viernes, 28 de septiembre de 2012

LOS SECRETOS DE JUAN PABLO II (3ª parte)


Washington, el Opus Dei  y el Papa "anticomunista"

Eliminado (por "muerte súbita") el Papa Luciani, y con la promoción del polaco Wojtyla al trono de Pedro se favoreció, "casualmente",  la salida que buscaban el Opus Dei y otros movimientos integristas vinculados a la mafia italo-norteamericana para seguir  expandiendo su control sobre el cuerpo corrupto de la plana mayor del Vaticano.

Cuatro años después, el Opus Dei y sus socios de la ultraderecha clerical vieron disiparse el último nubarrón con la desaparición de Giovanni Bennelli , el último opositor a la influencia creciente de la organización de Escrivá con sus redes mafiosas extendidas hasta Washington.

Tras la muerte de Luciani, Juan Pablo II alcanza la jefatura del Vaticano en el año 1978, en pleno desarrollo de la Guerra Fría por áreas de influencia entre Washington y Moscú.

El perfil "anticomunista" de Wojtyla, su apostolado "anti-rojo" en Polonia, calzaba a la medida de los intereses de Washington y de las mafias financieras y de las drogas que hacían sus negocios con los gobiernos ultraderechistas embarcados en la "guerra contra el comunismo", tanto en América Latina como en el resto de los llamados países del Tercer Mundo.

Con la muerte de Luciani, el polaco Juan Pablo II, el "Papa del Opus Dei",  ya tenía el paso libre para acometer su involución doctrinal y perseguir los dos principales objetivos políticos trazados: impartir la extremaunción a los regímenes de Europa del Este y bendecir a los militares golpistas y represores que perseguían a los Teólogos de la Liberación en América latina.

En esa persecución feroz fueron asesinados, entre otros,  monseñor Oscar Romero (1980) e Ignacio Ellacuría (1989), éste junto a otros cinco jesuítas de la UCA y dos mujeres,quienes fueron masacrados por los escuadrones de la muerte con complicidad del ejército salvadoreño.

Juan Pablo II, nunca escuchó a Monseñor Romero en sus súplicas para que intercediera ante sus verdugos.
Curiosamente, Juan Pablo II había despedido a Monseñor Romero, unos meses antes de su muerte, después de una audiencia en torno a las violaciones de los derechos humanos con un “no me traiga muchas hojas que no tengo tiempo para leerlas... Y además, procure ir de acuerdo con el gobierno”.

Como relata López Sáez en su libro, Monseñor Romero salió llorando de la audiencia papal, mientras comentaba “el Papa no me ha entendido, no puede entender, porque El Salvador no es Polonia”.

La conexión entre el Vaticano, EEUU y la mafia italo-norteamericana con el Papa Juan Pablo II, fue favorecida por la obsesión que atenazó a Wojtyla desde mucho antes de su llegada al poder: acabar con el comunismo "ateo", el sistema en el que había vivido y que todavía seguía vigente en su patria polaca.

La "santa alianza" del Vaticano con Washington y la CIA -impulsada por los lobbystas del Opus Deei en la Casa Blanca- ayudó a inclinar la victoria del capitalismo sobre la URSS.

Juan Pablo II fue el cruzado de la guerra contra el "ateismo rojo" en los países bajo la órbita soviética y su prédica contribuyó a legitimar "espiritualmente" la invasión capitalista a las regiones comunistas de la ex URSS.

Presionando por la comunidad católica "progresista", el Papa Juan Pablo II había criticado  la estrategia armamentista y la beligerante política exterior de Reagan, en un evidente intento por conformar a los sectores renovadores del Vaticano.

Cuenta el ex subdirector de la CIA Vernon Walters que el presidente decidió enviarlo como embajador itinerante de Washington  para conseguir el apoyo del Papa al programa armamentista denominado  Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI en su abreviación en inglés) popularmente conocido como  Star Wars o Guerra de las Galáxias, igual que la película de Spielberg.

Hablando del "éxito" de su misión dice Walters: “Esta fue una de las experiencias más extraordinaria de mi vida”. Y agrega: “Me gustaría pensar que esto tuvo algún éxito. El no criticó nuestros programas de defensa y esto era todo lo que queríamos.”

Por otra parte, durante la "santa alianza" de Juan Pablo II con Washington y la CIA, el otro protagonista de la trama vaticana,  el Opus Dei, adquirió un enorme poder en Roma.

Su ascensión se vio coronada en 1992 por la beatificación de Escrivá de Balaguer (el fundador del Opus Dei) por parte de Juan Pablo II -amigo de larga data de la organización- apenas diecisiete años después de su muerte y luego de un proceso expeditivo, donde sólo se tuvieron en cuenta los testimonios positivos.
Sanjuana Martínez, en un artículo referido al libro Opus Dei, la telaraña del Poder, señala que durante el papado de Juan Pablo II hay un beneficiario: el Opus Dei. Su estatus de "diócesis supranacional" institucionalizó su poder y radicalizó la guerra intestina en el Vaticano.

Los ejemplos concretos -señala Martinez- son contados por el grupo Los Discípulos de la Verdad en el libro "A la Sombra del Papa Enfermo. Los escándalos en el pontificado de Juan Pablo II y la lucha por la sucesión", publicado por Ediciones B.

En el capítulo titulado "Los pecados del Papa Wojtyla" el libro hace un recorrido por los escándalos de corrupción, los negocios ilegales y los apoyos del Vaticano a los regímenes dictatoriales de, entre otros, América del Sur.

En el apartado titulado "El obispo 007" detalla las responsabilidades de Juan Pablo II en el escándalo financiero del banco pontificio IOR-Ambrosiano, dirigido por Monseñor Paul Marcinkus, confirmado en su puesto por Wojtyla.

"La quiebra del Banco Ambrosiano fue una colosal estafa que costó a los acreedores y a los contribuyentes italianos 287 millones de dólares y a los fieles de la Iglesia al menos 241 millones de dólares. La estafa fue posible por la objetiva connivencia de la banca papal, y el IOR sólo pudo ser cómplice gracias a la anuencia -implícita o explícita- de Juan Pablo II.

El escándalo del IOR-Ambrosiano costó la vida a Roberto Calvi. Si se trató de un suicidio, "monseñor Marcinkus estuvo entre quienes empujaron a Calvi a su desatinado gesto".

En cualquier caso, "el pontífice polaco no pronunció una sola palabra de cristiana congoja ni de humana piedad por la muerte violenta del banquero católico-masón, que durante tantos años había negociado en nombre y por cuenta de las finanzas vaticanas", señala Martínez en su artículo.

El misterioso poder del Opus Dei, sus tentáculos en las sombras, es, según los expertos, el que impone la agenda dentro del sinuoso mundo de los negocios y del control político sobre el Vaticano en la era de Juan Pablo II.

Su vinculación con la CIA y la mafia italo-norteamericana se intensificó en la era de la administración Reagan-Bush, debido a sus contactos con la curia ultraderechista latinoamericana, principalmente en Chile, Argentina, Paraguay y Centroamérica.

El cardenal Wojtyla era el candidato papal del Opus y en su elección como Papa cumplió un papel determinante el cardenal König, arzobispo de Viena y hombre cercano a la organización.

Siendo obispo de Cracovia, monseñor Karol Wojtyla ya viajaba a Roma invitado por el Opus, que lo alojaba en la bella residencia del viale Bruno-Bozzi N° 73, en un elegante suburbio de Roma.

Además de la categorización de la Obra (Opus Dei) y de la beatificación de Escrivá de Balaguer -dos decisiones que levantaron una ola de críticas en todo el mundo- el Papa Juan Pablo II se rodeó de miembros del Opus, señalados como vinculados a los distintos vasos comunicantes de esta organización con Washington y las redes de la mafia ítalo-norteamericana.

Según diversas investigaciones reflejadas en el libro del sacerdote católico López Sáez, con Juan Pablo II en el poder del Vaticano, se desviarían fondos ilegalmente del IOR, vía Banca Ambrosiana, a la financiación del sindicato polaco Solidaridad con 500 millones de dólares entregados a Lech Wallesa, el equivalente político de Wojtyla en Polonia.

El general Vernon Walters, antes de morir, y refiriéndose a Ronald Reagan, dijo que “fue quizá él quien ayudó al Espíritu Santo en la elección de Wojtyla, y puede que colaborase en la muerte del Papa Luciani”.

Por su parte, Richard Allen, que fue consejero de seguridad del presidente Reagan, afirmó que “la relación de Reagan con el Vaticano fue una de las más grandes alianzas secretas de todos los tiempos”.

En realidad, y como queda expuesto en el  libro del sacerdote López Sáez, el ascenso de Wojtila al trono de Pedro había sido decidido a lo largo de la década de los setenta, en la Casa Blanca y en los círculos del poder económico de EEUU.

López Saez señala que con la ayuda de una profesora universitaria bien "conectada", Wojtyla fue introducido en los círculos próximos al poder de Washington a través del cardenal de Filadelfia, Krol, y del renombrado político Zbigniew Brzezinski (ambos, de ascendencia polaca).

Otras fuentes en el Vaticano señalan que la otra pata decisiva  en la conexión de Juan Pablo II con Washington fue conformada por la relación de su secretario privado, el arzobispo polaco Stanislaw Dziwisz (señalado como el jefe del "grupo polaco" que controlaba a Wojtyla) con el establishment de poder norteamericano "trilateralista" que giraba alrededor de Brzezinski durante la administración Carter a fines de los 70.

Brzezinski, un personaje de los "think tank" norteamericanos, ligado intelectualmente al republicano Henry Kissinger, fue consejero de seguridad del presidente Carter y se comunicaba epistolarmente con Wojtyla en forma regular,  cuando éste ya era el Papa Juan Pablo II.

Gran admirador de Henry Kissinger, Zbigniew Brzezinski preconizaba una teoría para debilitar y acorralar militarmente a la Unión Soviética (tesis que siguió desarrollando tras la caída de la URSS) que sostenía que la mejor manera era la desestabilización de sus regiones fronterizas y la penetración ideológica, principalmente a través de la fe católica postergada desde la instalación del comunismo en las repúblicas soviéticas.

En ese tablero estratégico encajaba perfectamente el ascenso del "anticomunista" Wojtyla a la jefatura del Vaticano que Brzezinski y el republicano Kissinger, en alianza con el Opus Dei y los sectores conservadores de la Iglesia Católica,  operaron en Washington y en los cenáculos del establishment de poder norteamericano.

La figura de Juan Pablo II, por decirlo de alguna manera, "cerraba" los dos propósitos fundamentales de Washington: abrir el camino a la expansión de sus trasnacionales en Europa del Este de la mano de la prédica "anticomunista" de Wojtyla, y apuntalar con el Vaticano a la Doctrina de Seguridad Nacional, sustento motriz de las dictaduras militares latinoamericanas que combatían al peligro "subversivo rojo" en la región.

Con la llegada de Reagan al poder, la conexión entre el Vaticano y la Casa Blanca se haría todavía más estrecha, cuando el ex actor designó entre sus representantes de política exterior a católicos militantes del Opus Dei, en una estrategia para aproximarse al estado mayor que controlaba la política del Vaticano.

El Opus tras la sucesión de Juan Pablo II

Años más tarde de la ascensión del polaco Wojtyla al poder, un miembro del Opus Dei, el español Joaquín Navarro Valls, la cara mediática y el hacedor de la estrategia comunicativa de Juan Pablo II, se convirtió en uno de los nexos principales de la administración de George W. Bush (el hijo del ex presidente, y vice de Reagan, George Bush) con el Papa recientemente fallecido.

Asimismo, Navarro Valls fue clave para que el Vaticano y la curia española mayoritariamente "opudeísta" acogieran como suya, la alianza del ex presidente de España, José María Aznar, con el gobierno de Washington.

En diciembre de1984, Juan Pablo II nombró como nuevo director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede -y como único portavoz papal -al  periodista español  Joaquín Navarro-Valls, miembro numerario del Opus Dei.

Esta designación-señalan los expertos vaticanistas- provocó fuertes resistencias en el interior de la estructura del poder curial, debido a que  la influencia del  Opus Dei sobre Papa Wojtyla se había convertido en vox populi de los pasillos del Vaticano.

El poder de las facciones masónico-mafiosas se veía desbordado por la estrategia del Opus, mediante la cual el "Papa mediático" se dirigía al mundo a través de un portavoz del Opus Dei. En efecto, la Oficina de Prensa de la Santa Sede se transformó enseguida por obra de Navarro- Valls en un gabinete de dirección mediática.

Navarro-Valls se convirtió así en el "hombre de confianza" del Papa, manteniendo una situación de contacto permanente sólo igualada por el histórico secretario privado de Wojtyla, el llamado "jefe del grupo polaco", monseñor Dziwisz.

En los círculos del poder curial se señalaba que el responsable del nombramiento de Navarro-Valls como vocero del Papa había sido monseñor Martínez Somalo, operador político del Opus Dei, contando con la anuencia del secretario Dziwisz.

Según los expertos, la Oficina de Prensa, en manos del Opus Dei, se separó de la entonces Pontificia Comisión para las Comunicaciones Sociales y se convirtió en un departamento autónomo de la Secretaría de Estado, bajo las directas órdenes de Juan Pablo II.

Joaquín Navarro-Valls reestructuró  las estructuras de la Oficina de Prensa, que transformó en un instrumento opusiano dedicado a la proyección de Juan Pablo II y a la  mistificación de las "verdades oficiales" de su apostolado mediático.

El vocero papal del Opus Dei se convirtió en el estratega mediático de Juan Pablo II en el Vaticano, y sobre todo de sus giras por el mundo, cubiertas por el aparato de las grandes cadenas internacionales y con millones de dólares provenientes de los fondos  de la Iglesia Católica.

En un artículo el "vaticanólogo" Giancarlo Zizola afirma que: "Con el favor del Papa Wojtyla, en los últimos tiempos el Opus Dei se ha enriquecido con nuevos campamentos base a partir de los cuales proseguir su escalada hacia más sólidas posiciones de poder".

Expertos del Vaticano, señalan que la presencia del actual Presidente Bush, y los ex presidentes Clinton y Bush padre, en el velatorio de Juan Pablo II, fue una operación urdida por el Opus Dei, contando con Joaquín Navarro Valls como organizador y ejecutor principal.

El objetivo no sería otro que el de avalar -con la presencia del establishment político de Washington- las operaciones secretas que están realizando los miembros del llamado "cuadrilátero vaticano" para imponer un Papa controlado por el Opus Dei en el cónclave de cardenales a realizarse dentro de dos semanas.

El Opus se valió de ese lobby curial, la troyka del "cuadrilátero" (también integrado por monseñor Dziwisz y el "grupo de los polacos" que se convirtieron en custodios del Testamento del Pontífice fallecido)  para controlar la mayoría de la decisiones políticas del Papa Juan Pablo II desde que fuera instalado al frente de la Iglesia Católica en 1978.

Sus operadores más representativos en el cónclave de elección papal son los cardenales Sodano, Herranz, y Ratzinger, quienes se encargarán de que en el Vaticano siga reinando un Papa (de la ideología que sea) potable a las decisiones de la conexión Washington-Opus Dei-mafia financiera ítalo-norteamericana, quien pretende seguir manejando los destinos de la "Santa Sede".

(Fuente: http://iarnoticias.com/secciones_2005/europa/019_conexion_cia_opusdei_mafia_vaticano_08abr05.html)

2 comentarios:

  1. Vaya pajaro Breszinski...

    Por cierto que allende nuestras fronteras ya hablan de la brutalidad de la policia del regimen. Esto marcha.

    Un saludo , amigo.

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  2. Lo que impresiona de esta gente es que en materia de propaganda son unos maestros indiscutibles.

    El artículo es del 2005, pero la previsión final respecto al sucesor de Juan Pablo II se ha cumplido matemáticamente. Lo alucinante es que alguien se crea que las previsiones del Espíritu Santo coincidan con las de la CIA. ¡Todo es política!

    Y sí, nuestras "fuerzas del orden" ya no engañan a nadie, ni dentro ni fuera de nuestras fronteras. Al totalitarismo más tarde o más temprano se le cae la máscara.

    Un saludo, y gracias por comentar.

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