jueves, 15 de noviembre de 2012

KURT SONNENFELD, EL TESTIGO INCÓMODO DEL 11-S (1ª parte)


Kurt Sonnenfeld es el documentalista contratado por el gobierno norteamericano para descender al Ground Zero de las Torres Gemelas y registrar las escenas del lugar tras el atentado del 11 de septiembre de 2001. Un año después fue encarcelado por el supuesto asesinato de su esposa, del que terminó absuelto, denunció que sufrió torturas y apremios ilegales mientras estuvo preso.

El 11 de Septiembre de 2001 es una bisagra para la historia de los Estados Unidos de América. Ese día, las mundialmente conocidas Torres Gemelas fueron derribadas por dos aviones que se estrellaron premeditada y coordinadamente por la conducción de dos suicidas que respondían -según el gobierno del mencionado Bush- a organizaciones terroristas identificadas con Al Qaeda.
 
Cuando todo se había derrumbado comenzaron otras tareas (aparte del salvamento y la asistencia de las personas que permanecían en las torres), y como es de suponer todas las evidencias debían ser agrupadas para proceder al inicio de una investigación oficial.

En ese marco, el gobierno estadounidense dispuso que un documentalista y fotógrafo trabajara en la zona donde estaban las Torres Gemelas para retratar y recabar todos los datos que sirvieran a los investigadores. Ese hombre se llama Kurt Sonnenfeld y vive en Argentina en condición de refugiado.
 
Por ese entonces, se desempeñaba como camarógrafo de la agencia gubernamental “Federal Emergency Management Agency” (FEMA) cuya finalidad es filmar antes que nadie las catástrofes que suceden en territorio estadounidense y, luego de analizar el material, distribuir a los medios de comunicación aquellas imágenes que crea conveniente.
 
He sido documentalista del gobierno de Estados Unidos en situaciones críticas y de catástrofe. He realizado trabajos de carácter confidencial y secreto en diferentes instalaciones científicas o militares relacionadas con el almacenamiento, desarrollo y transporte de armas nucleares, biológicas y químicas”, dice Sonnenfeld a modo de presentación.
 
Luego, cuenta que “cuando sucede el terrible atentado del 11 de Septiembre, el gobierno norteamericano, cierra toda el área alrededor del World Trade Center, todo el bajo Manhattan y se prohíbe el ingreso de todo tipo de cámaras. Solo a dos personas en el mundo se les concedió acceso para documentar lo que había sucedido. Yo fui una de esas personas, con acceso total y absoluto, a lo que fuera allí un importante centro dedicado al comercio y oficinas gubernamentales, incluyendo la mas grande estación clandestina de la CIA fuera de Washington DC”.
 
Yo debía documentar con mi cámara diariamente por horas y horas, y luego bajo estrictos parámetros que me fueron dados, liberar a las cadenas noticiosas mundiales, quince o veinte minutos de imágenes”, dice el profesional.
 
Según Sonnenfeld, Nueva York era un caos y no había una dirección estable donde dejar el material por lo tanto lo más conveniente era conservarlo en su casa, editarlo y luego entregarlo a la agencia, “debía entregar todas estas horas de filmación para las investigaciones que se suponía se llevarían a cabo. Pase así, cinco semanas en cumplimiento del deber en el World Trade Center, pero debido a la trágica cadena de eventos que se sucedieron, nunca entregué los tapes”.
 
En enero de 2002, su esposa Nancy se suicidó. “Ya lo había intentado antes debido a su cuadro depresivo. Lamentablemente provenía de una familia signada por los suicidios. Las autoridades llevaron a cabo la investigación formal y pertinente que determinó mi inocencia. Toda la evidencia, inclusive una nota de suicidio de su puño y letra, irrefutable evidencia forense y las declaraciones bajo juramento de policías y testigos en la corte, probaron el suicidio”, agrega el documentalista.

A pesar de que las pruebas eran lo suficientemente contundentes para caratular el caso como un suicidio, la justicia acusó a Sonnenfeld de haberla asesinado a partir del informe policial. En la cárcel, el ex agente afirma que fue torturado y privado de todos sus derechos.

Finalmente, la propia fiscalía desechó los cargos en su contra pero entre la decisión de la justicia y la recuperación definitiva de su libertad, pasaron seis meses en los que Kurt fue alojado en una de las cárceles destinadas a los presos más peligrosos del país, donde afirma que también soportó todo tipo de maltratos. Mientras tanto, miembros de la seguridad norteamericana ingresaron en  sin ninguna orden judicial con el infructuoso objetivo de hacerse del material registrado en el World Trade Center.



(Fuente: http: //www.expresionbinaria.com/)

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