viernes, 28 de septiembre de 2012

EL SINVERGÜENZA QUE PRESIDE EL GOBIERNO DE ESPAÑA FELICITA A LOS SUMISOS



El títere sin gracia -y con la capacidad intelectual de una ameba- que responde al nombre de Mariano Rajoy ha llevado el cinismo de la clase política a inauditas cotas de indignidad al hacer constar en Nueva York su agradecimiento a la mayoría de españoles que no se manifiesta.

"Mi mayor reconocimiento a la mayoría de españoles que no se manifiesta, que no sale en las portadas de prensa y que no abre los telediarios", han sido sus palabras textuales. El sermón de la montaña en versión grotesca: Bienaventurados los sumisos, los resignados, los que o no tienen o no expresan su opinión (significado genuino de la expresión “manifestarse”), porque ellos nos facilitan la inmensa estafa en que les hemos metido. "La mafia político-financiera “Illuminati” les agradece su pasividad, su indignidad y la ejemplar mansedumbre con que se dejan llevar al matadero" le ha faltado añadir.

No se puede ser más ridículo: buen ciudadano es el que calla y obedece con la cabeza gacha, mal ciudadano el que se expresa y exige sus derechos. Este país se parece cada vez más al mundo que profetizó Orwell en "Rebelión en la granja": cerdos gobernando, perros manteniendo el orden y ovejas acríticas asumiendo un trabajo alienante y desesperanzado. Y el supremo marrano (¡qué curioso! Le cambias sólo una letra y sale "Mariano") disparatando con la idea de que quien no hace constar su desagrado le apoya. La indigencia mental del argumento es tan obvia que, extrapolada a cualquier otra "no manifestación" nos lleva al absurdo. Reproduzco el comentario de Francisco, un lector de eldiario.es que denuncia la falacia "rajoyista":

"España, 1997, cuarenta millones de habitantes. ETA asesina al joven concejal de Ermua Miguel Angel Blanco, y se estima que en todo el país se llegan a manifestar cuatro millones de personas para condenar dicho crimen. Por tanto, los restantes treinta y seis millones aceptaron o aplaudieron dicho asesinato. Están bien hechas las cuentas, ¿no, impresentable y patético presidente?".

La alabanza del esperpento con barbas al analfabetismo democrático le retrata de un modo demoledor. Ya no solo consideramos a Marianico "el corto" un mediocre, un mentiroso y un represor. Es, además, un tergiversador y un incapacitado mental.

Señor Rajoy, ¿es usted tonto?


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