domingo, 21 de octubre de 2012

TITULAR DE PRENSA: "EL SUMINISTRADOR DE PERDICES DEL REY, DETENIDO EN LA OPERACIÓN EMPERADOR"


A veces no es que la realidad imite al arte. A veces es que parece que el libreto de lo que sucede lo escribe un gionista guasón, imaginativo y con un sentido del humor a medio camino entre los hermanos Marx y Wes Anderson. El titular con que la prensa online recoge la última detención en relación con la trama china de extorsión es de un absurdo sublime: EL SUMINISTRADOR DE PERDICES DEL REY, DETENIDO EN LA "OPERACIÓN EMPERADOR". O sea, que el nombre de la operación ya dice que la realeza había de salir por algún lado. Luego leemos que el detenido, Patxi Garmendia, es conocido como "El emperador de las perdices rojas", perdices que el rey caza habitualmente (que sean rojas no parece el motivo, Su Majestad dispara a toda clase de bichos como es bien sabido), y que los cuentos infantiles hacen suponer que comerá alguna vez (por aquello de "... y comieron perdices"), tesis que la lógica descarta, dado que si el rey se comiera todo lo que mata, podría haber incurrido en canibalismo (recordemos que una de sus más tempranas piezas fue su propio hermano, Alfonso).

Todo este caso parece basarse en un manifiesto racismo, dado que indicios de blanqueo de capitales y falsedad documental mucho más sólidos que los que han llevado a la redada de chinos pesan como una losa sobre la infanta Cristina de Borbón, cuyo marido es aspirante al campeonato olímpico del trinque a cuatro manos, circunstancia que su enamorada esposa parecía ignorar, cegada de amor como está (y no de las sustancias que llevaron a su ex-cuñado, otro enamorado de las armas, al ictus cerebral).

Como reflexión final se me ocurre aportar una idea que llevo acariciando con benedictina paciencia hace tiempo y que responde a la tópica pregunta que se hace el personal: "¿Para qué sirve en realidad la monarquía?". Es obvio: para proporcionarnos inagotables motivos de risa.

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