lunes, 19 de noviembre de 2012

NO HAY NOBEL DE LA PAZ PARA MALALA, QUE NUNCA EMPUÑÓ ARMAS


Mientras la Europa del simulacro que ha sustituido el "estado del bienestar" por el "estado del bienparecer" se festeja narcisistamente a sí misma con un Premio Nobel de la Paz que lleva el significado de la palabra "hipocresía" a cotas que parecían insuperables tras la concesión "crediticia" del mismo al presidente Obama en 2009 (una iniciativa que, posiblemente, constituya el máximo ejemplo de "discriminación positiva"), obviando la participación de los ejércitos europeos -España incluida- en conflictos tan brutales como la guerra del Golfo o las campañas de Libia y Siria, una niña pakistaní que representa -a costa de su integridad y quizá de su supervivencia, al menos emocional y psicológica- el deseo de superar una marginación ancestral a base de estudio y aprendizaje es tan ignorada por la Academia sueca (por algo la sabiduría popular habla de "hacerse el sueco") como las complicidades -activas y/o pasivas- europeas en el desangramiento de sus antiguos feudos coloniales.

Malala Yousafzai lleva años plantando cara a la barbarie talibán, algo que le ha costado a su escuela, en el valle de Swat, el ser repetidamente tiroteada por los energúmenos que quieren llevar a su país de vuelta al medievo, y a ella el haber sufrido el destrozo de su maxilar por una bala que la entró por encima del ojo en un intento de acallar su valiente voz. Un disparo cobarde y asesino contra la cabeza lúcida e inteligente de un ser humano que no acepta que su doble condición de menor y de mujer signifique una condena a la sumisión. Actualmente se encuentra en tratamiento en el Reino Unido, donde los médicos luchan por su completo restablecimiento.

Como homenaje a esta valiente Scherezade de nuestro tiempo, herida por el fanatismo de Oriente y la ignorancia de Occidente, enlazo el documental que el New York Times le dedicó en 2009 y que, a pesar de no hallarse traducido al castellano, deja en sus imágenes testimonio del valor de quien no necesita más armas que su afán de saber para enfrentarse al odio, al fanatismo y a la ignorancia.

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