lunes, 3 de diciembre de 2012

"MADRID ARENA": 5 VÍCTIMAS YA Y AQUÍ NADIE ASUME NINGUNA RESPONSABILIDAD


Por desgracia, para la gran mayoría el nivel de podredumbre de nuestra sociedad solo es visible cuando causa unas muertes absurdas y evitables que ponen la rúbrica a una imagen nada complaciente del mundo que hemos construido. Estamos tan anestesiados que solo reaccionamos ante la pérdida de vidas.

El caso del Madrid Arena no solo es sintomático de la irresponsabilidad absoluta de quienes conceden licencias por amiguismo (algo que una vez puesto en conocimiento de la opinión pública debería haber conllevado la dimisión de la patética alcaldesa de Madrid, esa oportunista cuyo único mérito para el cargo es el ser la señora de José Mª Aznar), sino de cómo la juventud del país, infraeducada, desilusionada y domesticada, es considerada por el poder político-económico como mera consumidora, carne de discoteca y de estadística del paro, rebaño fácil al que se le ningunea todo respeto.

Cuando la noticia de la avalancha en la fiesta de Halloween que ha matado a cinco chicas saltó a los telediarios, recuerdo que le comenté a mi conmocionada madre: "Otra razón más para defender el botellón: que se hace en casa o en un espacio abierto, y no en esos establos con licencia municipal". Su réplica vino por la vía de la -como es costumbre, falsa- "versión oficial": "Pero si la avalancha la provocó una masa que venía de hacer botellón". Esa es la justificación tras de la que, con toda desvergüenza, se parapetó el "responsable" del local.

Curiosamente, ni una sola de las cámaras de vigilancia del interior del mismo, ni de los aledaños, grabó ese asalto medieval solo atestiguado por su declaración. Lo que grabaron, en cambio, es algo infinitamente más indignante: el pasillo de salida de la pista más cercano al punto en que se produjo la avalancha fue bloqueado por varios porteros del local, que, como perros rabiosos conteniendo al rebaño, impidieron, incluso con violencia, que varios jóvenes lo usasen para escapar de la aglomeración mortal. Ese proceder sólo puede ser calificado penalmente como imprudencia homicida, y por ella deberían ser encausados ellos y -si ésta se produjo- quien les ordenó tal actuación, así como los "espabilados" que decidieron superar en un 58 % el aforo máximo permitido. "El negocio es el negocio" pensarían. La seguridad de los clientes no importa, a los mercaderes sólo les interesa la recaudación.

Y en esta nación de pacotilla, ¿quién asume responsabilidades? No lo hace el gobernador del Banco de España cuando la institución dejó de velar por el cumplimiento de las reglas del juego económico. Tampoco el anterior presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, quien pretende diluir lo nefasto de su gestión en que "todo era así", y aprovecha para quejarse, en sede parlamentaria, de lo "incómodo" que era su BMW blindado de más de medio millón de euros. Ana Botella, apoteosis del cinismo político, solo ha comparecido ante la prensa con la condición de que ésta escuche su monólogo sin derecho a hacer preguntas. No digamos ya su impresentable marido, que nunca se disculpó por colarnos la mentira de las armas de destrucción masiva de Irak que justificaron el genocidio perpetrado por la OTAN, respecto al cual su señora, cuando aún aceptaba preguntas, declaró sentirse inocente y en paz.

Éste es el país de la irresponsabilidad. En Japón sus homólogos se hubieran hecho el "hara-kiri". Aquí les espera una pensión multimillonaria. Así que el tal Flores, amigo del vicealcalde de Madrid  y acreditado carroñero (no logró reabrir la tristemente famosa discoteca Alcalá 20 –donde perecieron 82 personas el 17 de diciembre de 1983– porque el entonces concejal de Centro, Luis Asúa, se ganó el sueldo negándole la licencia de funcionamiento por no cumplir las preceptivas medidas de seguridad) solo tiene que preocuparse de los remordimientos ... si es que la gente de su calaña tiene conciencia.

Como ya no es posible confiar en la justicia solo le deseo inacabables noches de pesadillas, pobladas por los reproches de cinco preciosas jóvenes a las que su avaricia privó del derecho a envejecer.

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