantienen a los neo-súbditos anulados, desconectados y entretenidos en trivialidades inofensivas, que son programadas desde arriba para consumir sus energías y distraerlos de lo que verdaderamente debería importarles si fuesen todavía capaces de establecer racionalmente sus prioridades.

Una legislación increíblemente minuciosa, que no deja el menor resquicio a la espontaneidad, provee al poder de un variado abanico de mecanismos de coacción aplicables al disidente.

Tal meticulosidad legislativa parecería distintiva de los regímenes totalitarios, pero se da justamente en países teóricamente democráticos (España e Italia son las naciones con un mayor número de leyes, normas, reglamentos y decretos), asfixiando la posibilidad de actuar creativamente. Todo está previsto, todo está regulado. Lo más fácil es transgredir una ley inadvertidamente, dado que su ignorancia no exime de la culpabilidad por principio.

La teórica presunción de inocencia es vulnerada en la práctica de forma legal. Medidas preventivas que rompen una vida se aplican sin sentencia de culpabilidad en firme (en España la prisión preventiva puede durar hasta cuatro años). La diseñada guerra de sexos crea culpabilidades genéricas para el varón e impunidad absoluta para la mujer. Alguna puede presumir -y lo hace- de haber enviado a prisión a tres sucesivos novios.

Como en la Alemania del otro lado del telón de acero, se cuenta con que los particulares ejerzan funciones policiales. Va uno al cine y un mensaje en pantalla le pide "que permanezca atento e informe a los responsables de la sala" de si alguien pudiera estar grabando la película (a eso voy yo al cine, no te fastidia). Cámaras de vigilancia -inoperantes cuando se producen auto-atentados al servicio de los intereses de la élite globalista- inundan las calles, los comercios y quién sabe si las casas (algún día podríamos hablar de la TDT y sus posibilidades). Se graban las comunicaciones, se revisan los e-Mails, se archiva todo lo que un dia podrá ser usado contra el ciudadano. Es una pesadilla orwelliana hecha realidad. No hay libertad, no hay igualdad. La sospecha, la desconfianza y la prevención presiden la relación con nuestros semejantes.

... y a esto se le llama "mundo libre".

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