lunes, 24 de diciembre de 2012

EL REACTOR NUCLEAR DEL BANCO DE ESPAÑA EXPLOTA (1ª parte)


La metáfora con que el autor del blog ATAQUE AL PODER titula este artículo no puede ser más certera: ante nuestros ojos ha estallado un Fukushima que nadie ha querido evitar y que se ha llevado por delante eso que llamábamos "estado del Bienestar", dejándonos, eso sí, su factura. Ahora toca decidir si vamos a pagar lo que no hemos consumido o si vamos a aceptar con bovina mansedumbre esta estafa que llaman "crisis".

La oligarquía financiera ha hundido el país, ha conseguido imponer la destrucción del Estado al endosarle la deuda bancaria en la mayor socialización de pérdidas de toda la historia. Este sindicato del crimen no hubiera conquistado su objetivo sin la colaboración inestimable de sus lacayos: los políticos que en una cofradía de sinvergüenzas se reparten el poder. Los ciudadanos se quedan indefensos frente a esta agresión que no tiene nombre, nos sale más a cuenta romper la baraja que continuar la partida con estos tahúres, con las cartas marcadas, antes que nos desplumen totalmente. Pocos saben lo que nos espera para el próximo año, que lo tenemos a la vuelta de la esquina, el deterioro será espectacular y se tardarán años y años en recomponer la situación. La insumisión es lo único que nos queda, el rechazo a las decisiones impuestas pataleando por separado, cada uno a lo suyo, no sirve de nada. La solución, si es que la hay, está en la convicción de hacernos oír, todos a una, y que en Europa se enteren, de una vez por todas, que los ciudadanos de este país hemos sido engañados por nuestros políticos y por los rateros del poder económico. Han endeudando las arcas públicas hasta la estratósfera con deuda odiosa. Han de saber, alto y claro, que no estamos dispuestos a pagar una deuda que no nos corresponde. Existe evidencia documental, expuesta en No quieren que hable (post de este mismo mes) que los inspectores del Banco de España advirtieron en 2005 y 2006 de la explosión que se iba a producir en las finanzas españolas por la concentración de préstamos y créditos inmobiliarios en los bancos y sobre todo en las cajas de ahorros embutidas de políticos que habían utilizado el cargo para forrarse en negocios del tocho. La media del sector bancario con riesgo en ladrillo era del 60% de sus créditos, la Caja de Ahorros del Mediterráneo CAM llegó al 90%. Así le fue.

Estos truhanes han hundido el país con la pasividad de una población sumisa que es engañada por unos medios de comunicación en manos del poder económico, lo curioso de la mentira proclamada es que es difundida por aquellos mismos que son de los primeros en conocer el camino de la puerta y la precariedad del desempleo: los periodistas. Estos personajes por mantener su culo en la redacción han tragado carros y carretas y su fuerza de conjunto, aunque fuera a través de los colegios de periodistas, se ha diluido en nada. Si un día se pasan cuentas en este país, a los periodistas se les tendrá que preguntar por su actuación colectiva. De momento, agua pasada no mueve molino, será la ciudadanía la que se tendrá que recomponer, en esta situación descontrolada, con el agravante de la inacción que sólo ha hecho que agravar la situación. Son los medios de comunicación, si están al servicio de la población, los que deben de informar de las astracanadas de quienes gobiernan: en estos principios se basa la democracia, si esto falla la democracia es de cartón piedra, un decorado de un mundo fantástico donde la justicia es para aquellos que ostentan el poder. No me voy a dejar llevar por la palabrería que todo el mundo, a estas alturas de la película, ya sabe quien son los malos, quisiera ir al núcleo de la cuestión contestando a la pregunta ¿Cómo es posible que nuestros representantes en el Congreso de los Diputados envíen el país a hacer puñetas para salvar a los bancos? Se podría preguntar de otra manera ¿Qué clase de democracia es esta que quienes no han sido votados imponen sus condiciones contrarias a la subsistencia de la población? Hasta ahora se creía que en el Parlamento residía la soberanía nacional. Como jarro de agua fría resultó que la soberanía se había ido de vacaciones sin saber si algún día va a volver.

Me gustaría saber y poder explicarlo sin la dosis de Apocalipsis que conlleva. Esta tropa, que circula en la misma limusina, se percató que todas las consignas y postulados con los que se reconfortaban unos a otros mientras se forraban, tales como “la vivienda nunca va a bajar de precio” no era verdad. Cuando se empezaron a presentar criticas en la prensa escrita internacional como las del New York Times anunciando que el batacazo inmobiliario español era ineludible, o también cuando se encontraron encima de la mesa los informes del los inspectores del Banco de España, o cuando la revista The Economist advertía del sobre endeudamiento de la banca española, se encontró con los oídos sordos del gobierno de turno que no estaba dispuesto a atajar el volumen de la música ya que con ello se acababa la fiesta. El recalentamiento continuó hasta que el reactor nuclear de las finanzas españolas explotó: las cajas de ahorros, donde los políticos estaban cómodamente instalados chupando la sabia de estas instituciones hasta llevarlas a la quiebra, representaban el 50% del sistema y el otro 50%, los bancos sino están ahora en quiebra están en agobiante suspensión de pagos. Unos y otros se endeudaban en los mercados extranjeros de capital a uno, dos o tres años y constituían préstamos hipotecarios a 20 o 30 años sino más. Esperaban, inocentemente, en un clásico de los rollos patateros que se habían dotado: “el aterrizaje suave” con lo que esperaban controlar la situación. No fue así, y perdieron el control en un “aterrizaje en picado” que no es aterrizaje ni es nada. Resultado: ¡Se estrellaron contra el suelo! A estos personajes no les importa que el destino les lleve al hundimiento bajo aguas profundas o a estamparse contra el duro suelo como los personajes de los dibujos animados que por dura que sea la caída se recomponen al momento.

(Tomado de: http://ataquealpoder.wordpress.com/)

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