viernes, 16 de noviembre de 2012

KURT SONNENFELD, EL TESTIGO INCÓMODO DEL 11-S (2ª parte)


Viudo y sin dinero, Sonnenfeld siguió el consejo de unos amigos que le prestaron una casa en San Bernardo y fue junto al preciado material a la Argentina a decidir qué iba a ser con su vida. Allá conoció a Paula, una abogada con la que se casó y tuvo dos hijas mellizas, Scarlett y Natasha. Todo parecía indicar que la pesadilla había quedado atrás. Kurt trataba de ganarse la vida filmando videos deportivos para productoras independientes. Pero fue apenas un espejismo. Según Sonnenfeld, “se hizo en Estados Unidos una audiencia secreta y se decidió pedir mi extradición, diciendo que después de más de dos años, habían repentinamente encontrado nueva evidencia. ¿Y cuál era esa nueva evidencia? El testimonio de dos convictos que, a cambio de una reducción en sus sentencias, declararon que yo les confesé que mi esposa no se suicidó. Ignorando entonces mi absolución y toda la evidencia del suicidio; reinventaron el caso y fabricaron esta supuesta nueva evidencia”, explica.

Terminó preso nuevamente, esta vez en la cárcel de Devoto, hasta que primero el juez Daniel Rafecas y luego la Corte Suprema denegaron su extradición. A la espera de que le reconozcan como refugiado político, acaba de publicar el libro El Perseguido, donde además de relatar detalladamente su drama personal, muestra cómo fue cambiando su enfoque sobre el atentado a las torres y si bien no abona a las teorías conspirativas, afirma que el gobierno de Bush estaba al tanto del plan y no hizo nada para evitarlo ya que de él podía sacar provecho.
 
A medida que comencé a recorrer la zona fui descubriendo cosas que me llamaron mucho la atención. Por ejemplo, las cajas negras de los dos aviones nunca aparecieron porque según las autoridades se destruyeron como producto de las explosiones. Sin embargo, yo registré con la cámara asientos y ruedas del avión casi intactas pese a que son materiales muchos más inflamables que una caja negra. Otra cuestión también muy extraña fue lo que pasó con el Edificio 7 que hizo implosión nueve horas después de que uno de los aviones se estrellara con la Torre Norte. Tardó sólo 6,5 segundos en desmoronarse mientras que los edificios que estaban a su alrededor quedaron en pie y relativamente ilesos. La explicación que se dio desde FEMA fue que la implosión fue producto de los pequeños focos que se generaron en algunos pisos. Sin embargo, se trataba de un rascacielos con una sólida estructura de hierro y con protección antiincendio. Casualmente, o no tanto, luego del atentado se supo que en ese edificio se encontraba la estación clandestina más grande de la CIA, fuera de Washington, que se encargaba de espiar a los diplomáticos de las Naciones Unidas” relata el documentalista.
 
El gobierno de Bush tenía muchas ganas y necesidad de que hubiera una guerra y con los atentados a las Torres encontraron el argumento perfecto. Con el atentado se beneficiaron las grandes compañías de armamento. El presupuesto de Defensa llegó al trillón de dólares y pasó a ser el más importante de Estados Unidos. Gran parte de ese presupuesto figuraba como gastos reservados con lo cual el gobierno no tenía que rendirle cuentas a nadie. Fue la mejor manera para sacar trillones de dólares y distribuirlo entre gente que tiene dinero y poder. Los hijos de los pobres son los que van al frente en la guerra, mientras que los hijos de los ricos están en Washington D.C. siguiendo el mismo camino de sus padres. Es como la familia Bush, que sus miembros siempre están involucrados en política pero también en grandes empresas de petróleo y armamento“.



(Fuente: http://www.expresionbinaria.com/la-verdad-de-kurt-sonnenfeld-sobre-el-11-de-septiembre/)

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